Vivos — 6 septiembre, 2017 at 11:26

Kikagaku Moyo, Dabadaba (San Sebastián)

En la música pop y el rock and roll existen obras que, sin necesidad de aludir a Dios, revelan su condición espiritual; nos estremecen, atraviesan nuestros órganos y llegan hasta lo más profundo de nuestro ser. Cuando algo así ocurre, el resto del mundo se hace pequeño, insignificante, pierde valor.

Piensa en Revolver, Forever Changes, After a Gold Rush, el debut de Stone Roses, el primer concierto de rock que viste con 15 años… Desde la larguísima explosión de la guitarra inicial, los primeros golpes en la batería y la aparición de unas voces celestiales, los japoneses Kikagaku Moyo se empeñaron en diseñar una obra maestra. Con mimo y delicadeza, pero también llenos de furia y con todos sus miembros sincronizados como un reloj suizo. A veces parecía que tocaban a cámara lenta, como en la escena final de Carros de Fuego. En otros momentos rompían la parsimonia convertidos en un grupo de rock setentero de ramalazos doom. Se dedicaron a sacar oro de su último disco, House in the tall Grass, recordando así a Nick Drake, el rock progresivo, la psicodelia, Black Sabbath y otras tantas cosas sagradas. Y todo lo hicieron asombrosamente bien y bonito. De momento, concierto del año en Donostia.

Texto: Jon Pagola

Foto: Marta Ennes

 

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