Encuentros — 18 octubre, 2018 at 16:38

Nacho Casado, a solas con todo su mundo

Cuando el verano es un lejano recuerdo, como ahora, se agradece tener a mano canciones que nos sirvan para crearnos pequeños oasis mentales donde siempre, diga lo que diga el calendario, el sol nos lame el salitre playero mientras saboreamos una caipiriña heladísima. Por eso Verão (Hidden Tracks Records), el primer disco en solitario de Nacho Casado (La Familia del Árbol), suena igual de bien ahora que en enero, cuando se editó, o en agosto, cuando lo saboreé oteando ese Mediterráneo del que se nutren las melodías del compositor ilicitano. Hablamos con él, justo a tiempo para la mini-gira en la que comparte escenario con uno de sus referentes, Damien Jurado.

20.10 / L’Auditori. Barcelona
21.10 / Teatro El Musical. Valencia
22.10 / Teatro Calderón. Madrid
25.10 / Teatro Principal. Ourense (American Autumn SON Estrella Galicia)

Han pasado dos años desde la última vez que hablamos, dos años de Odisea. Cuando echas la vista atrás, ¿qué significó para ti? ¿qué aprendizajes extrajiste de toda aquella experiencia y cómo dirías que han marcado Verâo?
En esa época Pilar estaba embarazada de nuestro hijo, grabamos el disco sumergidos en la experiencia que venía, llenos de incertidumbre. La experiencia fue la más fuerte y emocionante que hemos vivido y ese disco marcó la visión de nuestro mundo ya desde el punto de vista de ser padres. Profesionalmente se nos cerraron muchas puertas por defender nuestra propuesta y nos quedamos solos. Habíamos pasado de ser “la nueva revelación del folk española” a no ser nada. Ya centrados en nuestro hijo y con el disco hecho, pero sin apoyo, fue Ramón Rodríguez quien, con su sello Cydonia, nos ayudó a que pudiéramos editarlo. Es una persona extraordinaria.

Intentamos presentarlo en directo con ayuda de amigos músicos, pero las condiciones para hacer conciertos de forma profesional no eran acordes con los conciertos que iban saliendo. Eso sí, hicimos algunos muy buenos que demostraron que merecía la pena el esfuerzo. Desde que comprendí que hacer música era algo vital para mí, de todas las situaciones he extraído valiosas lecciones, algunas positivas y algunas amargas. En el camino he perdido algún amigo y he conocido gente que se dedica al “negocio” de la música a la que la música le importa bastante poco. He aprendido que el negocio se aprovecha del ego del músico y el artista se alimenta de una visión distorsionada de la realidad. Que la gente que te quiere siempre está ahí y no te juzga. Que todo el mundo se cobra los favores que hace de una forma u otra. Que ser sincero no es siempre lo mejor. Que cuando las cosas van bien todo el mundo te da una palmadita en la espalda y te dice lo “guay” que eres. Que la familia es lo primero y lo demás es circunstancial. Un montón de cosas que creo que todos aprendemos a lo largo de la vida independientemente de a qué nos dediquemos. No me arrepiento de nada y creo que hice siempre lo correcto y eso me ha llevado a donde estoy ahora. Pienso que he mejorado mucho como músico o artista y he tenido la suerte de vivir experiencias musicales que siempre había soñado. Odisea es otro de los muchos discos que se editan en España y que no tuvo la posibilidad de “competir” de manera justa con otras propuestas supuestamente independientes.

Así llegué a Verão, preguntándome porque hacía música y si debía seguir haciéndola. Viviendo la rutina y los problemas diarios, disfrutando de mi hijo y aprendiendo a ser padre. Y viendo el mundo con otros ojos, sentirme un extraño en casi todos los sitios que no eran mi casa. Tocando la guitarra por la noche y disfrutando como lo hacía cuando empecé a tocar.

Tu hijo Nacho es dos años mayor, también. El núcleo familiar que formáis con Pilar, ese “Edén” entendido como oasis, ¿en qué medida crees que han alentado el que buscaras un espacio propio en el que reencontrarte como compositor y como músico?
Ha sido muy bestia, la forma de entender el tiempo ahora, apreciar ese tiempo juntos, una serie de cosas que sientes que te van cambiando y vas perdiendo también el miedo a probar cosas nuevas, a quitarte prejuicios porque sabes o crees saber lo que realmente importa. Esa angustia con mi manera de entender la música ha cambiado mucho, ahora me valoro mucho más y no soy tan duro conmigo mismo. En definitiva, madurar en algunas cosas y valorar lo afortunado que soy.

Estar cerca de mi hijo es lo que más me ilusiona ahora mismo, acompañarle e intentar guiarle, su visión del mundo también me hace, creo, ser mejor persona y quitarles todo el peso a muchas situaciones de mi vida que antes me angustiaban. También trae nuevas preocupaciones, eso es innegable; cuanto más feliz eres más tienes que perder. O si estás muy aferrado a tus seres queridos. No quiero hacer dogma de nada, yo no soy nadie y lo que tengo clarísimo es que sé muy pocas cosas con seguridad. Pero estar con él me hace feliz.

Escuchando a papá.

¿La desnudez instrumental es producto del deseo de armar un disco más asequible a todos niveles (grabación, directo…) o había una voluntad también de ir a la esencia de cada canción acorde con una nueva visión más relajada de tu rol como autor?
El primer paso era intentar hacer una canción donde todo ocurriera con guitarra y voz. Todo el desarrollo de la canción, sus arreglos o la intención de otros instrumentos debían estar ahí. También explorar con las melodías y que siempre dentro de mi filtro fueran lo bastante sugerentes o buenas. He disfrutado muchísimo componiendo esta música e imaginando los arreglos y probando cosas solo con la guitarra y voz. Otro reto fue capturar esa desnudez a la hora de interpretar y grabar tal cual lo había hecho en la cocina de mi casa.

En los dos discos de La Familia del Árbol y ahora en Verâo, existe una dinámica muy potente entre el núcleo de los afectos –pareja / familia— y la naturaleza que lo envuelve, ese mundo en que el amor es puesto a prueba –“El invierno más duro”, “La Montaña y el río”, “Donde termina el mar”… ¿De qué manera la naturaleza crees que ha marcado tu relación con el mundo y tu manera de plasmarlo en canciones?
No es una cosa que haga a conciencia, puede que sea la forma en que mi cabeza entiende muchas cosas. No intento escribir sobre cosas que no sé, me esfuerzo por ser honesto y por encontrar las palabras para darle un sentido a lo que quiero decir. Muchas veces las letras vienen mientras toco, las voy construyendo en mi cabeza al explorar lo que voy sintiendo.

Es obvia la influencia de la bossa nova en tus nuevas canciones, ¿qué motivó que viraras tu atención hacia esas sonoridades y cómo fue el proceso de aprender a construir las nuevas melodías desde ese prisma, a pesar de no estar del todo alejado del folk que subyace en toda tu obra?
Necesitaba una nueva forma de envolver la música y en buena medida canalizar esa intimidad que en otros discos hacía mediante la música más acústica o el folk. Y la encontré en las canciones de João Gilberto y en su manera de mostrarla, con esa combinación que él hace, virtuosa en su caso, de la guitarra y la bossa y la samba. Me sentí muy tentado de canalizar por ahí las nuevas canciones y muy sorprendido al ver lo hermana que era esa visión con la mía.

Pilar y João.

¿Cuán importante fue compartir un pedacito de tu Edén con Ramón Rodríguez, de qué manera te dio la confianza para llevar las nuevas canciones a buen puerto?
Ramón me lleva ayudando desde el último disco que hice con La Familia del Árbol. Me animó a grabar estas canciones, me puso en contacto con Lluis Cots para la grabación, me alojó en su casa y además puso parte del dinero de la grabación. Ningún músico había hecho tanto por mí y mi música, me considero muy afortunado. Le tengo muchísimo aprecio y admiración.

No deja de ser curioso que el estudio de Lluís Cots en el que grabaste el disco se llame Nautilus, otra referencia a la relación del hombre con la naturaleza. ¿Cómo fue sumergirse en su estudio de Arenys de Mar, cómo recuerdas esas sesiones?
No conocía ni a Lluís ni su estudio; lo hicimos todo en directo, guitarra y voz. Fue muy rápido y me sentí muy cómodo; me hizo creer que las canciones eran buenas y eso me dio mucha tranquilidad. El mar está muy presente en Arenys de Mar, para mí era como estar en un lugar conocido. Pienso que conectamos y creo que hay admiración mutua y amistad.

Es un tema recurrente en nuestras conversaciones lo complejo que ha sido y es para ti el poder dar a conocer tu música. ¿Cuál es tu opinión actual al respecto?
Esta pregunta es complicada y creo que la he ido respondiendo sin querer en algunas anteriores. Estoy cansado de tener que justificarme e incluso veo que parte de mi discurso encierra cierta inseguridad y algo de frustración; eso quiero dejarlo de lado. Cuando inviertes tanto tiempo en algo como la música que es tu pasión, necesitas ver resultados, te comparas con otros colegas de profesión, analizas situaciones demasiado con los sentimientos, cuando realmente muchas veces todo es más sencillo, pues es un negocio. Estoy rehabilitado de todo esto e intento dedicarle el menor tiempo mental. Poniendo esto sobre la mesa y sabiendo que las cosas están saliendo muy bien.

Buscando el equilibrio bajo el sol ilicitano.

¿Cómo es llevar una vida normal allá donde termina el mar?
Es raro, mantener el equilibrio es difícil y a veces te causa contradicciones. A las 7 de la mañana piensas que por qué tienes que meterte en líos musicales; a las 9 de la noche estás deseando grabar una canción nueva que te ronda la cabeza. No sé cómo lo hacen muchos músicos, pero siempre me ha costado llevar una doble vida, eso de ser músico por hobby nunca lo entendí. Soy músico y trabajo en otras cosas para hacer mi música y mostrarla de forma profesional.

Me fascina “Tú &Yo”, es una síntesis preciosa de vida y música. Dos preguntas: ¿Recuerdas cómo surgieron esos acordes y cómo llegaste a la conclusión de esa letra minimalista? ¿Recuerdas la reacción de Pilar al escucharla?
Estas ideas suelen surgir cuando ya llevo horas tocando, como si de una jam session se tratara; me quedo en un estado mental un poco raro y voy viendo hacia donde me lleva. Al principio tenía toda la melodía, pero quité partes de voz para dejar solo ese estribillo para remarcar y darle énfasis.

Pilar siempre está ahí y me está ayudando mucho con este disco de mil maneras diferentes; al escuchar las canciones me hizo sentir que eran realmente especiales.

Aprovechamos para preguntarle a Casado por sus favorit@s…

Un disco: Chega de Saudade, de João Gilberto

Grabado en el año 59 y considerado el primer álbum de bossa nova. Es fresco, moderno, atrevido, con unos tempos rápidos, una guitarra en estado de gracia y una voz de terciopelo, suave, con una cadencia melódica preciosa. João es un virtuoso sin alardear y suena nostálgico y soleado. Producido por Antônio Carlos Jobim y Aloísio de Oliveira para la Odeon de Brasil. Solo “Bim Bom” y “Hó-Bá-Lá-Lá” pertenecen en autoría al propio João, el resto son de otros grandes compositores de la época incluido el enorme Tom Jobim. Un disco que es una receta balsámica de evasión total o al menos así lo veo yo. Totalmente inspirador y creo que innovador en su época: un acercamiento también a la samba y al jazz de una forma melódica, sentimental y elegante. Nos muestra a uno de los intérpretes más singulares e inolvidables de la música de todos los tiempos: Joao Gilberto es el maestro de maestros, alguien capaz de tocar tu alma con una guitarra y su voz.

Una canción: “What’s Going On”, de Marvin Gaye

Marvin Gaye es otro de los grandes de todos los tiempos, siempre lo tengo presente y sobre todo el disco al que pertenece esta canción, una de las más sugerentes de la música pop y soul. Con ese lado espiritual de voz divina que escuchas en tu interior removiendo tu conciencia y con un mensaje que nunca caduca. Desde su comienzo con ese saxo que te traspasa, las congas marcando un tempo flotante, Marvin como el nuevo mesías o pastor narrando y esos acordes que lo envuelven todo; es una muestra de cómo la espiritualidad se puede entender en forma de música y resultar divina.

You know we’ve got to find a way / To bring some loving here today…

Mejor concierto: Benicàssim 98

Fue el primer festival al que fui y fue una experiencia total. Viví el amor –fui con Pilar, novia por entonces—, probé las drogas, bailé como un poseso.. Fue mi bautismo cuando lo independiente significaba otra cosa, todos los indies de cada pueblo estaban en Benicàssim, Gazelle negras, flequillos, camisas de segunda mano, camisetas de Mazinger Z, sol, playa y música. ¡Y qué música!

Ese año perdí mi virginidad festivalera con Jesus and Mary Chain, Spiritualized, Gorky’s Zygotic Mincy, Super Furry Animals. Bjork, Tindersticks, Teenage Fun Club, St Etienne, Yo la Tengo, PJ Harvey, Red House Painters, Bernard Butler, Mogwai, Tortoise, Chemical Brothers Djs… Todavía recuerdo llevar una cámara de carrete de mi padre en los pantalones y hacernos inocentes un selfie delante del escenario mientras Bjork cantaba con Raimundo Amador a la guitarra. Después de aquello costó volver a mi ciudad y volvimos algunos años más al FIB.

Una película: The Royal Tenenbaums, de Wes Anderson

Nada me había tocado tanto hasta la llegada de Wes Anderson, imagino que por cuestión generacional: su uso de la música, cómo combina el cine de autor, con la comedia y los autores clásicos de la literatura americana. Todo nos dejó sin habla cuando Pilar y yo vimos The Royal Tenenbaums; una apuesta estética acompañada de unas canciones que nos hicieron retorcernos en la mini sala de cine donde la vimos. Por su engañoso tráiler fuimos pensando que sería comedia convencional, pero salimos totalmente impresionados por el universo que Wes había desplegado en pantalla. Fue nuestra primera vez con su cine y la primera vez marca mucho; esta película ha marcado nuestras vidas y nuestra manera de entender la cultura pop. Pocas veces el cine de autor supera las barreras para crear algo que trasciende el cine de autor: es arte. Los Tenenbaums tienen en su metraje escenas tan míticas como el “¡Vuela Mordecai!” al son de “Hey Jude” o la bajada del bus de Margot con Nico de fondo; Gene Hackman con sus nietos por Nueva York al ritmo de los Ramones; el intento de suicidio de Richie con Elliot Smith…

Un libro: Bendita locura: La tormentosa epopeya de Brian Wilson y Los Beach Boys, de José Ángel González Balsa

Otra de mis debilidades es Brian Wilso; su figura y vida me interesan y mucho más conociendo la abrumadora calidad y majestuosidad de su música. Muchos lectores coincidirán conmigo que Pet Sounds es el mejor disco pop de la historia, una obra barroca de la juventud llena de rincones por explorar, texturas y armonías. Pues bien, recomiendo sumergirse en esta biografía en la que González Balsa narra con todo lujo de detalles cómo los Wilson vivieron todo aquello, sin dejar de lado algunos episodios bastante, digamos, excéntricos. Un libro que es una auténtica joya y que nos descubre cómo funcionaba la mente de este genio de nuestro tiempo…. Estoy escribiendo esto y me dan ganas de releerlo otra vez.

Texto: Roger Estrada

I’ve stopped my dreaming / I won’t do too much scheming these days…

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