Vivos — 18 diciembre, 2018 at 16:46

Pony Bravo – Ochoymedio (Madrid)

“Yo no le temo a los rayos, yo no le temo a los rayos porque tienen luz y brillooo, lo mismo que mi caballooo…” Es difícil quitarse de encima las canciones de Pony Bravo una vez que empiezas a escucharlas. Casi tan complicado como despegarte del sofá cuando sigues colocado, o abrir la boca para decir cualquier estupidez cuando estás muy fumado. Es ese tipo de pesadez, de pegajosidad, la que embadurna los temas del grupo sevillano, que ha pasado de la paranoia de De palmas y cacería (El Rancho, 2013) a la psicodelia más psico-filosófica por lo que parece por el primer adelanto de su nuevo disco, “La sombra de Jung”.

El concierto de la pasada semana en el Ochoymedio fue un buen intento de condensar esa nueva deriva, que recuerda a su primer LP, Si bajo de espaldas no me da miedo (y otras historias) (2007), en una necesidad de tomárselo en serio que De palmas y cacería había abandonado. No en el sentido musical, por supuesto, ya que los sevillanos son garantía de calidad siempre; sino en el contenido lírico, que en los nuevos temas se muestra menos vacilón y contestón y más “serio” o como se quiera decir, aunque la “Inmunidad diplomática” nos devuelva a la verdadera esencia contestataria y protestona de Pony Bravo.

Lo que es cierto es que la mezcla fue arriesgada. Los nuevos temas bajaban al público hasta una psicodelia difícil de apreciar en toda su magnitud sin una ayudita química, mientras que los temas clásicos, que dispararon casi de seguido al comienzo del concierto (“Político neoliberal”, “Noche de Setas”, “Un gramo de fe”dejando “Mi DNI” para los ansiados bises), lo levantaban hasta todo lo estratosférico que se puede esperar en un concierto de Pony Bravo. Aun así, el resultado fue una rave divina. ¡Cómo no!

Texto: Elena Rosillo

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