Encuentros — 14 mayo, 2018 at 16:19

BestLife (Underyourseat) – Sin riesgo no hay gloria

Cuando parecía que comenzaban a sacar la cabeza fuera de la periferia, los ourensanos BestLife (Underyourseat) decidieron que los cambios dentro del grupo les obligaban a frenar y empezar un nuevo camino. Habían tocado en dos o tres festivales grandes (Sonorama, Festival da Luz), pero en lugar de aprovechar el impulso se replantearon su música y cómo presentarla al público. El resultado es Changes (Regalamúsica), ocho canciones pop de guitarras elegantes, querencia británica noventera y melodías reconocibles pero no simples. Aprovechando la producción ajustadísima de Javier Abreu, un clásico de la escena viguesa, la impecable materia prima de «Our Last Resort» o «Ordinary People» alcanza su punto exacto gracias a unos arreglos muy ajustados y armonías vocales siempre en el sitio adecuado. Como son un grupo muy articulado, dejamos que ellos mismos nos expliquen todo este proceso, un camino largo pero con unos resultados que superan sus pasos anteriores.

Antes de nada nos ponemos al día. ¿Qué pasó con BestLife (Underyourseat) desde Invincible Anymore (2016) hasta Changes?

La vida, tal vez. Invincible Anymore es el disco que BestLife quería hacer en 2016. Un disco con el que se completaba una etapa. Changes es el disco que BestLife quería hacer en 2018. Y aunque se trata del mismo grupo, está integrado por los mismos miembros y tiene el mismo nombre, en realidad ahora podríamos decir que es otro. El proceso creativo ha cambiado, el trabajo en el local de ensayo ha cambiado, el propio concepto de BestLife sobre sí mismo, como grupo, ha cambiado. Y todo ello es el resultado de una evolución.

De un camino que hemos recorrido hacia la madurez como banda y que, fuésemos o no plenamente conscientes de ello, emprendimos después de Invincible Anymore. Porque en el fondo no se trata de mucho más que de eso. De una renovación que se ha producido de forma natural, que al principio se limitó a pequeños cambios en nuestra manera de funcionar y que, desde el momento en que echó a andar la colaboración con Javier Abreu y Regalamúsica, ha supuesto la adopción de todo un nuevo enfoque como banda. Todo eso ha pasado entre Invincible Anymore y Changes. Que no es poco.

Tras el primer disco tocasteis en varios festivales importantes, y parecía que el segundo os llevaría un paso más allá. Parece que no fue así, y me pregunto si sabéis por qué y si os afectó en algo como grupo.

Tiene un poco que ver con lo anterior. Cuando terminamos de grabar Invincible Anymore nos dimos cuenta de que las cosas en el grupo, incluso su propia identidad, habían comenzado ya a cambiar. Y el resultado, como decíamos antes, era una nueva forma de entender BestLife. Así que llegó el día en el que tuvimos que decidir si queríamos salir a la carretera a defender un trabajo del que estábamos muy orgullosos pero que entendíamos que era el cierre de una etapa anterior o queríamos que las canciones que iban a sonar en nuestros directos tuviesen un poco más que ver con nosotros mismos como grupo. Y para conseguir esto había que tener paciencia, renunciar a algunas cosas y ponerse a trabajar.

Creo que la producción de Javier Abreu saca mucho y buen partido a las canciones. Las guitarras, en concreto, ganan en brillantez y contundencia sin necesidad de apabullar, también ganan las armonías y los teclados que se estrenaban en Invincible Anymore parecen menos presentes. ¿Estaba pensado desde antes de grabar el sonido que buscabais?

Muy pensado. Primera en la cabeza infatigable de Javier y luego en la de todos. Hubo muchas y muy largas sesiones de preproducción, algunas de días enteros, donde se fue trabajando parte por parte cada instrumento, cada melodía, cada armonía, cada dinámica, cada textura. Casi podríamos afirmar que no se dejó nada al azar, salvo las lógicas modificaciones que se producen en el estudio cuando, de pronto, a alguien se le ocurre una muy buena idea. Pero vamos, apenas hubo cambios significativos. Son los mismos temas que salieron de las sesiones de preproducción.

¿Fue difícil dejar todo en manos de un productor externo al grupo? ¿Cómo fue la relación en el estudio?

Fue muy difícil, pero también muy satisfactorio. En varios sentidos. Fue difícil porque la inercia es un enemigo muy peligroso en los procesos creativos. Adquieres hábitos, mecanismos de trabajo, vicios. Y es realmente complicado soltarlos. Acabas creyendo que la única manera lógica y posible de hacer canciones es la tuya. Pero fue muy satisfactorio precisamente por eso. Por todo lo que creces como músico cuando descubres nuevas vías que jamás habías explorado y ves que funcionan. Y que funcionan muy bien.

Pero es que además se produce un curioso efecto en esta clase de cosas, y es que al final, cuando comprendes que puedes confiar plenamente la persona que está al mando, te sientes muy liberado. Con Abreu las cosas se hablan, se razonan, se estudian, y si estamos todos de acuerdo en seguir un camino porque parece el más adecuado, aunque no sea el que él originalmente había pensado, se sigue ese camino. Aunque el muy cabrón no suele equivocarse muy a menudo.

¿Suenan las canciones según vuestras expectativas previas o el resultado final os ha sorprendido (y en qué si es así)?

Debemos reconocer que las expectativas eran muy altas. El trabajo con Javier previo al estudio duró meses y la grabación del disco también. Uno es consciente de cuándo está avanzando en el buen camino y de cuándo lo que está haciendo está saliendo bien. Pero las fases de mezcla y masterización fueron definitivas. Con las primeras escuchas, aunque fuesen de prueba, ya nos dimos cuenta de que estábamos jugando en otra liga.

Copio y pego de una entrevista de hace un par de años: “¿Rock americano setentero? Probablemente. ¿Un poco de britpop de los noventa? Tal vez.” ¿Os reconocéis todavía dentro de esos márgenes?

Sí, claro. Con total seguridad. Lo que ocurre es que la producción musical nunca se mueve en un eje horizontal, de dos dimensiones, donde las canciones pican al rojo o al azul. El rock de los años 70 sigue presente en BestLife y, por lo tanto, en Changes. Y con el britpop ocurre lo mismo. La diferencia es que ahora tal vez intervengan más estilos en nuestra producción musical, directa o indirectamente, o al menos de una forma más presente, y esto lo que provoca es que el rock setentero, por ejemplo, se ve más diluido entre otros muchos géneros y su presencia resulta mucho menos evidente. Pero sigue estando ahí, como la psicodelia, la americana o el propio britpop.

Aunque ya es un tema que hace tiempo dejó de levantar controversia, la verdad es que cantar en inglés pasó de ser casi obligatorio en los noventa a volver a ser casi una excepción entre los nuevos grupos más o menos independientes. ¿Creéis que hoy en día resta?

Tanto como restar no, porque, de hecho, hay bandas enormes hoy en día en el panorama nacional que cantan en inglés, pero es cierto que tampoco suma. Que todo el público, hable o no idiomas, entienda al momento la letra de una canción en un directo, por ejemplo, es un plus de los grupos que cantan en castellano o, en el caso de Galicia, en gallego. Sin embargo nosotros somos una especie de enfermos devotos de la melodía, y creemos que en el rock y el pop todo debe estar al servicio de ésta. El inglés no sólo es el idioma en el que cantan la mayoría de las bandas que todavía hoy escuchamos, sino que además es una lengua mucho más dúctil que el castellano a la hora de hacer encajar la letra en una melodía escrita previamente. Y eso es un punto a su favor que, en nuestro caso, inclina la balanza.

Seguís autopublicando vuestros discos. ¿Es el único camino para BestLife (Underyourseat), escogido por convencimiento, o sólo un medio para poder llegar en un futuro más o menos cercano a una discográfica?

Hasta ahora hemos publicado nosotros mismos nuestros discos porque en el mundo editorial nos movíamos a tientas, sin saber muy bien qué paso dar ni en qué dirección. No era parte de una estrategia. Tampoco una cuestión de principios. Se trataba, seguramente, de una mera huida hacia adelante. La razón por la que ahora trabajamos con Regalamúsica es que, además de funcionar como plataforma para muchos otros grupos, formen parte o no del sello —lo que constituye una ventaja táctica—, han demostrado dese el principio ser gente muy profesional y nos ha colocado en el camino correcto. Esta es otra de las características de ese nuevo enfoque del que hablábamos antes.

Otra incógnita contemporánea en el asunto discográfico es si el disco físico sirve para algo más que auto promocionarse.

Ojalá tuviésemos una respuesta concluyente para esa pregunta. Es posible que ni la propia industria lo sepa. En el fondo, tal vez lo único que sucede con el disco físico es que es un formato más. Hoy en día hay gente que escucha música en vinilo, en CD, en plataformas de streaming, a través de descargas, etcétera. Hace años el disco físico era, a fin de cuentas, todo lo que teníamos. O comprabas el disco o no escuchabas el disco. Así de sencillo. En la actualidad dispones de muchos canales para acceder al contenido musical que quieres, y eso te permite elegir. Cerrarse a uno de esos canales o limitarse a un grupo reducido de ellos sería un poco absurdo. Nosotros ofrecemos el disco a través de todas las vías que se nos ocurren, y el formato físico es una más. ¿Por qué renunciar a ella?

La última es obvia. Sois unos jóvenes veteranos, así que sabéis bien el terreno que pisáis, pero supongo que al publicar un nuevo disco siempre hay expectativas. Antes hablábamos de las artísticas, ahora toca hacerlo sobre las comerciales.

El problema —y la virtud— de las expectativas es que son la variable a partir de la cual evalúas los resultados y decides si has tenido éxito o no. Lo fácil sería fijarse unas expectativas muy bajas, porque eso nos permitiría darnos por satisfechos con muy poco. Pero no es así. Nuestras expectativas son muy altas en todos los sentidos. ¿Eso encarece el éxito y lo hace más inaccesible? Posiblemente. Aunque tal vez habría que definir previamente qué es el éxito.

Para nosotros significa convencer. Poner de acuerdo a la mayor cantidad posible de gente. Sería un ejercicio de hipocresía decir que hacemos canciones únicamente para nosotros. En ese caso nunca sentiríamos la necesidad de sacarlas a pasear más allá de las puertas del local. ¿Pero convencer significa obtener una repercusión comercial elevada? No tiene por qué. Sea como sea, lo único seguro es que nuestras expectativas, como decíamos, son altas. A pesar del riesgo que eso conlleva. Pero es que, sinceramente, no conocemos otra forma de hacer las cosas. Y como dice el viejo aforismo: sin riesgo no hay gloria.

 

Texto: Carlos Rego

Foto: Pablo Araujo

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