Encuentros — 15 diciembre, 2017 at 9:50

Autumn Comets, “cantar en castellano fue un paso natural”

Autumn Comets es una banda madrileña que, con diez años de carrera recién cumplidos, siempre han demostrado estar un paso por delante del resto. Con tres álbumes a sus espaldas a través de los que hemos podido ver una rica y progresiva evolución, este otoño dieron un paso más en su personalísimo estilo al crear una nueva entrega íntegramente cantada en castellano. Realejo (La Estanquera, 2017), es un álbum que remite a la tierra, a lo natural, y que respira un aire más optimista que sus predecesores, aunque como asegura el batería, Pablo Campesino, “el proceso de composición ha sido duro y doloroso”.

Atrás quedan los ecos de aquel redondo y apasionado We are here / You are not (Subterfuge, 2015) que marcó un antes y un después en su carrera. Realejo remite a largos viajes mirando al sol, a discos nostálgicos de Sun Kil Moon, a costas tropicales e incendios, a viernes existencialistas y a la apesadumbrada sensación de dejar todo atrás para seguir hacia delante. Un testamento de vida que asienta sus bases en sintetizadores que despiertan los sentidos, violas que despliegan un arsenal de emociones sinfónicas y guitarras estratosféricas con la deliberada ambición de llegar a lo más alto.

Sus conciertos rebosan lo exclusivamente musical y trascienden a lo físico, con una potente e intensa puesta en escena que resucita fantasmas ya casi extintos del indie rock y que les emparenta con bandas de tanto calado como Red House Painters, Jesu, Yo La Tengo o Modest Mouse.

Este disco además ha sentado al micrófono a Ricardo Lezón de McEnroe para el single, “Viernes de Dolores”. Como canciones destacadas en esta nueva entrega, “La Montaña Vino A Mí”, una imponente pieza progresiva al más puro estilo kraut que expone sin ambages el particular estilo de la banda: guitarras a camino entre el clean y la distorsión, un hipnótico sintetizador y la viola sazonando las pistas con pasión y humildad. Entre otros, “Sangre y Madera”, un tema basado en un dúo sostenido entre arpegios de guitarra y voz, la calidez de “Costa Tropical” o ese tema final apoteósico a modo folk que da título al álbum. Las Cometas de Otoño regresan una vez más en su estación favorita con la maquinaria puesta a punto para volar.

Este disco huele a renovación y parece indicar un nuevo punto de partida, no solo por el hecho de que es el primero íntegramente cantado en castellano. El anterior, We are here / You are not (2015), sonaba más trágico, más a despedida, mientras que este respira luminosidad y resuena como un orgulloso renacimiento. ¿Tenéis esa misma sensación?

A la hora de componer partimos siempre de la misma base: dar un paso más respecto al anterior, un paso que nos permita estar orgullosos del resultado final, pero no nos marcamos una idea general sobre las ideas a transmitir musicalmente (las letras son otra cosa, ahí sí que hay caminos diferentes en cada disco). Sacamos canciones adelante y son las propias canciones las que nos van enseñando el camino. Hasta el momento siempre ha sido así. Tal vez algún día nos marquemos el objetivo claro de hacer algo concreto, quién sabe.

Siguiendo el hilo de la pregunta anterior, este álbum tiene un aire más optimista que los anteriores. ¿Cómo ha sido el proceso de grabación?

Habría que distinguir distintos procesos aquí. Si nos preguntas por el de grabación, fue la más relajada de todas las que hemos tenido. Los días en La Mina, el estudio que Raúl Pérez tiene en Sevilla, fueron tranquilos, sencillos y favorecieron mucho al resultado final.

La composición es otro tema. Musicalmente hemos notado otro salto más, un punto distinto al anterior, pero de nuevo hemos ido hilando las ideas de manera más o menos fluida.

Las letras pueden parecer más optimistas, pero hay mucha miga detrás de lo obvio. Este disco es un homenaje y las letras han sido un proceso duro y doloroso en muchas ocasiones.

¿Cómo ha cambiado la banda en estos dos años desde We are here / You are not (2015)?

No ha cambiado nada porque al acabar la gira empezamos a componer, grabar…. y estamos en el punto en el que estamos ahora. Hemos cumplido 10 años con esta inercia, ojalá lleguen al menos otros 10 más.

Por los títulos de las canciones, es un álbum que no solo sorprende porque está cantado en castellano, sino que la temática y simbología que lo envuelve tiene mucho que ver con esa cultura hispana, en canciones como “Cortijo”, “Viernes de Dolores” o “Realejo”. ¿Qué os llevó a abandonar definitivamente el inglés y abrazar tanto lo castizo?

El paso al castellano es un paso natural. Suponemos que será definitivo, pero de nuevo, ¿quién sabe? Tal vez nos apetezca volver al inglés en algún momento. Hemos notado buena recepción, nosotros estamos más cómodos y las letras son un elemento más visible ahora. Lo principal fue que la esencia de Autumn Comets no cambiara, y creemos haberlo conseguido.

 También existe una fascinación por la naturaleza, una vuelta a la tierra y a lo natural frente a un mundo digitalizado. ¿De dónde proviene esta obsesión?

Como comentábamos, el grueso de las letras parte del dolor por la pérdida de un ser querido. Lejos de ser pensadas, han sido intuitivas y han llegado en momentos muy jodidos. Escribir aporta calma y, supongo, la calma llevaba a esa vuelta a la tierra. Varias frases (en “Costa Tropical”, sobre todo) son recuerdos de la adolescencia, ahí podría haber conexión con lo que nos comentas…

“Nada nuevo bajo el sol” parece alojar un discurso político de desilusión. Esto parece algo sintomático en los álbumes más recientes de vuestros coetáneos, cuando hace cuatro o cinco años era justo lo contrario. ¿Os sentís de igual manera desilusionados y defraudados por el curso de los acontecimientos globales y nacionales?

“Nada Nuevo Bajo El Sol” hace referencia a lo que cada uno quiera que haga referencia. Es interesante que tu lectura sea política, cuando el origen de la letra es un día de hastío al escuchar un disco de no recuerdo quién que era calcado al de no recuerdo qué otro quién. Nace de un día de cabreo, y al cabreo lo alimentan muchas cosas.

“La montaña viene a mí” es el tema con más fuerza del disco, sobresale por su progreso al más puro estilo kraut. ¿Cómo se ve la banda en cuanto a estilo de puertas para dentro y hacia dónde queréis apuntar?

Te prometemos que no hablamos del estilo en el que nos englobamos, ni nos preocupa demasiado el estilo en el que nos engloban. Estamos un poco perdidos al respecto.

Mencionáis a Sun Kil Moon en “Viernes de Dolores”, al igual que rendisteis homenaje a Jason Molina en We are here / You are not. ¿Sigue latente esa fascinación por los singer-songwriters masculinos norteamericanos?

Son grupos con los que crecimos y a los que debemos mucho. Sobre todo, por la conexión con personas especiales en nuestra vida como nuestro padre y nuestro tío, al que escribimos la canción. Es un recuerdo a él.

Ricardo Lezón de McEnroe se cuela por las pistas de “Viernes de Dolores”. ¿Cómo es la relación entre ambas bandas y qué habéis aprendido de ellos?

Ricardo es una persona maravillosa a la que uno quiere tener cerca nada más conocerla. Hemos coincidido pocas veces, pero tenemos una relación fluida. Le planteamos la colaboración y fue todo muy sencillo, Le estamos muy agradecidos.

En “Sangre y Madera” dicen los versos: “escupo hierro y sangre / los días son violentos / al despertarme se clavan / con las horas / que dejo muertas”. Estos versos recuerdan mucho a la corriente literaria del realismo sucio. ¿De quién os habéis nutrido, tanto escritores como músicos a la hora de hacer las letras?

Intento no fijarme en nadie a la hora de escribir, pero evidentemente sería absurdo negar que todo lo que me rodea puede servir de influencia. Carrere, Baricco, Carver han estado en la mesita de noche en los últimos meses…

La forma de escribir suele ser siempre la misma: partimos de una idea muy sencilla, una frase, y posteriormente la desarrollamos. Nos gusta intentar dejarla como el primer boceto, no variarla demasiado. No siempre lo conseguimos.

En anteriores trabajos había una parte visual muy importante reflejada en los videoclips. ¿Volveréis a hacer lo mismo con Realejo?

Tenemos nuestro primer videoclip apunto, y esta vez será algo diferente…

Siempre que os entrevisto y os pido una gama de músicos y bandas para destacar me abrís el abanico a todo un mundo maravilloso por explorar. Recuerdo, por ejemplo, a A Place To Bury Strangers o The Suicide of Western Culture. ¿Qué artistas actuales tanto nacionales como internacionales os han influido y querríais señalar?

Aquí la respuesta podría ser interminable, porque cada uno tira por su estilo. En la furgoneta ha sonado mucho trap en los caminos de vuelta a casa. Nos marea un poco, pero hay cosas interesantes. Pero sí, como influencia y sonido cercano últimamente suenan en nuestros cascos Hovvdy, Perfume Genius, Wye Oak, Moon Duo, Pinegrove, Kate Tempest, Future Islands, Baths, Liars…

¿Habéis pensado ya en la gira de Realejo? ¿Algún sitio idealizado donde os haría mucha ilusión tocar?

Muy pronto anunciaremos fechas. Tenemos la suerte de haber tocado ya en algunos de esos sitios idealizados (Palau, Primavera, Sonorama…), pero de verdad que disfrutamos cada concierto que damos.

Vuestros conciertos siguen destacando frente al resto en cuanto a volumen e intensidad. ¿Alguna anécdota reseñable –y confesable- que queráis sacar a la luz?

Muchas, pero sacarlas a la luz…cuando cumplamos veinte años como grupo.

¿Tenéis algún rito antes de salir al escenario?

Intentamos estar juntos, aunque sea unos minutos antes de empezar, pero nada divertido o loco. Somos así de aburridos…

Tras cinco discos grabados y diez años desde que hicisteis andadura, ¿sentís el peso de la experiencia o todavía os tiemblan las piernas cada vez que salís a tocar?

Sentimos que el paso de los años nos ha traído experiencia y cierta ”profesionalidad” al hacer ciertas cosas (pruebas de sonido, gestionar una gira, etc). Las piernas nos tiemblan siempre, vayamos a tocar delante de 20 o de 2000 personas.

Texto: Enrique Zamorano

Foto: Sergio Albert

 

 

 

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