Encuentros — 11 diciembre, 2017 at 13:04

Deadyard: Rock’n’roll sucio y callejero

 

 

De las entrañas de Barcelona, producto de una mala digestión de vino y rock’n’roll, nacen cinco monkey monggahs a cuál más gamberro, como cinco Gremlins rociados en alcohol saliendo del alcantarillado dispuestos a poner patas arriba la ciudad. Ahora, más que actitud y declaración de intenciones, lo suyo son hechos consumados.

Provenientes de bandas como ’77, Rippers o The Cannibal Queen, entre saltos y gritos, estos cinco monggahs suben los amplificadores al 11 y aporrean la batería como en aquella escena de Odisea en el espacio. Siembran el terror y la destrucción, y entre conciertos de punk y jarras de cerveza han sacado tiempo para entrar en el estudio de grabación y salir con The Monkey Monggah EP. «The Boys Are Out» sirve de adelanto y ejemplo de lo curtidos que están en el pantanoso terreno del rock’n’roll sucio y callejero. Su hábitat natural es la Rocksound y el Psycho a altas horas de la noche, aunque el próximo 22 de noviembre se les podrá ver en el Almo2bar. Eso sí, una cita sólo para valientes.

Provenís de distintas bandas, ¿cómo surgió el juntaros para Deadyard?

Marc: Traitors, la banda en la que estábamos mi hermano y yo, agonizaba, y al mismo tiempo con Pablo retomamos el contacto después de muchos años. A los 5 minutos ya salió lo de hacer algo, y a la que Traitors murió, nació Deadyard. Llamé a Carlos, con el que ya teníamos esa idea de hacer algo, y a Rau, que no conocía más que de verlo en ‘77, y les pareció cojonudo todo. Ahora que ha pasado 1 año desde aquello, Deadyard ha pasado a ser nuestra banda principal.

¿De dónde sale la idea para el nombre y qué significa para vosotros?

Marc: El tema del nombre… la verdad es que buscar el nombre para un grupo siempre es una mierda. Podríamos habernos llamado Flying Peláez, o Oclusiones Peláez, pero al final se quedó Deadyard. Lo vi en una revista que trajo una colega de Praga. Había artículos sobre burlesque, de magia negra, de Lemmy, drogas… de cualquier cosa freak que se te pase por la cabeza. Y en una pequeña nota hablaban de esta tradición funeraria caribeña llamada Nine-Nights, o también conocida como Dead Yard, en la que durante 9 noches homenajean al muerto. Nos gustó el tema de que fuera una celebración festiva con comida, bebida, música, un poco lo que hacemos, ¿no? Los que estamos aquí queremos que esto sea así: una celebración de rock’n’roll, rodeados de gente que disfruta de esto para compartir ese momento.

Sois puro rock’n’roll “sucio, callejero y gamberro”, pero ¿qué influencias reales tenéis?

Rau: ¿No te crees que tengamos influencias “sucias, callejeras y gamberras”? [ríe] Nuestras influencias son muchas y muy buenas, y eso es lo que nos mola de la banda, que cada uno tiene las suyas y quedan cojonudas cuando las juntamos.

Acabáis de editar The Monkey Moggah, un EP con 6 trallazos como 6 soles. ¿Cómo ha sido el proceso de composición?

Carlos: Las ideas pueden venir de casa o aparecer de forma espontánea en el local, los temas se van construyendo poco a poco y todos formamos parte de ese proceso, no es algo de una o dos personas.

Del EP se hizo una tirada muy reducida en vinilo. ¿Cómo surgió la iniciativa? ¿Qué significa el formato para vosotros? ¿Repetiréis?

Marc: No había caja para hacer una tirada grande “normal”, ni sello que se interesase, así que ya casi por capricho y por tener nosotros una copia en vinilo, decidimos sacarlo así, haciendo algunas copias más para vender, sin ganar nada por ello. David Pàmies es un gran coleccionista y amante del formato, y tiene el cacharro para hacer copias “caseras”… es muy divertido hacerlo. En cuanto a si repetiremos… es probable que volvamos a hacer cosas así, es una buena manera de sacar canciones en un formato que de otra manera no podríamos. De todas maneras, vamos a hacer edición “normal” del EP en vinilo, antes de que acabe el año debería estar.

Al final hacer esto es algo natural para nosotros: todos en la banda crecimos entre casetes, CD, y discos de vinilo también, y con la evolución digital, parece ser el único formato por el que vale la pena pagar. Te llevas una portada bien grande, el diseño luce más, y cuando lo pinchas ves el original por cojones, se puede mantener mejor una conexión emocional con lo que vas a escuchar. Y el sonido es imperfecto, lo cual encaja perfectamente con el rock. Evidentemente, también consumimos música en mp3, en Youtube, en Spotify y en la plataforma que sea, tampoco somos puristas.

Lo grabasteis en Kápita Recording Studio junto a Albert Susmozas y Jordi Pla. ¿Cómo fue la experiencia?

Carlos: Son gente muy cercana y con mucha voluntad y paciencia, sobre todo paciencia. La grabación fue muy bien, muchas risas y todo muy fluido.

Rau: Albert y Jordi son colegas de Pablito y eso facilitó la decisión de qué estudio elegir, ¡y fue un acierto! ¡Son grandes profesionales y aguantaron como campeones nuestras pesadas digestiones!

Me gustaría que comentarais la inclusión de «Coffin Ride» de Traitors, y de dónde salen los coros femeninos en «Monkey Monggah Blues».

Marc: «Coffin Ride» es lo último que compusimos con Traitors, y encaja perfectamente en Deadyard. Necesitaba ver la luz, así de simple. «Monkey Monggah Blues» se construyó básicamente en el estudio. De entrada, no la íbamos a grabar, ¡y al final es la más producida! Se decidió prácticamente todo al vuelo, y los coros igual. La canción en ese punto pedía un contrapunto vocal, un duelo pregunta-respuesta con Pablo, y se lo pedimos a Aida (Liar Desire), que es la novia de Albert, el ingeniero del estudio donde hemos grabado el EP, así que más cómodo no pudo ser.

Hay una pregunta que aquí me parece obligada: tras el EP, ¿habrá que esperar mucho para el LP? Algunos ya tenemos ganas de que llegue.

Carlos: Ahora mismo estamos preparando editar dos temas y hacer una pequeña tirada en vinilo, además tenemos a nuestro amigo Monga Sasturain, que es un conocido tatuador, trabajando en todo el artwork. Al mismo tiempo, estamos componiendo más temas para otro futuro EP, nos gusta más la idea de ir sacando EP’s cada poco tiempo, que un LP cada mucho.

Marc: Quizá no llegue nunca, nos hemos planteado no sacar LP’s. Casi nadie tiene la paciencia ya para escuchar un LP entero. Y muchas veces metes relleno para llegar al minutaje. Ya veremos, no hay nada decidido 100%. La música que nos salga decidirá.

Aunque vuestro mejor reflejo es el directo, el video de «The boys are out» no está nada mal. ¿Cómo surgió la idea, y cuál fue el trato para convencer a los más mayores que aparecen en él?

Marc: Cuando no hay presupuesto tiras de algún truquillo efectista para que el vídeo tenga un gancho, y se me ocurrió lo de los mayores de manera vaga, pensando que si a Miqui, el realizador, le gustaba la idea, podría conseguirlo, pues delante de donde vivo en Terrassa hay un casal de gente mayor. Ese grupo que aceptó participar lo hizo sólo porque querían pasar un buen rato, y eso fue el rodaje. Desgraciadamente, de la reunión inicial, al día del rodaje, uno de ellos falleció, y a él le dedicamos el vídeo.

Cambiando de tercio, ¿cómo veis la escena rock’n’roll en Barcelona? ¿Creéis que es un buen momento para la formación de bandas?

Rau: Creo que lo más importante es que el público mueva el culo y últimamente parece que la gente vuelve a salir a disfrutar de los directos. De todos modos, nunca buscas el momento ideal para formar una banda y salir al mercado. Por lo menos nosotros, que lo hemos hecho porque nos salió de los huevos y nos apetecía muchísimo.

Para terminar, ¿cómo de peligrosos son los monkey monggah, y qué hacen cuando no están bebiendo?

Carlos: Cuando no beben, están de resaca. Si te los encuentras de fiesta será mejor que huyas o te arrastrarán a los antros más insospechados.

Rau: No somos peligrosos, pero tenemos mala fama…

Marc: Son adorables. Me he pedido uno para Reyes.

 

Texto: Borja Figuerola

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