Encuentros — 13 febrero, 2018 at 16:25

Jimmy Barnatán & The Cocooners, “no me cansaré de contar historias”

 

Bourbon Church, el último disco de Jimmy Barnatán & The Cocooners, tiene como punto de partida Nueva York. La ciudad de los rascacielos, para novelistas como Don DeLillo –que la cartografió a la perfección en su novela La calle Great Jones–, no es sólo tierra de oportunidades, sino también de blues: una nueva escala para medir el sentido de las almas fracasadas y las vidas olvidadas. Jimmy, en este álbum, hace un tour de force por todos aquellos lugares que formaron parte de su niñez.

El blues le ha ayudado a impulsar no sólo su carrera musical, sino también la literaria. Para él es sexo, política, comicidad y, sobre todo, una forma de luchar contra ese olvido que le atormenta. Hablamos con el artista cántabro de la gira que está llevando a cabo y que, tras su parada el 7 de y 9 de febrero en Madrid y Santander, respectivamente, se extenderá durante los meses de marzo, abril y mayo por todo el territorio español. El próximo fin de semana tienen dos nuevas citas: 16, Universonoro (Palencia) y 17 Casa de las Musas (Burgos)

¿Con ganas de comenzar la nueva gira? ¿Qué tal está siendo recibido vuestro último disco, Jimmy?

Sí, con muchas ganas. Han sido unos meses de parón, no total, porque hemos dado unos cuantos conciertos desde que acabamos el tour en septiembre. Pero tenemos ganas del ritmo frenético de conciertos que llevamos siempre. Tenemos ansiedad de asfalto, ganas de carretera y ganas de juntarnos con el público.

El disco nuevo está teniendo una aceptación muy buena. Llevamos un año con Bourbon Church y todavía le queda mucha vida. En Mayo o así saldrá nuestro nuevo trabajo, que se llamará El jefe. Banda Sonora de la peli de Sergio Barrejón.

¿Alguna sorpresa que tengas preparada? El concierto que disteis en la Sala Clamores de Madrid, el pasado mes de junio, con Big Mama Montse, Susan Santos, Mónica Menéndez y Ángel Vera fue muy bueno.

Siempre nos gusta montar algo divertido en cada concierto. El 7 de Febrero pasado en la Sala Sol de Madrid vinieron a colaborar César Strawberry y Samu Barranco de Def Con Dos, ¡así que la vamos a liar muy parda!

Una de las mejores experiencias que pudiste tener como músico, fue la de colaborar con uno de tus ídolos como Carvin Jones. ¿Cómo se forjó esa colaboración?

Desde luego. Ni Sergio González ni yo nos vamos a olvidar nunca de las dos giras que hicimos juntos. Once conciertos en once días cada vez, compartiendo escenario, furgoneta, hoteles y, con ello, miles de historias. Todo fue gracias a Álvaro Vidal de Pasión Eventos. Él nos juntó y nos dio a Sergio y a mí la posibilidad de girar con Carvin. Una pasada tener a un maestro así de cerca.

Cuando escucho Bourbon Church tengo la sensación de estar en Greenwich Village. En concreto, en el Terra Blues. ¿Era la intención?

El Terra Blues de Bleeker St. es uno de mis garitos preferidos de esa parte de la ciudad. Soy más del East Village, pero los dos últimos años me he quedado en el mismo bloque del Terra y del Red Lion, ¡gran lugar!

Queríamos que Bourbon Church sonara a ceremonia: a una iglesia muy particular a la que entras a las doce de la noche en vez de a las doce de la mañana. Y las ceremonias de nuestra iglesia del bourbon son más de bar que de capilla. El Terra Blues podría ser perfectamente uno de nuestros particulares templos.

Calificas a tu público como fiel a la par que hermético. ¿Se vive bien en las catacumbas?

Creo que el público de blues en España es así [Risas]. Evidentemente no es mainstream. Así que si ser fiel aunque minoritario es estar en las catacumbas, sí, así es, porque me flipan. Por otro lado, en grandes ciudades como París, Madrid o New York, en las catacumbas se han fraguado grandes historias.

¿Por qué te produce pánico el olvido? Te leí en una entrevista acerca de ello y es un tema que me interesa.

El olvido es la muerte absoluta. Siempre quise dejar un legado –qué mal suena esto –: un legado sin pretensión, un legado casi privado, como cuando nadie va a ponerte una piedra a la tumba; cuando después de muerto no hay una sola fotografía tuya en ningún marco al lado de otros viejos miembros de la familia; cuando nadie recuerda una sola historia tuya, por muy pequeña y absurda que sea, entonces te han olvidado. Entonces has desaparecido de verdad. Es entonces cuando estás muerto. Y sí: eso me produce terror. La memoria y el recuerdo son muy importantes para mí.

¿Sientes nostalgia de Harlem? ¿Te gustaría envejecer allí?

De Harlem en particular no. Siento nostalgia de mi New York de la infancia igual que de mi Santander de la infancia. Afortunadamente voy una vez al año a Nueva York y continuamente a Santander. Supongo que tengo nostalgia de la gente que ya no está. Eso puede encadenarse con todo mi rollo del olvido, el recuerdo y la memoria. Volver a estas dos ciudades hace florecer recuerdos. Y eso me encanta. Por eso no pasa mucho tiempo hasta que vuelvo a ellas.

¿Alguna vez has tenido el miedo de querer ponerle música a todos los lugares en los que has estado y quedarte sin banda sonora?

A todos no. He querido una banda sonora para mis dos ciudades, para mis dos oasis. También para Madrid y para alguna otra. Pero no para todas, y de momento no me quedé sin banda sonora.

A B.B King lo jubiló la muerte como él quería. ¿A ti también te gustaría que lo hiciera la música, o te gustaría hacerlo en el cine, televisión o como director de películas?

De esto no te jubilas fácilmente. Lamentablemente no creo que uno se canse de contar historias, bien en forma de canción, con un personaje, una novela o con un guion de cine. ¿Y la muerte? Que me lleve cantando –esto es un buen titular [Risas] –.

Jimmy, siempre has sido muy crítico con el IVA cultural. Pero me gustaría hacerte la siguiente pregunta: ¿no crees que el problema cultural en España va más allá de los impuestos? ¿Acaso se llenaban las salas de cine, de música y los teatros antes? Todos tenemos que reflexionar sobre ello.

Por supuesto que va más allá de los impuestos. Eso es innegable. Pero una sociedad sin cultura es una sociedad muerta. Servil. Tonta. Y es precisamente la finalidad de los que gravan al cine, los espectáculos en directo, el mundo del libro. Hay una confrontación abierta y directa contra el mundo de la cultura por razones ideológicas. Y eso es bochornoso. En ningún país decente un presidente diría jamás “yo no veo cine español”. Pero esto daría para muchas páginas, y yo, como Paco Umbral, he venido a hablar de mi libro.

 

Texto: Alex Zambudio

 

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