La industria musical se asemeja a una montaña rusa donde el éxito dicta el futuro de los artistas sin tener en cuenta la vertiente creativa. Aunque, a veces, el destino tiene reservada una segunda oportunidad para ciertos grupos. Éste es el caso de Reef, una banda inglesa que triunfó en los años 90 con sus himnos generacionales y vendió millones de álbumes, hasta que se separaron por culpa de las presiones de su sello discográfico. Hace cuatro años regresaron por el simple placer de actuar en clubes y la experiencia fue tan positiva que decidieron encerrarse en un estudio para grabar una nueva colección de canciones 18 años después de su última entrega. Gracias a la complicidad del productor George Drakoulias, Revelation recupera la magia de antaño y supone un viaje fascinante por los senderos de la música de raíces norteamericanas. Desde los riffs hard rock del tema homónimo, hasta los aires country de «My Sweet Love» junto a Sheryl Crow, pasando por el góspel electrificado de «How I Got Over», el rock profundo de «Provide» y el folk pausado de «Don’t Go Changing Your Mind». El mundo ha cambiado, pero las señas de identidad de Reef permanecen intactas e incluso amplificadas, con un Gary Stringer desatado a las voces, el bajo funk de Jack Bessant, la batería omnipresente de Dominic Greensmith y las guitarras cristalinas de Jesse Wood, que se ha adaptado perfectamente la banda tras la marcha de Kenwyn House. Un disco de reencuentro que transmite pasión y apunta hacia el futuro.
David Moreu