Encuentros

Sigmund Wilder, el arte del autoboicot

Foto: Sergi Mila

No es lo que parece: Sigmund Wilder lo tiene meridianamente claro, y dudamos mucho que vaya a boicotear una Carrera recién iniciada con dos discos, un album y un Ep de hipnótico contenido. De ellos y de sus circunstancias nos habla a pocas horas de participar en CurtCircuit el próximo viernes 2 de marzo (sala Bikini).

 

Sigmund Wilder es David Martínez. ¿Es David Martínez Sigmund Wilder? ¿Qué les une y qué les diferencia?

Creé a Sigmund para poder desarrollar mi faceta artística olvidándome por completo de quién soy, dónde trabajo, quién me está observando y con qué lupa y cómo es la vida cuando suelto la guitarra, cierro Cubasis o pongo un pié fuera del escenario. Sigmund es mi escudo no humano. Él escribe sobre mí, sobre personas de mi entorno. Yo intento no hacerle demasiadas preguntas ni racionalizar lo que él saca inocentemente del subconsciente. Acepto su arte sabiendo que me está desnudando ante los demás. Juego con la ventaja de su tendencia a escribir con un lenguaje un tanto críptico. De esta forma, muchas de las cosas que cuenta siguen quedando entre nosotros dos. Nos une esta terapia llamada arte, la necesidad de buscar formas de canalizar experiencias y exorcizar malos espíritus del pasado. Nos distingue que a mí me suena el despertador cada mañana y a él no. Si algún día Sigmund necesitara tirar de despertador, significaría que yo he dejado de necesitarlo.

Juegas con una tradición muy interesante, la de usar la primera persona con seudónimo, pero se adivina que tras tu liderazgo incuestionable se encuentran unos músicos más que solventes. ¿Hasta qué punto son importantes en el sonido final? ¿Qué margen de maniobra les concedes, marcas líneas maestras o pides una sonoridad concreta, unos arreglos precisos?

En el estudio, el 90% del proceso es un mano a mano entre David Palau y yo. A excepción de la batería, todo está interpretado por los dos. Por orden cronológico, yo compongo las canciones de forma íntegra, grabo las demos y las desarrollo hasta que considero que contienen toda la información necesaria para que David Palau, productor del disco, sepa exactamente en qué dirección van y qué universo sonoro hay detrás de cada canción. A partir de ahí, entra en juego la magia de trabajar con un master de la producción. Alguien que sabe interpretarme al milímetro y sabe cómo traducir la personalidad de las canciones y materializarla en el estudio. La clave del sonido de Sigmund Wilder reside en cómo artista y productor, en este caso el tándem Martinez-Palau, nos entendemos con tan sólo mirarnos. En cómo sabemos comunicarnos, entendernos y leer nuestras mentes de una forma totalmente natural y en cómo transformamos nuestra química personal en magia.

 

Hablando de sonido, es indudable que habrías sido totalmente feliz actuando y grabando en la década de los ochenta, con un ojo puesto en la escena after-punk británica…

Hubiera dado mucho por nacer diez años antes y vivir esa década desde el prisma de un joven adulto. Me tocó hacerlo bajo el prisma de un niño que a sus 8o9 años quedaba perplejo viendo a los Talking Heads, a Echo & The Bunnymen o a The Cure en televisión. No sé cómo hubiéramos sonado por aquel entonces ya que los sonidos que hoy son nuestro referente se estaban desarrollando. El hecho de sonar tan propio de esa década a día de hoy es fruto de haber escuchado a todas esas bandas desde un estado prácticamente embrionario. Si pudiera, obviamente me llevaría a Sigmund Wilder al Londres de 1984 y publicaría The Art Of Self Boycott. Seguramente pasarían cosas y efectivamente, como bien dices, sería muy feliz.

Muy bueno, el título de tu primer álbum, The Art of Self Boycott. ¿Lo practicas, o intentas esquivarlo?

Creo que todos los practicamos de forma inconsciente. El arte del autoboicot nos libra de afrontar nuestros miedos, nuestras inseguridades y todo aquello que nos incomoda. Es muy preferible vivir de espaldas a todo ello. También es cierto que esa comodidad nos priva de conseguir retos, redescubrirnos día a día y darnos cuenta de que somos capaces de mucho más de lo que pensamos. Sí, intento esquivarlo desde que sé de su existencia y de los efectos nocivos que ha tenido sobre mí. Si no me hubiera enfrentado a él, hoy Sigmund Wilder no existiría.

El disco tuvo una buena acogida, y más siendo una referencia autoeditada. ¿Ha perdido definitivamente el olfato la industria musical? ¿Ejercer de francotirador es una  buena opción?

Nuestro disco debut tuvo una acogida muy sorprendente a nivel de crítica y creó un razonable séquito de seguidores muy fieles. En el terreno comercial no existimos. No tenemos sello discográfico ni agencia de management y esto es algo que obviamente dificulta mucho la difusión. Sobre la industria discográfica, se ha marcado claramente un “homo homini lupus est”. Sigmund lo llamaría “The Art Of Self Boycott”. Olvida que sus grandes imperios se construyeron fomentando el arte. Un día decidió dejar de invertir en la cocina de autor y apostar por fast food. Ha demostrado que una campaña bien dimensionada para vender sinsentidos hace que el publico consuma sinsentidos. No ha perdido el olfato, simplemente no recuerda que lo tiene ni tiene la voluntad de recordarlo. Ejercer de francotirador es una muy buena opción, pero es muy difícil de sostener económicamente. David Palau y yo parimos la música de Sigmund Wilder sin preocuparnos lo más mínimo de si va a gustar o no, o de si va a generar algún beneficio económico. Nos preocupa únicamente vivir intensamente los momentos de felicidad que nos aporta este proyecto y que el resultado final de lo que hacemos sea coherente a las emociones que en su día originaron nuestras canciones. No obstante, esta visión tan romántica te deja al margen del circuito.

 

Ahora presentas un Ep, The Day David Bowie Died, presentado justamente en el concierto de homenaje al Duque Blanco celebrado hace unas semanas en Barcelona, en una sala Razzmatazz llena de fans de David. ¿Es una de tus referencias básicas? ¿Qué sentiste interpretando sus canciones?

Es LA referencia. nunca en esta tierra volverá a haber alguien capaz de crear obras como Outside, Aladdin Sane o Low, de mantener una carrera de casi 50 años en ese nivel de creatividad. No ha habido nadie capaz de inspirar a tantas generaciones y nutrirse de ellas al mismo tiempo. Su capacidad de ir dos pasos por delante, innovar, reinventarse y marcar tendencia en cada paso era de otro planeta. En el homenaje interpretamos “Fashion” y “Scary Monsters”. Los días previos me sentí mal, me preocupaba hacer algo que pudiera no estar a la altura de lo que un homenaje a Bowie merece, sentí pánico a no afrontar los covers con el debido respeto. Como consumidor me ponen enfermo algunos covers y me daba vértigo caer en algo similar. Llegado el día tenía claro que lo que teníamos entre manos era correcto. Son dos temas complicados, pero creo que supimos Sigmundizarlos sin que perdieran su esencia. En el escenario me sentí muy cómodo.

Por último, no te has prodigado mucho sobre las tablas. ¿Tienes previstos algunos conciertos en un futuro próximo? La primera cita importante es este viernes, 2 de marzo, en Bikini (Barcelona) dentro del CurtCircuit 2018…

Nos importa mucho hacer bien las cosas. Crecemos poco a poco en la medida que un proyecto independiente sin ningún tipo de apoyo económico puede crecer. Nos preocupa mucho que nuestro show aporte una experiencia al público más allá de la música (sin que obviamente ésta mantenga todo el peso del show). Estamos trabajando a fondo en el concierto que daremos en la sala Bikini el próximo 2 de marzo dentro de la programación del Curtcircuit. Y como sabiamente dice el tema de Duran Duran: “And nobody knows what’s gonna happen tomorrow”.

 

ELMO LEWIS

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