Encuentros — 14 noviembre, 2018 at 9:00

Hot Snakes, una explosión en tu cara

Foto: Xavier Mercadé (2013)

 

¿Puede una banda regresar trece años después de su (amistosa) disolución y entregar su mejor disco? Hot Snakes demuestran con Jericho Sirens (Sub Pop-Popstock!) que sí. Y eso que pocos peros pueden ponérsele a la trilogía que conforman Automatic Midnight (2000), Suicide Invoice (02) y Audit in Progress (04), tensos y flamígeros tratados sobre cómo articular el punk en el nuevo milenio inoculándole el veneno vernáculo del rock’n’roll y cortándole las costuras a guitarrazo limpio para retorcerlo con el desasosiego propio del hardcore. Antes de seguir adelante con este artículo-entrevista, ponemos en conocimiento del lector que esta misma semana podremos revivir la experiencia Snake en dos fechas exclusivas, que forman parte de las fiestas organizadas como celebración del 10º aniversario por la promotora catalana La Castanya. Será el próximo viernes 16 en el Teatro Barceló (Madrid) y el sábado 17 en Sala Apolo (Barcelona). Les acompañarán The Van Pelt, Flasher y White Magic.

Pero para intentar explicar por qué Jericho Sirens es uno de los grandes discos de rock de 2018 hay que viajar mucho más atrás en el tiempo. A 1986 para ser exactos. Ese fue el año en que los caminos de unos adolescentes Rick Froberg y John Reis confluyeron en el Anarchy Picnic de San Diego. Surgió el chispazo y en 0,0 ya habían formado Pitchfork, banda marcada a fuego por la escudería SST (Meat Puppets, Hüsker Dü) que dejó huella en la escena punk local. Más impronta si cabe dejarían con su siguiente proyecto Drive Like Jehu, uno de esos nombres cuya leyenda sobrevive a generaciones y cuya influencia ha sido reconocida por artistas posteriores como At The Drive-In, Modest Mouse, Les Savy Fav –quienes propiciaron su reunión de 2011 en uno de los festivales ATP– o nuestros Nueva Vulcano –que actuaron con ellos en su primera visita a Madrid en 2016, organizada por La Castanya–. .

Como explica Froberg en la entrevista que sigue, quizá el secreto de la longevidad de su relación con Reis y de la vitalidad artística que atestigua Jericho Sirens resida en una visión artística compartida en la que la intensidad de grabaciones y directos ha convivido naturalmente con periodos de distanciamiento creativo, que no personal. Reis pudo alternar sin problemas Hot Snakes con Rocket From The Crypt –qué decir de ellos, ¿no?–, Back Off Cupids y Sultans; Froberg grabó tres discos con Obits –recupéralos– sin perder el contacto con su amigo.

Hablamos con Froberg de este viaje compartido de tres décadas, cuya primera parada nos lleva a Barcelona…

En 2005 Hot Snakes hicisteis vuestra última gira y actuasteis por primera vez Barcelona. Con el tiempo has establecido fuertes vínculos con la capital catalana, llegando a residir periodos de varios meses en ella. ¿A qué se debe ese flechazo?

A mis amigos, sin duda. Paso mucho tiempo en Barcelona porque me gusta estar cerca de los amigos catalanes a los que tanto quiero, como los hermanos Joan, Albert i Roger Guàrdia. A ellos no les conocí en esa primera visita con Hot Snakes sino a través de Obits, mi otra banda, con la que establecimos en Barcelona y la República Checa nuestras bases de operaciones europeas. Su cariño y su entusiasmo es lo que ha motivado que pase temporadas en una ciudad que de alguna manera me recuerda esa calidez familiar de San Diego que echo de menos desde que vivo en Nueva York.

Foto: Xavier Mercadé

Aunque no seas residente fijo tu punto de vista sobre la realidad de aquí trasciende el del turista de paso. ¿Cómo has visto evolucionar la ciudad a lo largo de estos años con cada nueva visita, cada nueva estancia?

Muchos de mis amigos que viven en el barrio de Gràcia se han visto obligados a marcharse de sus pisos porque no pueden asumir el incremento de los alquileres. Sentirse expulsado de tu propia ciudad es algo con lo que los neoyorquinos empatizamos profundamente. Y de igual modo podemos entender lo que sufristeis con el atentado de Las Ramblas, ocurrido mientras estaba en la ciudad. También viví el 1 de octubre y las cargas contra la ciudadanía con una mezcla de rabia y asco; sin querer posicionarme en el conflicto existente, he de decir que compartir ese día con mis amigos catalanes me afectó profundamente.

Mencionabas la añoranza de San Diego que sientes en Nueva York. ¿Cómo fue tu aterrizaje en la Gran Manzana?

Un auténtico shock. El primer trabajo que tuve fue como asistente de producción en publicidad y me metí de lleno en la vorágine de explotación de un sector en el que los rodajes de 24 horas eran bastante habituales. Eso era algo impensable en California, donde la actitud es más relajada o compatible con la vida normal. Tardé casi un año en ajustarme a ese ritmo de vida y en encontrar mi hueco en esa locura. Nueva York siempre ha sido una ciudad muy de derechas, aunque se la pinte como una urbe liberal. Es el hogar de Wall Street, aquí es donde empezó la crisis de 2008 por culpa de aquellos que jugaban con la economía mundial como si fuera un casino global. Así que por una parte es frustrante residir en el epicentro de la gran vergüenza de Estados Unidos, pero es innegable que también es su capital cultural y que tienes a tu alcance, cada día del año, infinidad de opciones con las que sobrellevar todo lo demás.

Hablemos de música, pues. El debut de los Obits, I Blame You, lucía una pegatina con la frase “Extra Comprimido para una Mayor Fatiga del Oyente”. ¿Podrías desarrollar el razonamiento que había detrás de ese divertido aviso y explicar cómo Hot Snakes planteasteis Jericho Sirens en cuanto a cómo debía sonar?

Me refería a que hoy en día la masterización de un disco se enfoca a su posterior escucha como mp3 porque el consumo de música se realiza mayoritariamente en formato de canciones sueltas, no de álbumes completos. Cuando masterizas con ProTools puedes ver las ondas de una grabación, con sus picos y sus valles, sus puntos álgidos y sus silencios. Cuando lanzamos el debut de los Obits estaba de moda comprimirlo todo, hacer un máster plano, algo que se oponía radicalmente a lo que era nuestro sonido, que jugaba precisamente con esos picos y esos espacios en silencio. De ahí esa etiqueta irónica. Pero Hot Snakes es otra cosa, es una gran explosión en tu cara. Hay elementos dinámicos, sí, pero sin los matices presentes en las canciones de los Obits; Hot Snakes vamos a golpearte y arrastrarte a toda velocidad. Aunque no pude estar en las sesiones de masterización estoy contento con el resultado, si escuchas el LP en casa notarás que hay una amplitud de sonido que llena el espacio, no es solo un golpe seco y plano.

Lo noto, sí. Y mi vecina de 93 años diría que también. Háblame de cómo encaraste la disolución de Obits en 2015; ¿pensaste en tomarte un tiempo de descanso, formar otro proyecto o el regreso de Hot Snakes era algo que tenías ya en mente dada la buena respuesta a vuestros conciertos de reunión de 2011?

Cuando Obits lo dejamos, John y yo hacía como un año que habíamos reactivado Drive Like Jehu y ambos habíamos estado hablando de grabar un nuevo disco de Hot Snakes. Pero sacarlo adelante fue un proceso lento, básicamente porque no teníamos sello y debíamos reunir el dinero para financiarlo nosotros mismos, que es lo que finalmente hicimos. Pero no fue una inversión arriesgada porque sabíamos que alguien mostraría interés en editarlo; yo estaba bastante seguro de que si lo llevábamos a Sub Pop ellos nos apoyarían. En esencia lo que quiero decir es que mi visión, nuestra visión de la música no es “ahora estamos en esta banda y debemos hacer esto y luego lo otro”; somos un grupo de amigos que compartimos nuestras vidas y colaboramos en distintos proyectos musicales que van y vienen. Si coges nuestro árbol genealógico-musical verás lo extenso que es y cuantas ramificaciones tiene; hay algo de incestuoso en ello, pero también hace que no se pierda la frescura, que no se vuelva aburrido. Llevo treinta años siendo amigo y haciendo música con John, pero siempre hemos sabido cómo manejar ambas realidades, parando cuando creíamos que algo estaba estancado y recuperándolo muchos años después si nos lo pedía el cuerpo. Es por esto mismo que reunirme con John, Gar, Jason y Mario para grabar el nuevo disco ha sido mucho más fácil de lo que uno podría imaginar si piensa que llevamos 13 años sin vernos porque nuestra última gira fue en 2015.

Sorprende también esta portada que rompe con la línea gráfica de vuestros tres discos anteriores. Aunque la imagen de Gar surcando las olas es impagable, sin duda. ¿Por qué ese cambio y por qué esa foto?

En Hot Snakes todos tenemos nuestra parcela de responsabilidad, aparte de lo que cada uno hace estrictamente como músico. En mi caso, me encargo de la parte gráfica y lo que siempre busco es una imagen potente, con gancho. Cuando descubrí esa foto de Gar tuve claro al instante de que debía ser la portada porque además de lo cool que era sabía que me iba a ser imposible crear una ilustración con la misma fuerza y que transmitiera igual de bien la esencia del disco. Existen otras portadas de discos con gente surfeando, pero no recuerdo ninguna que muestre a uno de los miembros de la banda demostrando sus habilidades sobre una tabla. Y Gar es un tipo único, cada vez que miro la portada y le veo ahí me hace sentir muy feliz, la verdad. Además, tengo una especial fijación por las olas, supongo que tendrá que ver con el hecho de ser de San Diego. El océano es el protagonista de Moody, Standard and Poor, el segundo de los Obits, hay olas también en la portada del segundo de Hot Snakes, Suicide Invoice, y el agua cubre la portada de nuestro directo Thunder Down Under. Tengo otra obsesión con los teléfonos, pero no sé muy bien porqué. Hay algo de misterioso, enigmático en ellos.

Iba a decirte que quizá reflejan un deseo de comunicarte con la gente a través de tu música, pero veo que va más en la línea incómoda del Hombre Misterioso de la peli Carretera Perdida de David Lynch.

Exacto. Ese punto siniestro, sobre todo los móviles actuales. Ese cuadrado negro y todo lo que pasa a través de él.

¡Black Mirror! Hablando de cosas siniestras, en tres canciones del nuevo disco aparece la palabra muerte. ¿Es mera coincidencia, tiene que ver con una mayor conciencia sobre ella conforme cumples años o es que el pesimismo te asola viendo cómo está todo?

La muerte siempre está ahí, pero como dices a medida que vas cumpliendo años vas teniéndola más presente. Porque va apareciendo en tu vida, de lejos o muy de cerca. La muerte y todo lo que la rodea te afecta, no sé si me convierte en alguien más pesimista, pero sí que más consciente de que está ahí y de que no puedo hacer que no la conozco como hace 25 años. Cuando repasé por primera vez todas las canciones del disco vi lo mismo que tú y me dije “¡Vaya!”; pensé por un momento en cambiar alguno de los títulos, pero luego pensé que si habían salido así es que esos tenían que ser.

Al mencionar la muerte la haces más real y, por contraste o en consecuencia, aprecias más la vida.

Absolutamente. Son como el ying y el yang de nuestra existencia, son indisolubles.

“La posibilidad de hacer arte puede ayudarte a tener una vida más sana, a estar más equilibrado”. Es una frase tuya que me gustaría saber si es aplicable a ti, si tu música y tus ilustraciones, te han servido para gestionar mejor los vaivenes de tu vida.

No sé cómo sería mi vida sin expresarme artísticamente porque es lo que he hecho toda mi vida adulta, desde antes de independizarme de mis padres. La creatividad forma parte de quien soy, es mi motor vital; nunca me he planteado trabajar en un banco o una fábrica para tener una ocupación más “normal”. Desde que tuve la capacidad y la libertad para tomar mis propias decisiones y ser consecuente con ellas, la música y el arte se convirtieron en las dos guías por la que ha transcurrido mi vida.

E intuyo que conocer a alguien con quien compartías esa misma necesidad vital fue un momento crucial. Hablo de cuando tu camino y el de John se cruzaron en el Anarchy / Hardcore Picnic celebrado en el Balboa Park de San Diego a finales de los 80.

¡Oh, ese día! Lo bonito de la música, a diferencia del trabajo más solitario de un pintor, es que te permite colaborar con otras personas, aprender de ellas y crear y crecer juntos. Eso es lo que venimos haciendo John y yo desde hace treinta años e incluso cuando no estamos en la misma banda siento que seguimos creciendo juntos.

Texto: Roger Estrada

 

 

 

 

 

 

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