Vivos — 3 julio, 2018 at 10:58

Judas Priest – Sala Cubec!, Bec (Bilbao)

Metal. Sin concesiones. Puro y duro en una zona que vivió años atrás del acero y la industria pesada. Barakaldo acogió en la sala Cube del BEC! La descarga de una de las bandas que han dado al Metal su poder entre las masas. Judas Priest continúa en la brecha aún a pesar de ver como va perdiendo miembros clásicos como Glenn Tipton por sus problemas con el Parkinson. Pero si algo tiene el Metal es que es una apisonadora contra todo tipo de obstáculos y el Sacerdote de Judas ofició de nuevo en el BEC! (la última vez en este recinto fue en el 2011 acompañados por Saxon y Mötorhead).

Esta vez ante una audiencia más reducida y teloneados por Lords of Black, la madrileña banda de Power Metal con Ronnie Romero a la voz, ojo, del que tiró Ritchie Blackmore en el último Line Up de Rainbow. Eso le sirvió a Lords of Black para obtener un reconocimiento más amplio y se notó, pues mucha gente no quiso perderse una actuación de 45 minutos calentando el ambiente para el Sacerdote de Judas. No llegaron a 10 temas, la mayoría de su segundo disco, entre los que destacó “New World´s Coming”, en una actuación que recordó al sonido de Masterplan, conjuntada y peleando contra los retumbes que se producen en el Bilbao Arena cuando muta en un espacio más reducido.

Pero el respetable estaba esperando sin duda al momento en el que cae el primer telón (tras la intro del “War Pigs” de Black Sabbath) y se encuentra con cinco hombres sin piedad embarcados en la gira Firepower 2018. Y con este tema, que da título a su último disco, publicado en marzo de este año, comenzaba la liturgia metalera. El sonido mejoraba a medida que caían las canciones, “Grinder”, “Sinner” y sobre todo ya con “The Ripper” (con un audiovisual muy victoriano introduciéndonos en la historia de las andanzas de Jack por Whitechapel). Rob Halford, el Metal God defendía las canciones con su clásica postura encorvada (la edad y la rutina de cantar así es lo que tienen) mientras iba cambiando a los largo del concierto de vestimenta, a cada cual más suya, cuero, tachuelas, flecos y actitud a pesar del paso del tiempo.

Hay cosas que no cambian por suerte. El sustituto en gira de Tipton, Andy Sneap, ejercía perfectamente de guardaespaldas de un sobrado Richie Faulkner mientras el grupo se iba acoplando a las condiciones acústicas de la sala. Un buen e inquietante video acompañó “Saints in Hell”, justo antes del tema que puso patas arriba el recinto. “Turbo Lover”. Un detalle de Judas es que suele anunciar en las pantallas con imágenes del disco correspondiente el hit de turno y esta canción es demoledora pero con los coros en directo del público adquiere una dimensión épica imparable. El momento de la noche.

Un poco de descanso con la instrumentalidad de “Prelude” antes de darle duro de nuevo con “Tyrant”, “Nights comes down” (más lenta) y “Freewheel Burning”, en la que subía la velocidad. Un par de temas del nuevo disco (“Guardinas” y “Risung for Ruin”, en el mismo orden del cd, instrumental y la contundencia del segundo tema) antes de empezar con lo que la gente siempre pide. “You´ve another thing comin´” siempre debe sonar cuando tocan los Judas, ese deje rockero de sus primeras épocas se paladea muy a gusto entre tanto riff inoxidable. Un tema en el que por primera vez la pantalla dejó de proyectar videos para mostrarnos al Metal God de cerca e imágenes de su parroquia, y nunca mejor dicho. Halford sacó el tema delante con algún apuro pero se resarcía con “Hell bent for leather”, un himno motero por excelencia, con video vintage y la voz del Metal (con permiso de Dio) montado en su moto, aunque la lacra de los conciertos modernos (esos asistentes que prefieren verlo en su pantalla de móvil horas más tarde antes que con sus ojos en directo) nos impidieron contemplar perfectamente la soberbia imagen de un Halford que, ya de por sí, es un icono viviente.

Y “Painkiller”. Otra insustituible. Bien defendida pero ya no es lo que era, lógicamente, aunque Halford sigue siendo Halford. Unos pocos minutos de parón para la traca final, un bis de tres temas en el que unas imágenes de Tipton en pantalla daban paso al guitarrista en carne, hueso y dedos sobre el mástil de su guitarra para unirse a sus cinco compañeros en “Metal Gods”. Más que una canción, una declaración de intenciones. Luego la tremenbunda “Breaking the law” y despedida con “Livin´ after midnight” y “Victim of changes” por primera vez en esta gira. El “We´ll come back” en la pantalla auguraba que el motor de los Judas seguirá a mil revoluciones en un futuro. El metal no se acaba, para algo estaban en la Margen izquierda del Nervión, todo se transforma pero nada se destruye y Judas Priest es indestructible visto lo visto.

Texto: Michel Ramone

Fotos: Dena Flows

 

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