Encuentros — 17 junio, 2016 at 9:03

Javier Vargas, el hombre del pañuelo

 

Vargas©DavidArnoldi2baja

Por si acaso queda alguien que no se haya enterado, Javier Vargas es un guitarrista de blues nacido en Madrid pero vivido en el Planeta Tierra, aunque por su aspecto bien podría haberlo hecho en Texas. Con más de veinte álbumes publicados entre estudio y directos con su Vargas Blues Band, ha recorrido todo el mundo con una guitarra bajo el brazo, pregonando la palabra del blues-rock y compartiendo buena parte del peso –y comparaciones– del blues latino con Carlos Santana. Pero sobretodo, Javier Vargas es alguien cercano, accesible, amigable y de buena conversación, amante de la buena música, de las buenas guitarras, de los guitarristas con sentimiento y talento, y del buen cine de ciencia de ficción. Sobre todo esto y mucho más, tuve ocasión de compartir una conversación con él, entre firma aquí y firma allá, en Discos Revólver, la mítica tienda barcelonesa de la calle Tallers.

 

¿En qué se diferencia Hard Time Blues (Santo Grial, 2016) de los más de veinte álbumes que has grabado con la Vargas Blues Band?

A todos les pongo todo mi corazón, tratando de transmitir toda la energía que llevo dentro hasta conseguir algo que pueda tener un feedback con la gente que me sigue. Siempre trato de poner lo mejor de mí. Son muchos años en carretera, grabando, haciendo álbumes, y en todos trato de hacerlo lo mejor que puedo. En este álbum sigo en esa línea: he hecho una selección de temas, y me he metido en el estudio sólo cuando he tenido claro que los que iba a grabar eran los que habían pasado el test y los que me apetecían en ese momento.

El blues siempre ha sido una música ligada a malos momentos vitales, al sufrimiento, al dolor… ¿Cómo vives el hacer blues en el s. XXI con la crisis global más importante que ha conocido el sistema? Con tantos desahucios, paro, hambre, pobreza… el título Hard Time Blues parece muy apropiado.

El blues siempre ha hablado de desamor y de momentos de crisis en la humanidad. Fue un grito del pueblo afroamericano en los campos de algodón y la esclavitud, pero también es un grito interno del ser humano. Yo creo que cuando nacemos y lloramos, es porque al nacer sales de tu madre y de alguna manera sientes que te han dejado solo.

La letra de «Hard Time Blues» la compusimos en el ’91, y si la lees verás que está totalmente adaptada a los tiempos que corren. Como tú bien dices, el mundo siempre está rodeado de crisis. Yo he vivido en países en los que siempre he conocido periodos de crisis: Argentina, Venezuela… en cualquier país siempre ha habido una recesión importante, es algo que va y viene. Lo que ocurre ahora es que la recesión de estos tiempos tiene que ver con la decadencia del sistema capitalista. Está cambiando el modelo al 100%, y vamos de cabeza a una crisis de orden mundial, entrando por el tratado de libre comercio, primero, y segundo por la cantidad de Inteligencia Artificial que va a poblar la tierra. Dentro de nada vamos a estar rodeados de robots, aunque el ser humano y los políticos siguen prometiendo trabajo, que acabarán con el paro. Yo creo que eso es mentira, nunca van a acabar con el paro. Las máquinas se harán cada vez más con el control del planeta. Más bien, van a tener que conseguir la manera de subvencionar al ser humano para que sea feliz sin hacer nada, para que todo lo hagan las máquinas y los cuatro programadores que manejan el ordenador cuántico. En realidad todo es una gran mentira… nadie habla claramente de hacia lo que vamos encaminados en el futuro. Así que un Hard Time Blues no es sólo un blues a la vieja usanza de la recesión americana en la que todo iba mal, cuando las industrias empezaban a florecer y los obreros luchaban por sus derechos… en poco tiempo las máquinas tomarán el control de la humanidad, y después la gente perderá sus derechos. Además, nos van a dar cada vez más porquería para comer, alimentos transgénicos, y la gente enfermará más hasta crear enfermos crónicos para que las farmacéuticas hagan negocio con ellos… todo eso es más que un Hard Time Blues.

Vargas©DavidArnol3dibaja

Ya lo sabes, por suerte Mariano Rajoy dijo que «tenemos que fabricar máquinas que nos permitan seguir fabricando máquinas, porque lo que no van a hacer nunca las máquinas es fabricar máquinas a su vez».

Algo oí, es una ida de olla increíble. Pero lo que sí está claro es que hay países como China en los que están experimentando con células madre, alimentos clonados… nos estamos metiendo en una nueva era. Seguramente ya hay un súper hombre en camino, un robot, una especie de cíborg con piel humana, con sangre, y todo fabricado a través de células madre. Vamos hacia un mundo lo más semejante posible a una película que se adelantó mucho en aquellos tiempos que se llama Blade Runner (Ridley Scott, 1982).

Buenísima.

 ¡Claro! Pues en Blade Runner recordarás que viven en una ciudad donde todo el mundo tiene rostros asiáticos, y los cíborgs, los replicantes, los enviaban a trabajar a un satélite. Si te digo la verdad yo siempre he sido muy futurista. Cuando era crío, la primera palabra que aprendí, que pensé, era “cibernética”.

Pues no es una palabra fácil para un crío…

En los años ’60, cuando era pequeño, esa palabra no dejaba de resonar en mi mente: cibernética.

Dejaré constancia de ello. Aprovechando que estamos en una tienda de discos, ¿cómo ves el panorama musical, a nivel de formatos? Estamos en un momento en que parece que el CD ya no tiene valor, el disco de vinilo que muchos habían enterrado, sobrevive, y la corona se la lleva el streaming: Spotify, Youtube, y el eterno dilema de la peor calidad del sonido en favor de un mayor acceso a la cantidad.

La era digital nos ha llevado a eso y ya no hay marcha atrás. Ha cambiado el modelo de negocio, y va a seguir cambiando. Todo esto es anecdótico, que queden tiendas con CD’s y discos de vinilo, porque con soportes digitales como tu teléfono, puedes guardar miles de discos, cientos de miles de temas. Antes, yo viajaba con mi guitarra y una maleta o dos llenas de discos, de mi música favorita, ¡pesaban toneladas! Ahora te llevas el teléfono y ya está. Pero la sensación del disco físico, cuando te golpea en el estómago con unos buenos altavoces… eso se ha perdido. Un mp3 comprime el sonido una barbaridad, el rango es mucho más limitado. Auditivamente, la sensación es muy diferente. Estamos en una era en que la gente está perdida en la montaña, y se puede descargar una película, un libro, un álbum o su canción preferida. Pero la sensación que teníamos cuando comprábamos un disco, que lo podías sentir, tocar… sigue habiendo tiendas, pero no es como en el pasado, que estaban absolutamente llenas de discos o de casetes. Mira, cuando empecé con Vargas Blues Band en el ’91, justo se empezaban a popularizar los CD’s. En el ’92, Madrid-Memphis fue mi primer álbum que salió en CD. Y decían que era un adelanto brutal, que duraría toda la vida, que no se iba a romper ni a rayar… era todo mentira. Incluso recuerdo que hicieron una reedición de todos los clásicos de la música en un material dorado, que decían que producía un sonido exquisito, y resultó ser todo mentira. Era sólo otra forma de seguir exprimiendo la vaca y seguir viviendo de la industria de la música. Los músicos y vosotros, los periodistas musicales, siempre hemos sido el último eslabón de la cadena.

JV BB King                                                             (Con BB King)

Yo no sé si como músico, realmente el estado de las ventas del formato físico te afecta, porque tu negocio está más en tirar y hacer conciertos.

Pero el formato físico es necesario porque cuando tú haces giras, llevas merchandising, llevas discos de vinilo, CD’s, camisetas, y a los seguidores de la banda, después de ver el concierto les gusta llevarse material, que se lo firmes, y llevarse un recuerdo de esa gran noche que les has hecho pasar. Para mí, eso es una cosa muy bonita y que es importante que siga y va a seguir ocurriendo. Los seguidores siempre van a querer llevarse una parte de ti, algo firmado, algo que les haga recordar el momento que han experimentado ese día. Eso es muy importante que siga ocurriendo, y seguirá ocurriendo, no va a acabar porque las bandas que hagan conciertos tendrán merchandising de todo tipo. Tú puedes descargarte lo que sea y escucharlo con tus auriculares, pero esto es una forma de dar una parte de ti en el concierto que también es importante y los seguidores lo agradecen.

En realidad, yo creo que el que no compraba música, ahora se la descarga, y el que la compraba, también se la descarga también pero se la sigue comprando igual.

Aún y así la compra, correcto.

También quería preguntarte qué está ocurriendo en 2016. Se nos han ido Bowie, Prince, Scott Weiland, Keith Emerson, Lemmy, Maurice White, Glenn Frey y muchos más… ¡incluso Manolo Tena! ¿Cómo estás viviendo esto?

Hemos empezado un año bisiesto un poco trágico para el mundo de la música. Y recientemente hospitalizaron al cantante de los Red Hot Chili Peppers. Tuvo una dolencia estomacal antes de un concierto, se lo llevaron al hospital y tuvieron que suspender la actuación. A todos nos toca, tenemos un periodo de vida pero llega un momento en que se acaba.

¿Pero tan jóvenes? Porque la mayoría de esta gente no llegaba a los 70 años de edad.

A mí me impactó mucho lo de Prince, porque tuve la oportunidad de conocerle y era un tipo muy sano, con agilidad, un gran deportista. Tenía el nervio que tenía James Brown bailando, o el de Bruce Lee incluso. Era un deportista nato. En cambio Keith Richards sigue vivo, y Chuck Berry, que han tomado todo tipo de sustancias y siguen en pie. Alguien como Prince es muy extraño, un tipo con tanto dinero, con un equilibrio espiritual tan grande y un entorno fácil para vivir tranquilo. Tenía un gimnasio, masajista, médicos… que le haya ocurrido algo así es sospechoso. Solamente con el dinero que tenía, al sentir la más mínima molestia podría haberse visitado con los mejores médicos. Cuando lo conocí me dio la dirección de su casa y su número de teléfono anotados en una revista de los testigos de Jehová, así que conocí un poco el rollo que llevan, la forma que tienen de llevar su religión y su forma de pensar. Se oponen a las transfusiones de sangre y otras cosas de este tipo, pero no es el caso, porque Prince tomaba unos fármacos derivados de los opiáceos. Yo lo que sí sé es que él estaba muy metido en todo el tema del Nuevo Orden Mundial. Ha sido una persona muy crítica con todas las cosas, con todo lo oculto que maneja el planeta, o lo que llaman de forma peyorativa las Teorías Conspirativas, como para restarle importancia. Pero hay muchas cosas que están pasando, que están ahí, y nadie habla de ello. Hay mucha gente que tiene mucho dinero, políticos, actores que hablan de ello, que se llenan la boca y no tienen por qué decir nada. En cambio, Prince no necesitaba ir a un programa de televisión a hablar del Nuevo Orden Mundial con el dinero que tenía, podría haberse quedado en casa tranquilamente. Si lo hizo es porque sabía cosas, y porque se reunía con gente que todavía sabía mucho más. En los ambientes en los que se movía tenía acceso a gente que está mucho más metida en cosas muy fuertes, y tenían miedo de que las contara. Y llega un momento en que esta persona desaparece, sí, todo es un poco extraño. Te preguntas aquí qué ha pasado.

Lo último que hizo David Bowie, «Lazarus», tenía una serie de datos muy extraños. Que alguien que está terminal se meta en algo tan complejo e increíble, sólo para transmitirnos un mensaje… Ahí me di cuenta del genio que era, que hasta el último momentos nos enseñó la grandeza de su talento, lo grande que era.

JV Double Trouble_2                                                                                                        (con Double Trouble)

 

Y una lección de cómo saber irse sin hacer ruido. ¿Llegaste a conocerle?

Se fue pero dejando ahí un legado increíble. No, ni siquiera me crucé nunca con él. Era una artista enorme, con un talento enorme. Se ha ido alguien que ha formado parte de todos nosotros.

En los últimos años también se han ido Gary Moore, Alvin Lee, B.B. King, Johnny Winter…

Con Gary Moore y Alvin Lee tuve mucho contacto. También toqué bastante con Johnny Winter.

¿Ya te estás cuidando lo suficiente?

Llevo varias décadas cuidándome, pero la parca siempre puede aparecer en cualquier momento. Nos cuidamos y llevamos amuletos, pero el día que llega no se puede evitar… Se puede intentar a nivel físico, pero hay mucha gente que se cuida mucho, que son deportistas, que corren, y después mueren en medio de una competición, se quedan ahí fritos. Y hay otros que llevan una vida terrible y tienen una salud de hierro.

Como lo que acabas de decir de Keith Richards.

Exacto. Se cayó de un cocotero y se partió la cabeza. Tenía el cráneo perforado, y ahí está. Yo creo que es una cosa que es mejor no pensar. Hay que vivir la vida intensamente, pensando en positivo, día a día, y sobretodo no tener miedo, porque el miedo es la enfermedad más grande que hay. El miedo crea enfermedades.

Ésa es buena.

Sí, ¿verdad? Gracias.

Más guitarristas: se te compara mucho con Santana por el blues latino, aunque yo creo que tu forma de tocar se asemeja mucho más a Hendrix o Stevie Ray Vaughan…

Tienes razón. Yo tengo un toque más latino con la música suave, con el jazz… En realidad no toco jazz, pero puedo tocarlo. Puedo tener influencias de todo eso. Me gusta mucho John Scofield, Pat Metheny, y George Benson. Carlos Santana me encanta, me identifico mucho con él y siento lo que toca, lo hago mío. Pero John Scofield sí es una influencia mía, real. Puedo imitarle si quiero. Puedo sentir su forma de tocar. Es un guitarrista al que nunca había prestado mucha atención, y eso que lo vi con Miles Davis y Billy Cobham, pero en las últimas épocas me gusta cada vez más. Me toca mucho. Le veo esa forma de tocar muy avant-garde, y su forma de elegir las notas, los silencios… además, tiene ese rollo de blues y jazz, pero también es un tipo muy cósmico.

¿Cuál es el guitarrista con el que has tocado que más te ha impresionado?

Hay muchos. A lo largo de mi vida he tocado con muchos desconocidos que me han parecido alucinantes. En mis principios en los ’70, seguramente Ray Gomez, guitarrista habitual de Stanley Clarke. Nació en Casablanca pero se fue a Nueva York, e hizo carrera en el mundo del jazz y el blues. Cuando le conocí tocaba cosas extraordinariamente increíbles. Yo he tocado a su lado, he visto cómo desarrollaba lo que hacía, y era impresionante el vuelo que tenía con la guitarra. Y después, Santana es increíble… He visto muchos grandes guitarristas, pero técnicamente no me impresionan tanto, más bien disfruto del sentimiento. No veo a un guitarrista y pienso ¡joder!, qué técnica, qué velocidad… eso es más circense. A mí me llega al alma la melodía. Pero no quiere decir que no haya guitarristas extraordinarios que técnicamente han desarrollado una facilidad para ir por donde quieran, tanto con la guitarra acústica como con la eléctrica. Simplemente cada uno tiene su estilo, y de todos se puede aprender o de todos se puede disfrutar.

¿Y cuál es el guitarrista con el que no has tocado pero te encantaría?

No sé si tocar porque le tengo un respeto inmenso, pero de quien me gustaría estar a su lado, verle tocar, hablar horas y horas con él de equipos y cosas interesantes, en definitiva, a quien me gustaría conocer, es a Jeff Beck. Me gustaría hacerle muchas preguntas.

¿Te gustaría hacerle una entrevista, no?

Exacto, me gustaría hacerle muchas preguntas.

Es muy grande. Voy a preguntarte por más guitarristas: ¿qué opinas sobre lo que algunos denominan como los “triunfitos” de los guitarristas? Hablo de Jonny Lang, John Mayer, e incluso de Joe Bonamassa. Son jóvenes, guapos, ricos, y salen tanto en las revistas del corazón como en las de guitarras.

Me encantan los tres. John Mayer me parece extraordinario. Es un artista, un guitarrista y un músico fabuloso, es un genio. Es bueno tocando, componiendo, tocando blues, tocando jazz… es un chaval que tiene una inteligencia musical y en las letras, y en la forma de componer, en la de tocar… ¡es una maravilla! Es fabuloso, no se le puede criticar a alguien tan grande y tan bueno. Entiendo que es muy excéntrico, pero porque es un chico que lo tiene todo: es guapo, tiene talento, toca bien la guitarra y todos los palos, tiene sentimiento, feeling, técnica, tiene creatividad, inspiración… tiene todo lo que puede querer un artista del rock y del pop. Puede tocar un «Voodoo Child» que te deje tirado o tocar con la banda de S.R.V. y tocar un Texas Blues bestial, o puede tocar jazz con Herbie Hancock, o puede hacer temas pop impresionantes.

Bonamassa es fabuloso también. Es un músico extraordinario. Es un guitarrista tremendo, pero de verdad. Osea, no tremendo, lo siguiente. Y como cantante, como músico, es sensacional. No sé qué más se puede decir de él. Doy gracias que haya gente tan buena enarbolando la bandera de la buena música, la verdadera, la que sale del corazón y del verdadero talento y del trabajo de los músicos, no de las máquinas, como son el House y la música Techno. Es un horror, que entiendo que tiene que existir, pero yo no estoy a favor de que ninguna máquina haga el trabajo de ningún ser humano. En ningún sentido ni en ninguno de los aspectos, ni en la música ni en nada. Yo creo que el corazón siempre tiene que estar ahí. En el momento en que una máquina maneja el mundo estamos perdidos. Terminator se va a hacer realidad.

Las máquinas mejor dejarlas para el cine de ciencia ficción y punto.

Sí, pero es que vamos encaminados hacia ello. Y bueno, Jonny Lang es de los tres para mí el más flojo, pero no deja de ser un chico que tiene una voz fantástica, un sentimiento tremendo tocando y que es muy honesto en lo que hace. Es muy bueno. Pero si te he de hacer un ranking con esos tres te pongo Mayer, Bonamassa y Lang.

JV Raimundo Amador                                                             (con Raimundo Amador)

A nivel personal, John Mayer me gusta mucho. Sobretodo el álbum Try! (Columbia, 2005), con Pino Palladino y Steve Jordan en formato trío de blues.

Sí, lo he escuchado. Con Palladino y el baterista que iba con Keith Richards. Muy bueno.

Háblame de Buddy Guy.

Buddy Guy es una de las últimas leyendas vivientes del Chicago blues. Yo lo conozco bastante, además lo conocí en Barcelona. La primera vez que me crucé con él fue en lo que era la primera sala Zeleste, en la calle Platería. Tocaba en la bienal de la música con una banda de fusión, por aquel entonces había una fiesta musical en Barcelona extraordinaria. Yo iba a tocar una fusión de flamenco-blues, todavía no tenía Vargas Blues Band, así que iba como guitarrista con músicos de la Barbería. El promotor me llamó y me dijo, ¿quieres tocar con ellos?, y fui. Y justamente habían terminado de tocar Buddy Guy y Junior Wells. No recuerdo qué año era exactamente… el ’85 o el ’86. Por aquel entonces la gente no lo conocía como ahora, sólo los cuatro freaks del blues que había en Barcelona, que eran fanáticos de Buddy Guy y Junior Wells, pero no era conocido a nivel masivo como ahora que lo conoce la gente joven y demás. Así que entro para hacer las pruebas de sonido, yo no había leído el cartel ni nada, y resultó que acababan de tocar Buddy Guy y Junior Wells. Estaban ahí, en la barra, y digo, ¡hostia, no me lo puedo creer! ¡Es Buddy Guy!, y me acerco y se lo digo. Y entonces me cuenta que habían estado tocando ahí con Junior, y que ahora se iban. Estuvimos hablando, que si encantado de conocerte, que si te gusta el blues y demás. Todo muy simpático, pero ya nunca más los vi. Hasta que hice Blues Latino (Warner, 1994), cuando un promotor trajo a Junior Wells y me ofreció tocar con él en directo. Ahí hablé con él y le invité a venirse conmigo a Madrid para participar conmigo en las sesiones del álbum. Más adelante, cuando hice Last Night (Warner, 2002), me invitó Larry McCray a Chicago en el ’98, y ahí estuve como quince días, tocando una semana en el Buddy Guy Legends cuando decidí grabar el álbum con Ian Taylor como técnico sonido. Ahí estaba Buddy Guy todos los días y tuve la oportunidad de hablar mucho con él y con su hermano, que era el que llevaba la sala, y con el manager que era un escocés majísimo que había sido manager de Van Morrison. Y la verdad es que muy bien, muy buen rollo. Recuerdo que en aquella época ya había fallecido Junior Wells, y que cuando llegábamos a ensayar como a eso de las dos de la tarde, Buddy Guy comía con nosotros y se quedaba ahí en la barra firmando guitarras, discos, camisetas… Fue muy amable, me dejó todo su equipo. En la parte de atrás tenía el material que le cedía Gibson, Fender… ¡un arsenal de guitarras y amplificadores! Él, su hermano y el guitarrista que iba con ellos que además era el director de su banda, me lo pusieron todo muy fácil. Esa semana toqué con todo el mundo: con Sugar Blue, Larry McCray, Chris Duarte y con Koko Taylor, que me llevó a un club suyo que acababa de abrir, y estuve viviendo en el House Of Blues Hotel. Fue una época inolvidable, y de todo eso salió el álbum Last Night.

Ya que hablas del equipo, ¿cómo es tu guitarra perfecta?

Mi guitarra perfecta es una Fender Stratocaster del ’59-’62 slab board, que es con mucha cantidad de palo de rosa en el diapasón. Le llaman chocolate rosewood. Así puedes cambiar los trastes en el mástil sin comerte el palo de rosa, y suenan muy cálidas, las notas tienen mucho medio y grave. También me gustan las Telecaster viejas. Hay alguna por ahí que es extraordinaria, con un sonido que no te lo puedes creer, con muchísima pegada, que retumba. He tenido algunas guapísimas   en mis manos, que suenan increíbles, con medios, agudos y graves extraordinarios. Ves que no hay nada que se puede comparar a eso. Esa madera vieja, no todas suenan bien, tienes que elegir. Piensa que las guitarras se hacían en serie y a lo mejor de cada veinte, había cuatro que eran alucinantes, con la mejor madera, pastillas y bobinado, una serie de cosas que hacían que fuera una guitarra ganadora.

JV Larry Graham                                                              (Con Larry Graham)

¿Has tocado con alguna guitarra mítica?

Tuve en mis manos la brownie de Clapton, en Memphis.

Le conociste a Clapton.

Sí, pero mucho después. Me lo presentó Jack Bruce en la reunión de Cream. Estuve en el camerino con él el último día. Me metieron ahí con su familia, y estuve con Clapton, Bruce y Baker. Fue nada más terminar el concierto, que su mujer quien también era su manager y la hermana de Jack Bruce, me llevó al camerino y me lo presentó. Estuvimos un rato hablando ahí con su hija. Pero en Memphis, en la tienda String and Tins, tenían en funda de metacrilato la brownie, y un poco después la subastaron. Ésa y la blackie, que son las dos que dice la leyenda que las construyó con varias piezas de distintas Stratocaster para construir la guitarra perfecta. La brownie fue la que utilizó con Derek and the Dominos en Layla (Polydor, 1970). La he tenido, la he tocado. Estaba mal cuidada, con las cuerdas oxidadas y con las pastillas muy ahogadas, sin apenas resonancia. Del mástil me llamó la atención que era muy finito, para mi gusto demasiado.

Sacando más nombres a la luz: Paco de Lucía también falleció en 2014.

Era un guitarrista extraordinario. En sus grabaciones de los ’60 y ’70 tenía una ejecución perfecta, no, lo siguiente. Era inmaculado: el sentimiento, la ejecución, la técnica… rozaba la perfección absoluta. Después, creo que le puso más corazón y oficio, pero llegó un momento en que le apeteció más vivir que seguir ensayando y practicando, y para un guitarrista lo más importante es practicar y practicar, como para cualquier músico que toque el cello, el piano o el violín. La guitarra es un instrumento muy esclavo, la música es esclava. Uno tiene que estar ahí siempre, y practicar y practicar. Yo llevo más de media vida tocando, llega un momento cuando te das cuenta que te has tirado horas y horas, casi tres cuartas partes solo en una habitación haciendo sonar una guitarra.

Ahora que hablas de tu vida, ¿si no hubieras sido músico, qué hubieras hecho con tu vida?

A mí me gusta escribir, y es una cosa que en el futuro no descarto hacer. Puedo ser escritor y guionista de películas. No descarto hacerlo, y creo que cuando pueda sacar esa faceta mía para que la gente la descubra, se van a sorprender. Es una faceta que tengo tan desarrollada o más que la música. Cuando me crié, una de las cosas que más me gustaba era el cine, quería ser actor. Me fui a Los Angeles porque tocaba la guitarra para buscarme la vida pero quería meterme en el mundo del cine. Pero cuando llegué ahí me desencanté, no me gustó. Me sentía más libre tocando la guitarra, ahí podía desarrollar mi capacidad artística. Pero escribir me fascina. Para mí, el escritor que llevas dentro nace a través de la experiencia de los años y las vivencias. Me gustaría transmitir las vivencias e historias que he vivido, aprendido y conocido a lo largo de mi carrera, no sólo como músico sino como ser humano, y todos los sitios en los que me ha tocado vivir, todas las situaciones históricas que la gente ni se imagina, y los personajes con los que he convivido, y todas las cosas surrealistas y extrañas que me han ocurrido, incluso mágicas y enloquecidas, que casi no pondría ni mi nombre para firmarlas.

Está bien que lo avises ahora. ¿Te ves un día dirigiendo documentales e incluso una serie, como lo ha hecho Dave Grohl?

Documentales, no. Pero no me importaría probar con un corto o una serie de ficción, y yo escribir el guión para un equipo de dirección y gente enrollada que comunique y conecte con lo que yo hago y conozca el medio para defenderlo a nivel cinematográfico. A mí me gusta Chinaski de Bukowski, y Kerouac, pero yo iría mucho más allá. Me he criado en la América profunda de la recesión, en la recesión del Planeta Tierra, y he vivido en muchos países en épocas importantes en las que se han vivido cambios de todo tipo. En España estuve en la transición, haciendo música con Miguel Ríos, Sabina, Manolo Tena, la Orquesta Mondragón, Luz Casal… he conocido la movida madrileña, la he vivido intensamente, todas las noches, y conocido a personajes que ahora están en política, en compañías de discos, algunos siguen vivos, otros han muerto… He conocido la verdad y la mentira, las partes buenas y las malas, y no sólo aquí. A través de la vida y de viajar como músico, conoces muchos países y te ves envuelto en situaciones increíbles, y todo eso se te va guardando en el cerebro, en el disco duro, y tienes ahí como una película que ya de por sí, al tener imaginación, eso te hace desarrollarla para ir mucho más allá. Y plasmar ideas, conceptos, situaciones, momentos, vivencias… Realmente, en el mundo en que vivimos y en nuestra época, hemos visto cosas increíblemente mágicas y extrañas, que no han resultado lo que parecían ser, y vamos hacia un futuro realmente inquietante. Creo que vamos a ver cosas flipantes, más de lo que la gente se imagina. Hay que ver mucho más allá, no sólo tocar la tierra. Hay que mirar más allá de las estrellas.

Estaremos atentos.

 

Texto: Borja Figuerola

Fotos 1 (pose) y 2 (directo): David Arnoldi

Resto fotos: Archivo Javier Vargas

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