Encuentros — 8 junio, 2017 at 11:13

Phil Collins, el apestado cultural

 

Tras cientos de entrevistas a lo largo de cuarenta años, son escasas las ocasiones en que se presenta un verdadero reto profesional. Phillip David Charles Collins (Hounslow, Reino Unido, 1951) me lo pareció. Nada más alejado de mis gustos musicales, sobra decirlo, pero aún así un músico de larga y fructífera trayectoria al que demasiadas veces se dio por finiquitado. Acaba de publicar su autobiografía en castellano, Aún no estoy muerto, y ha vuelto a los escenarios tras superar problemas de salud. Con motivo de la campaña de reedición de su discografía en solitario, iniciada por Face Value (1981) y Both Sides (1993), hablé con el batería de Genesis en febrero de 2016. Todavía dudo si calificarlo de punto más bajo, o más improbable, de mi trayectoria periodística. Juzga por ti mismo…

 

Te has implicado personalmente en las reediciones, añadiendo temas extra y tomas en vivo.

La discográfica quería completar los discos con maquetas, pero ya habían sido publicadas antes. En cambio, añadir versiones en vivo no se había hecho antes y es un modo de mostrar cómo se desarrolla una canción. En el caso de Both Sides, esa evolución es importante, porque grabé el álbum yo solo y cuando ese material pasa a una banda adquiere inmediatamente una nueva vida. Es parte de mi participación personal en la campaña.

Buena idea, rehacer las portadas con fotos actuales.

Se me ocurrió, sí. Una idea tan simple, a todo el mundo le gusta y me sorprende que no se haya hecho antes. Quería que la gente supiera de mi involucración en este proyecto, que se notara mi huella. No tengo vanidad, no veo problema en ver envejecer a alguien.

Face Value se construyó sobre un sonido enorme pero claustrofóbico.

No es que quisiera ponerme al día y seguir las modas. Trataba de dejar cierto espacio en lo que hacía. En la época, Genesis componía música muy densa y por ello basé las canciones en la voz, todo debía encajar en ella, cuando en Genesis era lo contrario, la voz era lo último. Es importante saber que cuando componía estas canciones no sabía que haría un álbum, las escribía como mensajes para mi ex esposa. Acabaron siendo un álbum porque le puse las maquetas a Ahmet Ertegun y le gustaron mucho. Entonces me di cuenta de que tenía un disco, no solo una colección de canciones.

Aquel sonido resultó muy atractivo a nivel radiofónico y al tiempo muy contemporáneo…

No se hizo pensando en la radio, pero sonaba bien por la radio. No sé muy bien a lo que te refieres. Era todas esas cosas que dices para distintas personas. Fue un disco muy fácil de hacer, aunque las canciones hubiesen costado lo suyo, pues era la primera vez que yo componía tanto. En Genesis yo no contribuía demasiado, aparte de mis ideas para arreglos. Es un disco autobiográfico, con letras muy intensas, no lo pensamos para la radio, sino para que sonase bien en cualquier entorno. Procuré que sonase espacioso, con pocos instrumentos, para dejar lugar a la voz.

«In the Air Tonight» te transporta a aquella época tanto como otras grabaciones más avanzadas o indies.

Creo que de hecho sigue sonando moderna hoy, suena muy bien. Es una de esas piezas musicales sin fecha, nacida de los juguetes de la época. Fue como todo lo demás, tuve un poco de suerte: estaba jugando con una caja de ritmos y llegué a un patrón interesante, y lo mismo con el sintetizador que tenía en casa, tocando acordes que me gustasen. Al poner la voz la letra apareció espontáneamente. El resto ya lo sabemos.

¿Cómo se te ocurrió concluir tu versión de «Tomorrow Never Knows» con «Over the Rainbow?

Soy muy fan de los Beatles y siempre pensé que en esa canción había una melodía que intentaba salir al exterior. Lennon la hizo de un cierto modo, pero a mi me parecía muy melódica y quise enfatizar ese aspecto. Fue divertido intentar replicar esos tape loops que hicieron y añadir «Over the Rainbow» al final.

Los baterías son el hazmerreir de los grupos rock. Pero tú, no solo inventaste el espectacular estilo percusivo ‘’facehugger’’, te convertiste en un exitoso compositor.

La verdad es que yo no componía. Hasta Face Value no había compuesto muchas canciones. Mi fuerza era otra, era más músico que escritor, veía el modo que podían tocarse las canciones de los otros, ese era mi papel en Genesis. Peter Gabriel, Mike Rutheford y Tony Banks, y en menor medida Steve Hackett, eran más escritores que yo.

Dices que Both Sides fue infravalorado en su momento, pero vendió millones de copias. ¿No es ese un mejor halago que una buena crítica?

Sí, ciertamente, debería haber disfrutado del éxito en vez de preocuparme por las malas críticas. He mejorado en eso, acepto que no todas las críticas serán buenas, pero era joven y quizás menos sabio. Aunque considero Both Sides mi disco menos apreciado, vendió millones de copias, y eso es bueno. Debo aceptarlo como es.

La canción «Both Sides of the Story» toca temas sociales y universales. ¿En qué medida crees que la música puede cambiar el mundo?

Creo que sí lo puede cambiar. Hay muchos artistas que hacen canciones comprometidas socialmente. Pero ocurre que a veces la perspectiva más simple no se valora, y yo me aproximo a las cosas de modo simple y directo. Y la gente piensa en términos similares, no debemos complicar las cosas. «Both Sides of the Story» la inspiró la película Grand Canyon, aquella primera escena en que a Kevin Cline se le estropea el coche en un barrio conflictivo. Los jóvenes negros llevan pistolas porque no se les escucha y ese es el modo de que se les preste atención. Y las cosas van a peor. La canción presenta diversos conflictos, un matrimonio que se rompe, el problema de Irlanda, y la necesidad de conocer ambas versiones del asunto. Sigue de actualidad, lo vemos en las guerras por causas religiosas, no se me ocurre nada más estúpido. Nada ha matado más gente que las religiones. Cuando vuelvo a escuchar estas canciones parecen relevantes, los mismos problemas están sucediendo en algún lugar.

Has tenido una vida llena de problemas personales y de salud, ¿ayudó el éxito a curar esas heridas o las empeoró?

No los empeoraron, ayudaron en la curación. Podía tomar un avión y estar con mi familia, cuando otras personas no pueden permitirse ese lujo. El éxito ayudaba en ese aspecto.

¿Qué opinas de ese enconamiento de los críticos y muchos aficionados contra tu persona?

Oh, sí, eso parece. No sé, la verdad. Actualmente, dices algo una sola vez y queda ahí para siempre. No creo que la gente que dijo cosas malas de mi las pensara realmente y, si alguien hoy les dijese que aquello sigue en el ambiente, probablemente no lo hubiesen dicho. Hoy, ante esa clase de ataques, trato de absorberlos y no preocuparme. A la gente le gustan mis canciones, eso es lo único importante.

 

Texto: Ignacio Julià

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