Encuentros — 19 noviembre, 2018 at 10:34

Arqueología en las catacumbas del punk. La historia de ElPaso.

A principios de los 80 el punk se esparcía por cada ciudad americana como un gas venenoso. Las FM locales descargaban otra vez la perfección de tres acordes esculpidos desde la angustia y la rebelión, interferencias de una generación que ya no se tragaba el rock megalítico y egocéntrico que reinaba en un mainstream desbocado y absolutamente alejado del primitivo espíritu rock. Pronto todos los críos entendieron que con muy pocos recursos podían expresar sus anhelos, su rabia y esa intensa energía que hervía en sus hormonas adolescentes. Miles de garajes de América se llenaron de cacharros ruidosos que expelían vómitos sónicos en perfecta harmonía con ese  inconformismo juvenil. Muchísimos de estos grupos no consiguieron salir de aquellos garajes, algunos pudieron editar algo de su material y muy pocos acabaron en las páginas de la historia. EL PASO fue una de esas bandas que casi lo consigue, pero como muchos otros, se quedaron a las puertas, con una eternidad que los abrazó, y un olvido que los escondió en sus pieles. Hace muy poco se ha podido rescatar un álbum que supuestamente tenía que entregarse a SubPop pero que nunca llegó a hacerlo. Rock & Lovets era su título y les podía haber cambiado la vida. Pero algo se rompió en el camino. 30 años más tarde hemos podido recuperar aquellas cintas y escuchar esa maravilla que tronaba desde El Paso, una ciudad que reivindicaba su escena en las carreteras secundarios de esa mapa punk americano que arrasaba con todo lo establecido. Ellos lo llamaban Chicano punk, y para rendir homenaje a este descubrimiento hemos podido recuperar una entrevista que el periodista Andrew Twister le hizo al líder y cantante de la banda Ricardo Salazar para el fanzine 4 Corners. Hace casi 30 años, esto es lo todo que se dijo.

 

¿Cómo ha sido para un adolescente al que le gusta el punk vivir en El Paso en los primeros 80?

 

Siempre he tenido la suerte de contar con un padre que hacía las veces de socio musical. Él siempre ha sido un viejo roquero y me contagió su pasión por la música. Además tenía una compañera de trabajo más joven que él que solía pasarle grupos y música más actuales que pensaba que podría gustarme. Así es como me inicié en cosas como los Talking Heads o los Ramones, que por supuesto me cambiaron la vida.

 

¿Cuéntame alguno de los mejores shows que has visto en El Paso?

 

Ahora mismo te podría hacer un top 3 pero todos podrían ocupar cualquier posición del podio: Black Flag en el Sancho Bros Ballroom, Minutemen en el KokeHouse y los Ramones en el Old Buffalo.

 

¿Qué significó ver a los Ramones para un chaval que soñaba con tocar en una banda alguna vez?

 

Fue una revelación. Allí conocí a Danny que es el diseñador y manager de la banda y la persona con la que empezamos ELPASO. Recuerdo que en aquel show los dos flipamos con los Ramones, pero los que nos enamoraron de verdad fueron los Teenage Popeye, que fueron los teloneros,  un grupo local que tocaban de puta madre y tenían un estilo muy particular que enganchaba a la primera.

 

En la escena punk de los primeros ochenta en los USA uno tenia la sensación que algo grande estaba a punto de pasar, ¿era así?

 

No, al principio no teníamos esa sensación, estábamos viviéndolo desde dentro y desde la barriga no era posible llegar a intuirlo. Nos cegaba la proximidad. Quizá cuando grupos como R.E.M y Hüsker Dü dieron el salto, entonces si que vimos que algo estaba sucediendo. Y esto abrió nuestra ilusión y alimentó nuestra esperanza. Entonces empezamos a soñar con poder profesionalizar nuestra carrera también. Ahora parece que la escena es cada vez más sólida y hay algunos grupos como los Red Hot Chili Peppers o Dinosaur Jr que pueden dar el salto hacia audiencias más grandes.

 

Entre tu y Daniel, el manager de ELPASO, editasteis un fanzine llamado Rock&Lovets, cuéntame cómo os fue la experiencia.

 

Siempre hemos defendido que aquello fue el germen del grupo. Somos muy fans del Love & Rockets de los hermanos Hernandez y de American Splendor. Ellos fueron los primeros que hicieron verdadero arte costumbrista y convirtieron su cotidianidad en algo inspirador, divertido e interesante. Aquella obra fue una verdadera revolución para nosotros. Nos abrió los ojos y nos hizo ver que también podíamos sacarle jugo a nuestra realidad para convertirla en algo que podía gustar a los demás. Antes de eso pensábamos que nuestra realidad, por muy especial que fuera, no le podía interesar a nadie.

 

Ese zine fue el preludio de la primera formación de la banda. Ensayabais en el garaje de la casa de tu padre. Pienso que hay algo irrepetible en esos primeros ensayos de cualquier banda, donde la ilusión está intacta y la ambición es enorme. ¿Cuáles son tus memorias al respecto?

 

Recuerdo estar los dos tocando riffs súper básicos durante horas y horas. Yo a la guitarra y él a la batería. Una y otra vez una y otra vez. La repetición nos hipnotizaba y entrabamos en una especie de estado de trascendencia proto punk, un nirvana garajero. Mi padre solía fumarse un pitillo y nos miraba, y aunque sabía que éramos muy malos, estaba orgulloso de que lo intentáramos. Ahora nos hemos trasladado a Juárez a casa de Octavio (el guitarra solista). Tiene un garaje más grande y mejor habilitado y estamos mucho más cómodos. Pero la verdad es que no hay nada como el sabor de aquellos primeros momentos donde lo único que importa es tocar sin parar. Al principio solo es ruido desorganizado y rítmicamente patoso, pero hay momentos que surge la magia y los instrumentos se sincronizan, como si hubieran aprendido a tocarse ellos mismos independientes de las manos que los maltratan y esto produce un subidón imposible de describir. Pura adrenalina instrumental.

 

Lo primero que hicisteis cuando la banda ya estaba más o menos consolidada fue preparar unas versiones, como el jitazo punk «Guayana Punch» de The Judy’s ¿son las versiones el mejor camino para encontrar tu propio sonido?

 

A nosotros nos pareció la mejor opción. Cuando decidimos que queríamos cantar en español y convertirlo en nuestra seña de identidad, pensamos que hacerlo con algunas de nuestras canciones preferidas nos podría ayudar. En el caso de «Guayana Punch» de The Judy’s… joder, es que la canción es tan buena que no nos atrevimos a traducirla y por eso la canta DD, el bajista.

 

¿Cuáles fueron las influencias de ELPASO en su inicio?

 

Recuerdo que nos intercambiábamos cartas con Daniel cuando él estudiaba en Austin y yo estaba viviendo en El Paso. En una de ellas me dijo algo así como que sería genial conjugar la capacidad melódica de The Judy’s con la mala hostia de Black Flag. Eso unido a las influencias de grupos mexicanos como Los Reyes del Twist o Richie Valens fueron las claves. También ver a grupos como los Hickoids o los Meat Puppets, que incorporan sus influencias sureñas en su estilo punk, nos resultó muy revelador y inspirador para empezar a crear nuestro propio material.

 

En vuestra música se puede advertir esta influencia mexicana de la que hablas ¿tienes familia allí?¿vas con regularidad?

 

Lo cierto es que hasta hace relativamente poco no conocía a mi familia en México. Mi padre vino a Estados Unidos muy joven y yo me crié solo con él. Nunca tuvimos demasiado contacto con el otro lado de la frontera.  Hay algo de sentido de protección en el viaje de un emigrante que hace que cierre las puertas de su pasado y no permite que se vuelvan a abrir. El alma se suelda y las raíces se difuminan. Pero yo, en un momento dado, tuve la imperiosa necesidad de recuperar estas raíces perdidas y marcharme a México para conocer a mis familiares. La primera vez que los visitamos fue toda una revolución personal, uno de esos viajes que te cambian. Gran parte del concepto artístico y musical de ELPASO tiene su origen en ese viaje.

 

¿Qué  significa para ti la etiqueta Chicano Punk ? Normalmente las etiquetas son invenciones de periodistas o de discográficas para conseguir vender más discos pero para ti creo que es más una forma de reivindicación.

 

Absolutamente. Es lo que somos y lo que hacemos. Nunca una etiqueta tuvo más sentido. (Se ríe). Fue justo después de este viaje cuando empecé a usarla y para mi tiene mucha fuerza y define como nada nuestra alma musical.

 

Hablando de etiquetas. La escena punk americana siempre se ha caracterizado por ser rígida y poco abierta, ¿cómo has vivido tú su pertenencia y la militancia?

 

Siempre me he considerado una persona bastante abierta de mente pero no ha sido hasta hace unos años que he decidido alejarme de todo eso. El punk no va de ropa, ruido o velocidad. El punk no va de seguir una normas. Precisamente yo lo entiendo como lo contrario a todo esto.  Para mi el punk significa deshacerte de los viejos patrones, buscar la libertad al precio que sea. Expresarte sin prejuicios y buscar tu propio camino. Un ejemplo claro, yo considero a Daniel Johnston como lo más punk del mundo y ni viste ni toca como mandan los patrones.

 

Cuéntame cómo fue vuestra minigira por Texas en el 86, ¿qué es lo mejor y lo peor de una gira?

 

Fue una pequeña locura que autogestionamos y que nos llevó a varias ciudades del estado en pocos días. Lo mejor, sin duda, fue tocar con otras bandas como Scratch Acid o Killdozer en una sala como el Liberty Lunch de Austin y que público de otras ciudades que no está familiarizado con tu música saltara y vibrara con nuestra música. ¿Lo peor? Compartir tantas horas de furgoneta con un batería al que le huelen los pies (Risas)

 

Antes hablabas de vuestra primera grabación, Gimme These Songs!, con las versiones de los Judy’s, Husker Dü, Minutemen o Mission Of Burma. Extraña carta de presentación un disco de versiones, ¿no crees?

 

Antes habíamos publicado una maqueta en directo de la gira por Texas. Con Gimme These Songs! para nosotros fue muy natural poder grabar aquellas versiones porque son las que nos convirtieron en banda y nos apetecía registrar aquel estado de ánimo tan amateur y tan vibrante. Además creo que, aunque son versiones, las hicimos a nuestra manera, tal y como las entendemos nosotros, sin copiar.

 

Cuéntame como fue la grabación.

 

La grabación fue bastante loca. Poco presupuesto y poco tiempo, pero estamos muy orgullosos del sonido que le sacamos a esas covers… como te decía antes, es como si fueran nuestras canciones.

 

¿Qué es lo que más te gusta de estar en un estudio?

 

Seguramente la posibilidad de experimentar En directo solemos ser sólidos y proponemos un show contundente y estudiado. En el estudio pudimos probar cosas que en directo son más difíciles de experimentar.

 

Prefieres el directo? O te gusta más el estudio? O te sientes bien en los dos formatos?

 

Creo que tenemos un gran directo, contundente y energético… de hecho intentamos trasladar esta energía en el estudio. Por esto nos gusta grabar la base tocando todos a la vez, para que se aprecie esa solidez de la que te hablaba y de la que estamos orgullosos. Luego tenemos a Octavio que es un multinstrumentista maravilloso que aporta un montón de matices a la grabación. Supongo que en el estudio nos realizamos y en directo nos divertimos, ¿no?

 

Me consta que después de muchas dificultades estáis preparando vuestro primer LP. ¿puedes contarme un poco más sobre él?

 

¡Sí! Va a ser un buen disco, estoy seguro. Hemos seleccionado nuestras mejores canciones y tenemos algunos temas nuevos que van a gustar mucho a los fans más alternativos. Entramos a grabar en un par de semanas y tenemos muchas esperanzas en resurgir como banda con este disco.

 

Andrew Twister

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