Encuentros — 14 diciembre, 2017 at 19:52

Schizophrenic Spacers, la hora de la verdad (y la catarsis)

 

Los que seguimos la trayectoria de Schizophrenic Spacers prácticamente desde sus comienzos, tenemos claras cuáles son sus cualidades más marcadas: Talento y tozudez. Lo primero está demostrado echándole una escucha a la impecable discografía que han ido construyendo a través de los años. Con sus múltiples influencias bien marcadas, han sabido labrarse una personalidad clara y definida, refrendada por esa habilidad para compones canciones colosales, de esas que casi te suenan a clásicas con tan sólo un par de audiciones. Classic rock en el más amplio sentido de la palabra. Y su obstinación amigos es legendaria. Este es un grupo que funciona a golpes de corazón, sin importarles absolutamente nada cual vaya a ser el premio, siempre y cuando ellos queden satisfechos con el trabajo hecho. Desde la publicación de su última colección de melodías (Riot, 2013) han pasado muchas cosas. Se metieron en la piel de ZZ Top y The Beatles en aquellas preciosas veladas organizadas por la gente de Producciones Acaraperro, llevándose a su terreno incunables como Tres Hombres o Sgt Peppers Lonely Hearts Club Band. Tuvieron las pelotas de publicar su propio doble álbum en vivo (Macumba, Live At Last, 2015), registrado en otra de esas noches para el recuerdo.

Su cantante, Sergio Martos, organizó el Billion Dollar Fest, harto de que nadie en este país de risa apostara por todos esos nuevos valores que reclaman a gritos una merecida atención que les es denegada una y otra vez. Y a lo largo de todo ese camino superaron algún serio contratiempo personal, que afrontaron sin perder nunca el entusiasmo y las ganas de hacer música. Antes he dicho tozudez, pero puede que se le deba llamar carácter, temperamento, ilusión y amor por lo que haces. Había llegado el momento por lo tanto, de meterse de nuevo en el estudio para aprovechar que la musa de la inspiración se encontraba en su punto más álgido. Un torrente de ideas llegaba sin cesar y había que registrar esa coyuntura de excelsa iluminación. Los Guitar Town Recordings de Cantabria sería el lugar elegido y el jefe de aquello, Hendrik Roever, el encargado de producir y pulir los diamantes que los Spacers habían acumulado. Diferentes visiones pero mismo concepto. Dos caminos bien dispares para llegar al mismo punto, era complicado que de la unión de semejantes bestias no saliera algo realmente interesante. It Better Be Good ya está aquí por fin, y me alegra comprobar que tenía razón. Doble vinilo, 22 nuevos temas. Siempre consiguen sorprendernos.

Lo primero que llama la atención de It Better Be Good es la cantidad de canciones incluidas. 22 temas, un esplendoroso doble álbum. ¿Cuándo os dais cuenta de que realmente vais a afrontar un proyecto tan colosal?

La verdad es que era una idea que ya teníamos prevista para Riot, siempre lo habíamos tenido en la cabeza como una gran ilusión que está ahí. Ya sabes que cuando eres fan quieres hacer lo que han hecho tus ídolos, aunque a veces sea ridículo (risas). Y era un disco que podía tener una temática, quizás no conceptual, pero sí que había un cierto pesimismo en todas las canciones y poseía una línea clara, pero al final el presupuesto no dio y decidimos centrarnos en los diez-doce temas que salieron. Y con este disco la verdad es que fue un fruto de la casualidad, íbamos componiendo y cuando llevábamos quince temas nos dijimos: ¿Por qué parar aquí? Y seguimos adelante hasta que al final salieron las veintidós canciones de golpe. Era como una tubería rota de la que sale agua sin parar, al final tuve que parar porque el flujo compositivo continuaba y se decidió dejar esas composiciones que iban saliendo sin cesar para un futuro disco.

Entonces en Riot lo teníais planeado y por las diferentes circunstancias no pudo ser y con It Better Be Good”que no había ningún plan preconcebido os lanzasteis sin pensarlo.

Si, exactamente. “Riot” como te digo, por cómo fue concebido, podía dar para haberlo hecho. Allí estaba la portada con el comic dibujado por Ladrón que podía darle una especie de concepto al disco, salvando un par de ellos, los temas tenían una continuación entre sí… en éste en cambio todo ha salido de una manera natural, no había ningún plan maestro para que saliera como ha salido.

Ya me has comentado que en el anterior álbum sí que había un cierto nexo conceptual que representaba todo el conjunto  ¿Hay en esta nueva entrega algún concepto continuista o lírico detrás del doble disco?

Al final el concepto es lo que sientes en cada momento. Por ejemplo, la apertura con “Nice Job” da una pequeña pista de por dónde pueden ir las canciones: Estoy cansado de mi trabajo… me siento agotado… puede que esto no dure eternamente… Y llegará el punto en el que lo mismo tenga que decir adiós, que sería “The Long Goodbye”. Las canciones pasan por un trámite que pueden trasmitir las diferentes emociones que sentimos nosotros mismos como banda. Ya sabes, a veces me duele la espalda de tanto trabajo pero sigo adelante porque estoy contento, estamos dando lo mejor de nosotros pero quizás la energía se esté acabando, no tenemos el suficiente público como para seguir adelante y lo vamos a dejar en cualquier momento… La temática general podría ser, salvo excepciones, el momento por el que pasamos. El no saber donde nos lleva la banda ni cuánto va a durar.

¿No os da cierto vértigo en los tiempos que corren asumir lo que a priori es una empresa tan arriesgada como la grabación de un doble álbum? Lo digo porque actualmente parece que la música en lugar de escucharla o disfrutarla, se consume. No parece que el público actual esté muy dispuesto a sumergirse en un concepto en el que el tiempo y la paciencia son herramientas imprescindibles a la hora de valorar una grabación como ésta.

Al final lo más importante es ser fan de la música, y tú como fan que eres sabes que te gusta tener un disco en el que perdures, en el que te pierdas, en el que encuentres detalles que no escuchas en las primeras audiciones si no de aquí a un año o dos y como creemos en ese concepto y en ese sentido, somos muy vintage, no tenemos miedo sobre esa cuestión. Lo bueno de darle actividad al vinilo es que la gente puede escuchar una cara, puede seguir por la segunda y no tiene porque seguir escuchando de manera seguida todo el álbum. Puede continuar al día siguiente o a la semana siguiente, cuando lo crea necesario. “Physical Graffiti” por ejemplo, y no me estoy comparando (risas), siempre lo he visto como dos discos muy diferenciados, y lo mismo podríamos decir del “White Album”, a veces me ha apetece escuchar un vinilo y a veces otro. Por la sinergia de las canciones, por cómo van unidas, por lo que me trasmite un disco u otro y tú me podrás decir que es una tontería, que es el mismo sonido, pero al final cuando un disco es doble, cada galleta tiene su propia vida.

En ese sentido, me ha dado la sensación de que habéis metido los temas más directos en las dos primeras caras y quizás los más introspectivos en las siguientes.

No ha sido una idea preconcebida esto que me comentas. Lo único que tuve en cuenta es que quería que los temas encajasen unos con otros, que el final de uno conectase con el principio del siguiente.

Cuando escuchas el álbum unas cuantas veces, te queda cierta idea de que es como una gran compilación de toda vuestra historia como banda. Como si hubierais resumido los veinte años de carrera en una colección de canciones, porque siempre he pensado que a pesar de que ya había muy buenas cosas en los dos primeros discos, comenzasteis a definir vuestra personalidad con “Give´em What They Need” y sobre todo en “Riot”. Ahora es como si hubieseis dado casi con la ecuación perfecta, sumando todos los elementos que habéis ido cultivando a través de los años para acabar sonando tremendamente efectivos ¿Estás de acuerdo?

Estoy de acuerdo contigo solo que ahí echo en falta la parte más loca de la primerísima etapa del grupo. Esa época de las primeras demos, los primeros conciertos, en la que todo podía pasar, en la que las canciones no eran propiamente canciones si no sólo ideas con estructuras sueltas muy locas, pero sí, cuando tienes veintidós canciones e intentas no repetir un patrón, que siempre ha sido un poco la clave de la banda y jugar un poco con el amplio concepto de la palabra rock, puedes irte al sonido de “Riot”, “Give´em What They Need” o incluso “2nd Round”. Lo bueno de este disco también es la producción de Hendrik, que tengamos por fin un sonido como Dios manda hace que en cierta manera te ate la carrera entera. Si este disco fuese el último de nuestra carrera sería un colofón perfecto, en el sentido de que la banda finalmente suena a banda, tenemos un sonido de disco real, porque siempre había tenido la sensación de que lo que publicábamos eran demos con buen sonido y con este disco lo que conseguimos es tener una unidad a todos los niveles, composición, masterización, etc. Si a eso le sumas los ciertos cambios estilísticos que siempre incorporas, eso le da una credibilidad a las canciones más homogénea, sin tener la sensación de coger de aquí o de allí.

“It Better Be Good” podría traducirse más o menos como “mejor que sea bueno” ¿Es el título una reacción positiva y visceral a los múltiples problemas personales que habéis tenido que afrontar en los últimos tiempos?

Si totalmente, era cuestión de decir: A partir de ahora queremos que lo que venga sea bueno y se acabe toda la negatividad que nos había tocado vivir. Siempre he pensado que después de un pequeño periodo oscuro, porque tampoco hemos vivido una guerra (risas), ha de venir cierta luz que se vislumbre en el horizonte y bueno, el padre de Manolo, nuestro bajista, murió, David que siempre ha sido el quinto Spacer sufrió un ataque al corazón, yo lo deje con mi pareja después de doce años y la culminación fue el cáncer de nuestro guitarrista Alberto. Si le sumas que el grupo no acababa de funcionar al nivel que deseábamos, que tras dar un paso retrocedías dos, pensamos que con estas nuevas canciones que lo que tenga que venir sea bueno y sea mejor, si no en lo musical, al menos en lo personal, que funcione.

Entremos en el disco. Me gusta mucho como habéis utilizado esas introducciones que dan paso casi siempre a temas con potentes riffs de inicio. Desde ese bonito piano que acompaña tu voz en “Nice Job”, hasta esa contundencia casi Sabbathica de “Black Bog”, sin olvidarnos de la bonita melodía acústica de Alberto en “Sofa Afternoon” ¿Cuál era la idea a la hora de incorporar estas introducciones?

Mi idea era darle al disco un descanso. Cuando crees que el oído se te está saturando después de unas cuantas canciones muy directas, llega “Black Bog” que es como entrar en otra fase del álbum. Si sigues escuchando y corres el riesgo de llegar a cansarte, aparece el interludio de Alberto con “Sofa Afternoon”, que en un principio era una idea para trabajarla en una canción, pero me gustó tanto que le comenté a Alberto de dejarla así y utilizarla para eso, para entrar en otro paisaje del disco.

Sois una banda de multitud de influencias, pero en vuestras canciones casi siempre esas influencias han estado como escondidas, dejando asomar de vez en cuando vuestras pasiones por bandas como The Who, Thin Lizzy, Aerosmith o Cheap Trick.  En esta ocasión seguís con vuestra marcada personalidad, pero habéis añadido una versatibilidad mucho más amplia. La riqueza estilística que se exhibe en las veintidós canciones incluidas es tremenda. Poco tiene que ver por ejemplo la luminosidad de “From Here” con los aires negroides de “Physiotherapist” o la crudeza de “After The Grapes” con la belleza de “A Parade” ¿Os habíais marcado esto como reto? ¿O quizás ha sido fruto de ese torrente de inspiración por el que estabais pasando?

Todo ha salido de una manera muy espontánea. De hecho, cuando he querido componer alguna canción con alguna intención porque la necesito para algún momento del disco, siempre ha sido un desastre. Te diría que con el único tema que me he forzado a que suene con unas características determinadas ha sido “Exhausted”, que es una canción donde rompo la voz con un riff claro, la parte de “Twilight Zone” en medio y la vuelta para al final para retomar el tema. Quizás esta sea la única premeditada en cuanto a composición, el resto salieron todas de manera muy natural.

Es quizás como salen la mayoría de las grandes obras.

Tú escuchas “Billion Dollar Babies”, “White Album”, muchos de los discos de Todd Rundgren, incluso Zeppelin en “Led Zeppelin III” o “Houses Of The Holy” y nunca escuchas una misma canción o un mismo tono, los caracteres van cambiando durante el disco, que es lo que le da personalidad a una grabación, cuando tú vas creando tus propios personajes en tu cabeza. Yo recuerdo cuando empezaba a disfrutar de la música y escuchaba los discos y cada canción tenía vida propia. Escuchaba “Destroyer” de Kiss y “God Of Thunder” era el puto demonio, pasaba a “Detroit Rock City” y era justo eso, lo que era la canción, un tío asistiendo a un concierto, ponía “Beth” y estaba con mi chica en la cama y finalmente escuchaba “Do You Love Me” y me veía coreando en un estadio. Y todo esto sin saber exactamente de que iban las letras y sin entender el porqué de una producción de Bob Ezrin, que es lo que hacía que todos esos temas tan diferentes tuvieran un porqué y se enlazasen de manera tan perfecta. Eso es lo que siempre he querido reflejar en la música de los Spacers, que las canciones te lleven a algún lugar sin que la temática tenga que ser necesariamente la misma en todas las composiciones. Quizás en este disco eso se nota más que nunca, porque aunque cada canción baila para un lado, hay un denominador común que, dicho con toda la humildad, creo que es mi voz. Mi voz filtra las canciones porque no puedo evitar ciertas cosas, yo no soy un imitador de voces, tengo un tono que no puedo corregir ni puedo variar y eso es lo que hace que si haces “Physiotherapist”, que es mucho más negra y que va mucho mejor para mi voz, funcione, y si haces “Exhausted”, que es un tono que rompe, entre dentro de lo que es la sinergia de la banda.

Otra de las características que he notado es una mayor diversificación en la guitarra de Alberto. En temas como por ejemplo “Ode To A Fat Man” me suena muy novedosa con respecto a su estilo clásico.

Estoy de acuerdo. Alberto por ejemplo en “Give´em What They Need”, que fue el primer disco que hizo con nosotros, en los temas más diferentes sonaba más forzado que ahora, porque a estas alturas ha asimilado un montón de influencias que antes no tenía. Alberto lleva en el grupo desde finales del 2008 y cuando llegó no escuchaba Devo y ahora es fan de Devo. Ahora tiene un montón más de influencias que antes cuando estaba en Ron Vudú o no escuchaba o no había llegado a ellas y ahora, a lo largo de los años, ha abierto el abanico y ha ido asimilando otros gustos y otros sonidos que inevitablemente acabas haciendo tuyos, y eso es genial.

¿Esta versatilidad musical encontrada al final, es el camino a seguir en el futuro?

Yo creo que el camino a seguir en el futuro es grabar con Hendrik (risas). Lo que quiero decir es que ha sido una suerte de que él nos entendiera, porque hablando de música con él te das cuenta de que no estás tan alejado como parece. Quiero decir que un tipo que su banda favorita es NRBQ, que antiguamente venía de Freddie King y que hoy en día te dice que si hubiese ido al Azkena lo hubiese hecho por King´s X… Tio, son tres palos completamente diferentes, y los que somos fans y también músicos entendemos perfectamente ese círculo tan amplio y tan bonito de combinar cosas tan diferentes. Y Hendrik entendió ese concepto y lo mismo se metió en “Physiotherapist”, que en “Exhausted”, que en “Space Balloon”.

Porque Hendrik ¿Hasta qué punto ha influido en la grabación? Supongo que no en la composición, pero si ha trabajado en la construcción del álbum, porque además vosotros sois una banda que cuando entra a grabar lo hace con las ideas muy claras y las canciones muy trabajadas.

Y esta vez también. Hendrik ha sido como un mago echando pócimas en los temas. Por ejemplo, el dobro que suena en “The Long Goodbye” fue idea suya, y nos ha ayudado en todos esos pequeños detalles de tratamiento de guitarras y de voz que colorean una obra. Y sobretodo dotándonos de ese sonido tan natural y alucinante que es lo que hace que las canciones funcionen solas, pero el tema de composición iba ya muy trabajado.

¿Cuándo tomáis la decisión de viajar hasta Cantabria y registrar vuestra grabación más ambiciosa en los Guitar Town Recordings con Hendrik Roever en los controles? Porque aunque había participado en la grabación de unos cuantos grupos que os gustan, albergabais algunas dudas.

Las dudas eran por si podíamos encajar o no. No sabíamos que podía llegar a entender todas nuestras influencias, ya sabes, sólo habíamos rascado la superficie y no sabíamos hasta donde podía llegar la afinidad musical, y una anécdota que nos dejo muy tranquilos en ese aspecto fue cuando le comenté que nosotros para enlazar las canciones solíamos dejar un espacio entre tema y tema, y él nos contestó que en ese sentido tenía como referencia el “Powerage” de AC/DC. Ahí dije: Vale (risas), él ya sabe cómo se tiene que encajar el principio con el final. Y la decisión de trabajar con él fue como consecuencia de querer dar un salto cualitativo con respecto al sonido. Teníamos el ejemplo de “Riot” donde ni el bajo ni las baterías sonaban bien, y entonces escuchamos los discos de Soul Jacket, Sra. Robinson, el último de Los Chicos, además de los mismos trabajos de Los Del Tonos y el sonido era alucinante, y fue cuando decidimos que si el presupuesto y las fechas nos cuadraban pues nos iríamos para allí sí o sí.

¿Y la reacción de Hendrik? ¿Él ya os conocía?

Si, ya nos conocía y recuerdo que cuando fuimos a Zaragoza a conocerlo yo mismo le pregunté si creía que podríamos ser afines y conectar bien y me dijo: “Totalmente, esto es rock´n´roll”. La conexión fue total, hubo un momento que me comentó una cosa que me gusto mucho: “Yo soy un fotógrafo, yo grabo a la banda e inmortalizo esos momentos, pero yo no vengo a tocar vuestra música, vosotros sois lo que sois y a partir de ahí trabajamos en conjunto”. Creo que es la definición perfecta de lo que ha de ser un productor y de cómo debe colocarse en el proyecto en el que esté trabajando. Yo no puedo cambiar a la banda, pero me puedo amoldar a ella aportando lo mejor de mí talento. Por eso creo que hemos funcionado tan bien, porque el entendimiento ha sido reciproco.

Desde el punto de vista de la producción trabajar sobre veintidós temas también ha debido de ser todo un reto y un trabajo tremendo.

De hecho, mi pregunta hacia él era: ¿Tú crees que tantas canciones van a funcionar? ¿No crees que pueden llegar a saturar? Y él que había escuchado todos los temas en versión demo me decía que había salteado la escucha en varios lugares, en el estudio, en el coche y que en ningún momento había escuchado ningún tema que le chirriase.

Suena a tópico, incluso a tópico un poco estúpido si quieres, pero es una realidad que es vuestro mejor disco sin duda ¿Tenéis vosotros esa misma sensación?

Sí la tenemos, sobre todo por lo que comentábamos antes, porque por fin hemos podido tener un sonido de verdad y hemos quedado satisfechos por completo. Antes en las primeras mezclas ya quedábamos descontentos con cosas que se podían mejorar, y esta vez tenemos el convencimiento de que presentamos un disco contundente, con todas las de la ley. También por la magnitud de la obra, hay tanto donde elegir que tampoco se podría comparar con los anteriores. Luego piensas; ¿Te arrepientes de algunas cosas en tu vida? Sí, “Riot” que era un trabajo que venía muy del corazón, ojalá hubiese podido tener el sonidazo que tiene éste, pero bueno, a lo hecho pecho y tiras para adelante, puedes cambiar el futuro pero no el pasado, pero no puedes evitar tener la imagen de un cuadro muy bonito desde que empezó a gestarse, pero que está incompleto en algunas de sus fases.

Cuatro discos de estudio, un doble en directo, multitud de noches temáticas (de los que hay que señalar fueron auténticos pioneros) y ahora un majestuoso doble vinilo. Los artistas siempre tienen, y si no los buscan, nuevos retos ¿Cuántos desafíos o sueños les quedan por cumplir a Schizophrenic Spacers?

Seguir disfrutando con esto y sobre todo, a nivel de banda, llegar al próximo veinte aniversario, lo demás ya se verá. Es duro seguir en las condiciones en la que está este negocio para las bandas como nosotros, pero si haces unas cuantas canciones que acaban gustando a la gente, vale la pena el esfuerzo.

Es realmente increíble el momento tan prolífico que vive nuestro rock y que prácticamente nadie esté haciendo caso a lo que está pasando.

A mí me parece incomprensible que por ejemplo, una emisora como Rock FM que se enorgullece de apoyar el rock´n´roll, no tenga en sus programas ese pequeño segmento dedicado a las numerosas bandas nacionales que están haciendo cosas tan increíbles hoy en día. Grupos de tu propio país, de al lado de casa, que no tienen nada que envidiar a nadie y que no haya nadie, ni un caza talentos, ni un presentador, que diga, voy a seguir a este tipo de artistas y vamos a hacerles un seguimiento y darles un poco de apoyo. Intentar hacer una nueva N.W.O.B.H.M con gente autóctona de variados conceptos pero afines unas con las otras… No sé, no tengo ni idea de cómo funciona, pero ojalá existiera hoy día un Chapa Records o ese alguien que cogiera a los jóvenes y les dijera: “Vamos a trabajar con esto y a ver hasta donde llegamos”. Todo ha cambiado mucho, las bandas de fuera tampoco llevan el mismo público que antes, pero lo que es cierto es que los grupos de aquí lo tienen muy complicado porque no hay ningún tipo de infraestructura ni tan siquiera para tocar en directo. Bourbon tío… esa banda tiene embrujo. Como tener el rollo y el duende de Triana, dándole una vuelta a lo Grand Funk y que encima suene bien y con personalidad. Y como ellos un montón más.

Andrés Martínez

Foto directo: Xavi Mercadé

Fotos estudio: El Chato

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