Encuentros — 12 septiembre, 2018 at 13:52

Clutch, “aprendí a tocar la batería escuchando a Black Sabbath” (Jean-Paul Gaster)

Todo empezó con una amenaza a punta de pistola. ¿Qué hacer en esa situación? El duodécimo álbum de Clutch, Book Of Bad Decisions ofrece brillantes viñetas sobre infinidad de situaciones en la vida, terrenales y metafísicas, políticas  y culturales. Estamos ante el collage sónico más orgánico, maduro y ambicioso de la carrera de Clutch, un álbum doble, un viaje intenso de quince canciones, en las que el renombrado productor Vance Powell (Chris Stapleton, Buddy Guy, The White Stripes, Arctic Monkeys y un largo etcétera) y sus métodos artesanales de la vieja escuela hacen que  los magos de Maryland logren una de sus obras cumbres y de mayor peso musical y literario.

“De alguna manera, teníamos que pasar por situaciones así que nos hicieron ser lo que somos hoy”, confiesa el baterista Jean-Paul Gaster sobre el incidente de la pistola, en el origen de la letra de «Gimme The Keys» el primer single desde Book Of Bad Decisions. “27 años después, fuimos capaces de hacer una canción de eso”. Al final, un mala decisión puede dar a luz algo bueno.

Book Of Bad Decisions es vuestro duodécimo álbum de estudio. ¿Cómo lo vez con respecto al resto del catálogo de Clutch?

Es difícil de decir, para mi, que estoy tan metido en esto, en la música y en la grabación, que realmente me lleva un par de años darme cuenta de lo como un álbum o una canción encaja en el catálogo. En un montón de niveles, es un cambio comparado con Psychic Warfare y Earth Rocker. Esos dos álbumes comparten un montón de la misma energía, en parte por que los grabamos con el mismo tipo (Machine) y también porque esos dos discos fueron escritos muy cerca uno del otro. Tan pronto como terminamos de escribir Earth Rocker casi inmediatamente comenzamos a escribir canciones para Psychic Warfare, incluso cuando estábamos en la carretera, armábamos canciones casi inmediatamente. Book Of Bad Decisions no fue así. Creo que hay algo que pasa inconscientemente entre nosotros cuatro, que intentamos reaccionar ante cualquier cosa que previamente hicimos. No somos una banda que se sienta y piense ”OK, Psychic Warfare tenía esta clase de canciones, vamos a hacer esta clase de canción, o grabemos de esta manera, porque hicimos esto en Psychic Warfare”. No sucede así. Creo que inconscientemente, cada uno de nosotros, encuentra formas de expresar una nueva idea, nuevos sonidos, nuevas maneras de acercarse a una canción. Sucede de forma muy orgánica, y creo que es una de las cosas más excitantes de estar en esta banda.

¿Y cómo fue el desarrollo de ese proceso?

Comenzamos a escribir casi exactamente un año antes de entrar en el estudio. En las fases tempranas del proceso, como en casi todos nuestros otros álbumes, nos juntamos para improvisar y probar ideas. En ese punto no estábamos intentando encontrar canciones, estábamos intentando encontrar ideas, poniendo bloques que pudiéramos usar para crear canciones más tarde. Esta vez fue único en el sentido de que antes de reunirnos en una habitación y esperar a que sucediera algo, nos comprometimos en que cada vez que nos juntáramos, cada uno de nosotros traería algo a la mesa. Un riff, una progresión de acordes,  una idea de batería, teníamos algo con lo que comenzar. Eso fue diferente de lo que hacíamos antes, que era entrar en el local e improvisar. Este nuevo método nos llevó a sesiones de improvisación muy productivas. Recientemente había empezado a tocar la mandolina, la llevaba y tocaba algún riff de mandolina.

Recuerdo que cuando nos vimos en Barcelona estabas aprendiendo a tocar la mandolina.

Sigo aprendiendo, y sigo siendo espantoso (risas) Pero toco lo suficiente como para poder presentar ideas, que era lo que estábamos buscando en ese momento. Las primeras etapas fueron muy excitantes, porque había muchísimas ideas: Teníamos que encontrar la manera de que si uno venia al local con una idea, después de 3 o 4 vueltas, podía haber 12 o 15 ideas de canción. Tuvimos un montón de ideas desde el principio del proceso.

Book Of Bad Decisions tiene 15 canciones y experimentación. No puedo evitar pensar en Physical Graffiti de Led Zeppelin como arquetipo de discos así. ¿Cómo llegasteis a hacer lo que en rigor es un álbum doble?

Grabamos 15 canciones, pero realmente la intención era publicar 10 u 11 canciones en el álbum y dejar las otras aparte y utilizarlas como caras B, etc. Cuando llegó el momento de secuenciar el álbum y elegir esas 10 canciones, se hizo muy difícil. En un momento, miramos de secuenciar el álbum como si fuera un disco doble. Tu mencionabas Physical Graffiti –yo no había pensado en esa comparación- y es una muy buena. Cuando empezamos a pensar en lanzar las 15 como un disco doble, se hizo mucho más sencillo secuenciarlo. Miramos a las 15 canciones, y se acabaron nuestras preocupaciones. Vimos que algunas canciones eran buenas para abrir un lado de un vinilo o cerrarlo. Lo hizo todo mucho más fácil.

¿Cómo llegasteis a un productor de la categoría de Vance Powell?

Hubo varios factores que se juntaron en un mismo momento. El primero, es que mi cuñado, que es un excelente guitarrista, es un gran fan de Chris Stapleton. Yo no sabía mucho de Chris Stapleton, pero estando con mi cuñado, él ponía su disco todo el tiempo, una y otra vez. Comenzó a crecer dentro de mí, y creo que una de las cosas que me gustaron de la grabación, aunque es un disco de country, es que no realmente no suena como ningún otro álbum de country. Tiene una calidad muy honesta. Lo que mucha gente llama country hoy en día es música pop. Yo pensaba, “esto es verdadero country. Es country que suena diferente de todo lo demás”. Y comencé a investigar sobre este tipo Vance Powell. Otra noche, estaba escuchando Spotify, cualquier cosa que apareciera, y había una canción de The Dead Weather. The Dead Weather no es algo con lo que estuviera familiarizado.

Por supuesto que sabía de Jack White, pero esta canción que sonó realmente me voló la cabeza, yo pensaba, “el sonido de la batería va a partir los altavoces por la mitad”, es un sonido realmente único. Investigué más sobre ellos, y vi que el productor era Vance Powell. Otra vez él. Y otra vez, estaba surfeando por Youtube, buscando vídeos sobre cómo grabar – supongo que soy el ingeniero de sonido de la banda por defecto –  y aquí aparece Vance Powell nuevamente. Era un vídeo sobre él, sobre sus métodos para grabar bandas, de cómo trata de conseguir ese sonido en vivo en el estudio. Pensé, “el nombre de este tipo aparece por todos lados”, y le escribí un email.  Y me contestó en el día. Me dijo “claro, hagamos algo”. Fue muy excitante. Y fue cool, porque nunca tuvimos a nadie en el sitio para grabar un álbum con tanta antelación. Comenzamos el diálogo, y en los meses siguientes intercambiamos emails hablando de que álbumes nos gustaban, de que clase de sonido de batería queríamos lograr, y finalmente, Vance Powell vino de gira con nosotros. Originalmente, él era un ingeniero de sonido en directo, por lo que estaba muy cómodo en el bus y en gira, trabajando con los técnicos. Vino con nosotros durante tres shows, sólo para ver a la banda, ver como tocábamos, y caminando por el recinto, escuchando a la banda desde diferentes lugares, tratando de conseguir la vibración de lo que somos nosotros. En consecuencia, creo que tuvo una idea en cómo grabar a la banda después de salir de gira con nosotros.

Jean-Paul Gaster

Vance es muy conocido por sus métodos de grabación con material analógico y equipos antiguos.

Si, está muy metido en lo del material vintage. El sabe que micrófono encaja con qué instrumento, sabe como elegir ecualización y pre amplificadores, ese tipo de cosas. Para él es como hacer un cuadro, cuando emparejas el equipo correcto con el instrumento correcto, puedes conseguir el color de cada instrumento. Era muy interesante verlo trabajar con Tim (Sult) y conseguir sonidos de guitarra.  Si escuchas sólo los sonidos de guitarra en el disco, cada canción es única. Cada una tiene un sonido de guitarra diferente. Y eso es diferente de las grabaciones anteriores. En los dos discos anteriores, hay una consistencia del tono de la guitarra, que funciona para esas canciones. Pero para este, comenzamos desde cero en lo que tiene que ver con sonidos de guitarra para cada canción. Comenzamos a tocar las canciones, y Vance y Tim empezaban a probar sonidos y volverse locos probando amplificadores. Tim trajo una gran selección de sus amplificadores vintage, y Vance también trajo los suyos. Es un proceso que consume tiempo, 30-45 minutos en ajustarlos para conseguir el sonido de la siguiente canción que queríamos grabar. Pero es excitante, ya que esa canción tendría su propia identidad sonora. Apenas teníamos el sonido que nos gustaba, Vance enseguida metía una voz guía, y aunque no fuesen las voces finales, tenías una idea de cómo iba a ser la canción, sus colores, sus tonalidades.

El sonido de bajo de Dan Maines es tremendo, brutal.

Brutal es una buena manera de describirlo. Si, tiene ese gruñido dentro de él.

Grabasteis en Nashville, la capital mundial de la música country. Influyó eso de alguna manera en el sonido de Book Of Bad Decisions?

Tienes razón, Nashville es la capital del country en el mundo. Pero estos días, está creciendo mucho, hay mucho rock sucediendo allí, y otras clases de música. Es una de los ciudades que más crece en los Estados Unidos hoy en día. Mucha gente joven, comida fantástica, lo que es maravilloso, me encanta comer (risas) Fue interesante también, ya que el estudio en el que estábamos grabando, Sputnik Sound -el estudio de Vance- estaba en un vecindario que es un barrio lleno de casas de empeño convertidos en estudios, en una milla cuadrada hay como 50 estudios diferentes de grabación. Había músicos e ingenieros grabando por todas partes, buena comida, colegas músicos e ingenieros que trabajaban en otros discos que pasaban a ver a Vance. Conocimos a un montón de gente. Había una vibración muy buena. No se cuanto del aspecto country afectó de esa ciudad afectó al disco, pero si que la vibración en general fue realmente genial. Me encantaría poder regresar, es una ciudad fantástica.

Hablabas de comida.  ¿Qué hay de eso en la letra de «Hot Bottom Feeder»?

¡Es una receta! (risas). Es una receta para tortitas de cangrejo. Fue la última canción que escribimos para el disco, y de hecho, armamos esa canción en el estudio, aunque no lo creas. Teníamos un par de candidatas más para ser la decimoquinta canción, pero aún no estábamos convencidos del todo. Dejamos de lado esas dos, y una tarde en el estudio nos dijimos, “vamos a hacer algo y ver a donde nos lleva”. Y nuevamente Vance Powell fue muy bueno en eso también, tiene un oído para captar las cosas que hacemos en esos momentos. Nos escuchó en el estudio, probó la canción, nos dio un par de ideas de cómo ensamblarla, y quedó lista en probablemente dos horas. Simplemente sucedió. Neil se llevó la música al sitio donde se estaba alojando, y al día siguiente vino y nos dijo “ todo lo que tengo es una receta para tortitas de cangrejo (risas) Dijimos, “OK… adelante”. Nos dejó una voz guía de cómo quedaría, y nos dimos cuenta que quedaría perfecta. Y te diré algo más. En el vídeo que hicimos, lo ves cocinando las tortitas de cangrejo, y nos las da a comer. Tengo que decirte, las tortitas de cangrejo eran deliciosas. (risas)

En Book Of Bad Decisions no tuvisteis miedo en experimentar y asumisteis riesgos. Hay vientos, pianos, órganos…

Queríamos hacer algo diferente, creo que esa mentalidad comenzó incluso en la fases más tempranas, cuando comenzamos a juntar ideas. Todos vinimos con ideas que eran completamente diferentes a cosas que habíamos hecho en el pasado. Cuando comienzas el proceso en esa manera, cuando intentas ir completamente en una dirección inusual, es cuando suceden las cosas. Finalmente, pienso que la banda siempre tiene que sonar a la banda, somos los mismos cuatro tipos, los mismos instrumentos, no importa cuanto intentemos experimentar, el verdadero sonido de la banda tiene que salir.  Y para nosotros, eso es fantástico también, porque sabemos que podemos escribir el material más raro y loco, y que aún sonará a nosotros, independientemente de cuán lejos queramos ir. Y eso, se extiende al estudio, y como tu dices, tuvimos vientos en «Barbarella» un piano acústico en «Vision Quest»…Hay un montón de sonidos diferentes en este disco, y la energía comenzó a surgir incluso en la etapas más tempranas del proceso compositivo.

Foto: Sergi Fornols

Me encanta «In Walks Barbarella», con esa vibración funk y sus vientos.

Mencionabas una vibración funk, y es exactamente lo que estábamos buscando. Cuando empezamos a ensamblar la canción, trabajamos para que en las estrofas, cada uno de nosotros tuviera una sección independiente. Si la vuelves a escuchar, te darás cuenta que toco cosas diferentes en partes que cuando están puestas juntas, hacen una especie de gran ritmo. James Brown era realmente bueno haciendo eso. No es necesariamente complicado, pero es en la superposición de esas partes donde se origina el movimiento y se transmite la energía. Pensamos en eso un montón cuando estábamos ensamblando «Barbarella», esos ritmos independientes de los otros, pero que aún funcionan, y eso de alguna manera trae esa vibración funk. Realmente fue idea de Vance Powell poner esos vientos. Cuando llegamos al estudio y comenzamos a grabar, el pensó “tíos, deberíamos poner unos vientos”, y nosotros no habíamos pensado en ello para nada. Vance tenía la visión de cómo los vientos encajarían en la canción y que funcionaría. Hizo un gran trabajo, él arregló esa parte, fue realmente increíble ver cómo eso sucedía. Quedamos muy contentos con cómo quedó.

¿Qué me puedes decir del piano de «Vision Quest»?

Ese es nuestro amigo Chris Brooks, de la banda Lionize. Son de Maryland también. Conozco a Chris Brooks desde hace muchos años, he trabajado en muchos proyectos con él. Hago una noche de blues en Maryland, y cuando está en la vuelta, lo invitamos a esos shows, es un gran músico. Lo llevamos a Nashville, y la única intención era que tocara en un par de canciones, pero conectó muy bien con Vance, tocó increíble, y estaba con nosotros todo el día. La parte en la que él toca en «Vision Quest», tiene ese aire de piano es como de un viejo Boogie Boogie, y esa era realmente la intención. La canción es un poco Motörhead, con algo del viejo rock and roll, esa clase de estilo, y su piano en este tema lo realza aún más.

En «Spirit Of ‘76» metes mucho swing en la batería. Un colega me decía, “se nota que a JP le gusta Bill Ward”.

Bill Ward es fácilmente uno de mis baterías favoritos. Realmente aprendí a tocar la batería escuchando Black Sabbath, Master Of Reality, Volumen 4, todos esos álbumes clásicos. Y estoy de acuerdo: Bill Ward tiene una manera de complementar a la banda al tocar. Es como el batería de una Big Band, no es sólo llevar el tiempo, si no tocar con la banda en las distintas partes. Tenía a Bill Ward en mente cuando vine con la idea de esa clase de percusión. Y creo que funciona para esa canción, es un tema muy poderoso, el riff es tan pesado, que pedía tocar algo junto al riff que en tocar en contra de él.

En mi opinión, «How To Shake Hands» es la sátira política más brillante desde «Elected» de Alice Cooper, máxime con los personajes que tenemos dirigiendo nuestras vidas hoy en día.

Estoy de acuerdo contigo. Creo que es una manera interesante de hablar de lo que está sucediendo ahora. En algunos niveles, puede ser una canción política, pero creo que es más que eso. Es la historia de un tipo que cree que puede presentarse a presidente  y lograrlo, y lo consigue. Tenemos que agradecer a Neil por eso, él es el tipo listo de la banda, y puede ser realmente divertido como inteligente.

¿Cómo te sientes cuando Neil Fallon viene con esas letras increíbles para tu música?

Aluciné cuando escuché esa («How To Shake Hands») por primera vez. Recuerdo grabar la maqueta por primera vez en el local. Lo que usualmente hago, es grabar todo lo que hicimos ese día, llego a casa, me siento con mi esposa, cenamos algo, tomamos un par de cervezas, y luego me voy a mi estudio para mezclar lo que hicimos. Recuerdo escuchar esa canción y pensar, “esta canción va a ser grande”.  La mezclé, tomé más cervezas, y la volví a mezclar. Fue muy divertido. Escuché la canción como por dos horas, y di con una mezcla que era realmente excitante, y se la envié a los demás, diciendo, “mirad lo que hicimos hoy”. Sabíamos que teníamos una canción especial y que destacaba sobre las otras del disco.

La letra de «Gimme The Keys» es muy autobiográfica, en la que Neil habla de la escena hardcore de los primeros 90’s.

La primera gira americana que hicimos, fue abriendo para una banda straight edge, Four Walls Falling, aunque parezca mentira. Fue verdaderamente una gira americana, comenzamos en Washington DC, todo el camino hasta California y de regreso. Fue una experiencia increíble para nosotros. No sabíamos nada acerca de nada. Estábamos completamente verdes. En esa noche en particular, estábamos contratados para tocar en Lawrence, Kansas. Era una especie de festival, un evento skinhead o algo así. Había bandas de todas partes de los Estados Unidos. Éramos la banda más joven e inexperta, y nos vimos empujados a tocar al final de la noche, cuando creo que originalmente teníamos que tocar a las 10 y terminamos tocando después de las 2 de la mañana. Cuando terminamos y estábamos guardando el material, la mayoría de la gente ya había dejado el recinto, y en algún momento un micrófono se perdió. Estábamos cargando la furgoneta para salir de allí, y apareció el técnico de sonido con un amigo, que tenía una pistola.

¡Vaya!

Si, este tipo dice. “Tíos, habéis robado mi micrófono”. Nosotros les dijimos que no teníamos ni idea de lo que nos estaba diciendo. Era una locura. Querían revisar la furgoneta. Yo era joven, pero estaba muy enojado Me enfrenté cara a cada con el tipo de la pistola, y le dije, “no tienes ningún respeto por las armas de fuego, vienes a aquí con una pistola a amenazarnos”. Era una locura. Al final, los convencimos de que no teníamos el micrófono, nos metimos en la furgoneta, y salimos cagando leches de Lawrece, Kansas. Adiós. Y recuerdo que me decía a mi mismo, “nunca más tocaremos en Lawrence Kansas”. A los 10 meses estábamos de vuelta (risas).

 

Texto: Daniel Renna

 

 

 

 

 

 

 

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