Discomático — 15 octubre, 2015 at 17:44

Dan Wilson – All Love is Blind

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Supongo que a muchos lectores ruteros les sonará el nombre de The Cubical. Banda británica, de Liverpool concretamente, que daba azogue al blues más oscuro y chatarrero en la línea transgresora de Captain Beefheart mezclado con andanadas de garaje rock y soul atómico. Se les siguió puntualmente en las páginas de nuestra edición de papel y en la redacción seguimos pensando que son una banda cuyos méritos artísticos la hacen acreedora de mayor eco entre el público. Sus discos no bajan del notable y sus presentaciones en directo son incendiarias.

Una de sus mejores bazas es la garganta de larguirucho y espigado Dan Wilson que debuta en solitario con este trabajo que sigue los pasos de la banda madre. Sí, no hay excesivos cambios de estilo, la diferencia está más en la superficie que bajo las aguas. En general el álbum tiene un tono más desenchufado, con canciones que miran hacia el interior y una producción más austera y contenida.

Si la voz de Dan ya es de por si inquietante imagínesela rodeada de guitarras acústicas, violonchelos, violines y slides. Es como entrar en un mundo de tinieblas con el amor y las relaciones como hilo conductor. En All Love is Blind se transforma en crooner sombrío a la manera de Nick Cave o Tom Waits en once canciones de esas que, cuando te quieres dar cuenta, ya te han aprehendido entre sus acordes sin ninguna intención de dejarte ir.

Aunque de vez en cuando suelta las riendas y se da un gustazo azuzando blues herrumbroso,«Loved One Woman»», o rockabilly fantasmal,«So Long my Sweet World», la crema está en los temas más calmados. El quinteto formado por «The Waves», la excelente «Love Was Calling Me», «Lonely Drunk», «Deny you this Kiss» y «The Rain» es de una profundidad tal que no se vislumbra la salida a tanta desazón. Y cuando te parece ver la luz, allá a lo lejos, suenan «Where Did All Love Go?» y las notas de piano que abren «I tried to Reach You» para descartar cualquier atisbo de esperanza y arrastrarte sin remisión a las frías aguas del mar de los corazones rotos.

Una grabación hecha en carne viva. Con el corazón en una mano y la navaja de afeitar en la otra. Y el convencimiento de que estamos ante una artista mayúsculo. Minoritario. Underground. Pero mayúsculo. Entre lo mejor del año hasta el momento para el que esto subscribe.

Manel Celeiro

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