Vivos — 4 noviembre, 2018 at 14:07

Banditos – Rocksound (Barcelona)

El año pasado, Banditos publicaban su segundo disco para Bloodshot Records, titulado Visionland. El grupo se metió en el estudio tras dos años de carretera presentando su álbum de debut para encarar las diez canciones que formaron la base del concierto que disfrutamos en Rocksound. Una noche en la que pasamospor el honky tonk, el rock sureño, el blues rock, el soul e incluso la psicodelia con este grupo de seis miembros, tres de los cuales se encargan de las voces al más puro estilo de las bandas de raíces de los setenta. De la producción de Visionland se encargaron nada menos que Israel Nash y Ted Young, intentando dotar las canciones de la banda de Birmingham, aunque asentada en Nashville, de un aura especial que los diferenciara de la amalgama de grupos norteamericanos que transitan por la roots music. Un álbum y un grupo alabado por revistas especializadas del calibre de Relix, Paste Magazine o Americana UK. No en vano, esta última los definió como una “excelente variedad de sonidos sureños rebosantes de imaginación, energía y profundidad”.

 

Con esas expectativas se plantaban en la pequeña sala de Poble Nou para que una más que notable media entrada comprobara la razón de tantos parabienes. Y la cosa quedó en terreno de nadie. Ni tanto ni tan calvo, que dicen. El grupo, que quedó claro que no gasta precisamente sus ingresos en estilistas ni en ir “a la moda”, arrancó con ganas de agradar y probablemente puso toda la carne en el asador en unos primeros temas que auguraban una gran noche, para acabarse diluyendo. Es evidente la grandeza vocal de Mary Beth Richardson, protagonista absoluta de la velada con ese vozarrón que Dios o quien sea le ha dado, pero su repertorio, igual que sucede en sus discos, tiene demasiados altibajos como para que a sus conciertos no les pase lo mismo. Destacaron sus versiones del «Midnight Special» que popularizó Creedence Clearwater Revival y de un aplastante «Piece In My Heart» de Janis Joplin, con una Richardson desatada. Del resto, nos quedamos, como apuntaba, con los primeros veinte minutos, y la sensación de que sin esa voz al frente serían simplemente un grupo más de cientos.

 

Eduardo Izquierdo

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