Meeting Point — 1 agosto, 2018 at 10:00

Meeting Point: Santi Carcasona (Pësh)

Desde su debut con Where The Sidelwalk Ends, siempre hemos sido unos enamorados de las particularidades musicales de Santi Carcasona. Su visión compositiva, así como su destreza para encajar lo que a priori no debería, le convierte en todo un sui géneris dentro de la música estatal. El próximo 19 de octubre se pondrá a la venta su segundo álbum (Too Many Universes But Mine), un trabajo compuesto a caballo entre Edimburgo y Barcelona, con un aire muy norteño y bajo la atenta producción de Sergi Riera. Ya se puede disfrutar en redes un prometedor adelanto, «Warriors»… Santi Carcasona al habla…

Disco

Morning Phase de Beck

Me parece un álbum conceptual, de los que te tragas de inicio a fin, con una coherencia absoluta, con un discurso elaborado, con buen gusto, y con un sinfín de referencias y guiños. Sin ir más lejos, “Cycle”, la obertura del disco, es una pieza de 40 segundos a modo de arreglo de cuerdas bajo la batuta de David Campbell (el padre de Beck) que sirve para marcar el tono de lo que va a venir a continuación.

Para mí, este disco es un viaje (como tantos otros), que empieza en un despertar (“Morning” es la pista que sucede a “Cycle”) y termina con otro canto al amanecer (tómese de manera figurada, si se desea), “Waking Light”, una canción preciosa con una coda y un final deliciosos. No se me ocurriría, a mí, una mejor manera de cerrar el álbum (existe una versión en directo de “Waking Light” en el Tonight Show de Jimmy Fallon).

 

 

 

Canción
« I Am The Walrus » de The Beatles.

Nadie ha sido tan influyente en los últimos 50 años como The Beatles. “I am the Walrus” la tocábamos con Pësh en la gira de nuestro primer disco. La recuerdo con esta sensación de gustazo enorme y de reto continuo. La melodía, al estilo Lennon, y la riqueza armónica que se destilan en esta pieza son de un gusto exquisito, pero tenía que concentrarme mucho para acordarme de la letra y de cada una de las partes -todavía no me ha quedado claro si Lennon la escribió para todos aquellos que se dedicaban a buscarle el significado a sus textos-, si era debido a esta época en que “le metían azúcar al cola-cao”, o una mezcla de las dos. En Fin… ¡Beatles Forever!

Por cierto, recomiendo fervorosamente la lectura del libro El Sonido De Los Beatles, de Geoff Emerick. Quien fue el ingeniero de sonido de las grabaciones de los de Liverpool desgrana todo de anécdotas y peripecias de las grabaciones de todos sus hits. A mí me hizo re-descubrir (o al menos escuchar de otra manera) todas estas obras.

 

 

Concierto

Bon Iver (Eventim Apolo, Londres, 2018)

Tuve la fortuna de presenciar el último de los ocho conciertos que Bon Iver ofreció en el Eventim Apolo el pasado invierno. 22, A Million ya me pareció un disco rompedor. Cuando nadie se lo esperaba, va el tipo y aparece con una pieza que no deja indiferente. Muy valiente, por su parte.

La formación que presentaba para la gira no era para menos. Bon Iver se plantaba en el escenario con dos baterías, un bajista (que también tocaba el saxo), un guitarrista multi-instrumentista, y un quinteto de trombones (aparte de toda la cacharrería que tocaba el propio Bon Iver, que no era poca). Nada de esto era gratuito. Todo estaba allí y todo tenía una justificación clara.

El bolo fue de hora y diez minutos, con un sonido ES-PEC-TA-CU-LAR y un diseño de luces y del show en general increíble. Han pasado cuatro meses desde aquél concierto y todavía pienso en él muy a menudo. Inspirador.

 

 

 

 

Película

Mullholland Drive de David Lynch

 Lynch es un maestro metiéndose dentro del cerebro, manipulándolo, haciéndote creer y dudar, intentando hacerte sentir cómodo y después dándole un giro inesperado a todo. Ya me encantó la sensación de salir del cine después de ver Lost Highway (Carretera Perdida, en español) y pensar “jodido hijo de puta… no he entendido nada, pero qué bien me lo he pasado.”

Con Mulholland Drive me ocurrió algo parecido, pero ya sabía a lo que me atendía y me dejé llevar más por este juego onírico que tan bien conduce Lynch. Es un jefazo cruzando tramas y personajes, dejando huecos en sus historias para que sea el espectador quién los rellene (cuando posiblemente ni el mismo Lynch es capaz de rellenar).

Al igual que ocurre escuchando algunos discos o contemplando otro tipo de manifestaciones artísticas, viendo Mulholland Drive uno tiene la sensación de ser un invitado de lujo en el Universo del artista. Y aquí, en este punto entre la emoción y la comprensión, creo, reside el arte.

Libro

Cosas que los nietos deberían saber de Mark Oliver Everett

 Soy fan de Eels. Muy fan. Cosas que los nietos deberían saber es, posiblemente, el libro que más veces he regalado. Yo ya conocía a Eels y me gustaban. Pero como les ha ocurrido a muchos otros, me convertí en seguidor absoluto de él y de su música cuando leí su libro.

Hablar de Cosas que los nietos deberían saber es hablar, con toda seguridad, de un clásico de la sección de “literatura y música”. Realmente es un libro con una historia y una narrativa dignos de mención. Un relato lleno de desgracias y tropiezos, explicados en primera persona, con un magnetismo que te atrae y te atrapa desde la primera página (yo me lo zampé en un fin de semana). Alguien dijo que, sin pretenderlo, este era uno de los mejores libros de autoayuda que existen.

A modo de anécdota, en mayo de 2013 viajé a Los Ángeles, California. Me encontraba en el barrio de Los Feliz, dónde reside Mr. E, y se me ocurrió comprarme el libro en inglés, también para conocer la historia sin el filtro de la traducción. Entré en una librería preciosa, toda de madera, muy grande, y pregunté en el mostrador y ¡Oh, no! ¡No conocían a Eels! – Nadie es profeta en su tierra… (al final tuve que comprarme la versión en inglés por internet).

Vicente Merino

 

 

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