Artículos — 27 abril, 2015 at 13:03

Diario de gira de Hurricäde y Please Wait

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Hurricäde son de Girona y este año han editado su primer LP después de dos referencias previas en 10 pulgadas. “Anachonisms” se publica en su propio sello en preciosa edición que solo contiene ocho temas pero que te pueden hacer pasar del metal más denso al rock alternativo sin olvidar la parada obligatoria en el hardcore, faltaría más. Como decía Saúl Ibáñez en la reseña que publicamos en la edición de papel, “Hurricäde representan un grito desesperado y firme que reclama su territorio y su lugar merecido tanto en el panorama musical como en el mundo hostil que se refleja en sus canciones”.  Hace pocas semanas terminaron la gira “Deshielo Tour” junto a Please Wait que les llevó a Pamplona, Zaragoza y Donosti, y nos han mandado un “diario de gira” exclusivo para Ruta 66, gesto que agradecemos compartiéndolo con nuestros lectores. Interesantes relatos de carretera.

Viernes 3 Abril

Son las nueve menos cuarto de la mañana y nos ilumina un sol radiante mientras cargamos los amplis y demás utensilios de hacer ruido en la vieja Volkswagen Transporter de Hurricäde. No han pasado ni veinticuatro horas desde que nos llegó la caja de dirección, que tuvimos que mandar a reparar a Pamplona – curiosamente, la misma ciudad a la que nos dirigimos ahora – . Sisu, nuestro mecánico, ha tenido el tiempo justo de montarla e ir a pasar la ITV, aunque a nosotros lo que más nos ha preocupado desde el principio es si conseguiríamos cagar a gusto en los lavabos ajenos; ya se sabe que como en casa en ningún lao.

A las nueve y media ya estamos rodando sobre el asfalto de la autopista, dándonos palmaditas en la espalda y felicitándonos por haber salido sólo media hora más tarde de lo previsto. Enseguida comprobamos que la nueva dirección va niquelada, ya no se nos ponen por corbata cada vez que adelantamos a un camión cuando sopla el viento. Hacemos un cambio rápido de conductor en Fraga y seguimos del tirón hasta entrar en Navarra, dónde paramos a comer unos bocatas en un bar de carretera. El pan no tendrá tomate, pero el propietario es un tío legal y no nos cobra suplemento por sentarnos en su magnífica terraza con vistas a la N-232.

Llegamos a Pamplona con puntualidad suiza, impropia de 6 mendrugos como nosotros. Nos encontramos con Íñigo en el centro y nos guía hasta el Txintxarri, el bar donde ha montado el concierto. Nos gusta mucho lo que vemos, un bar pequeñito con un escenario a un palmo del suelo, y un par de cervezas frías que nos ha sacado Javi, uno de los socios del bar. Montamos a toda hostia porque hay que empezar a las seis y media y acabar a las ocho, sí o sí. Por lo visto hay una pre-boda (una excusa barata para emborracharse una semana antes de la boda) justo después de nuestro concierto.

A las seis y media Hurricäde ya estamos repartiendo cera, tras solucionar un problema con el limitador de decibelios del equipo de voces, que a punto está de transformarnos en un grupo instrumental. Poco a poco el bar se va llenando y se juntan unas 30 personas entre curiosos, amigos de Íñigo y amantes del sonido hardcore. Tocamos todo el Anachronisms más un par del Pariah’s y la gente se va animando. Cuarenta minutos después es el turno de Please Wait. Como siempre, varias personas del público debaten sobre si el batería habrá acabado la E.S.O. o no, pero la controversia desaparece de inmediato en cuanto Gerard empieza a destrozar sus tímpanos a ritmo de bombo y caja. Será pequeñito pero es muy matón. Todo el set-list de Please Wait está formado por temas inéditos de su próximo disco, que por lo que nos están dejando escuchar, va a sonar espectacular. Íñigo nos comenta que en Pamplona no se hacen apenas conciertos a semejante volumen, pero como toda la policía está ocupada vigilando a unos encapuchados que se pasean por la calles cargando vírgenes y Cristos que al parecer pesan bastante, a nosotros nos dejan tranquilos.

Acabado el concierto y recogidos los instrumentos, Íñigo y su amigo Ander nos llevan a lo viejo a echar unos pintxos y cervezas. Llegamos al Mesón de la Tortilla y nos atiborramos de la especialidad de la casa. Tras varias rondas de pintxos y cervezas acabamos la noche en el Nébula, un bar garajero al lado del Txintxarri. La noche se alarga más para unos que para otros, pero nos deja un par de anécdotas memorables. Primero, Borja le rompe la cintura a una chica que amenaza con hablarle en Euskera, preguntándole si txapela significa puta. Más tarde, el camarero del Nébula nos comenta que va a poner una placa en el bar para recordar la noche en que un catalán se enrolló con una pamplonica que lucía una camiseta con una calavera, al grito de ¡Aúpa Misfits! Y sin pedirle la mano a su padre ni nada.

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Sábado 4 Abril

Dormimos en casa de Íñigo, que nos ha dejado unos sofás y colchones comodísimos, y ahora se dispone a darnos de desayunar a la vez que pincha Slint y Cuchillo de Fuego en el reproductor del salón. Comemos, nos quitamos la mugre del día anterior y nos vamos de paseo. Hemos quedado con Javi – el del Txintxarri – que nos enseña el taller de Bamba Longboards, donde él y sus colegas fabrican y estampan tablas de bambú de alta calidad. Borja y Gerard de PW no pueden resistir la tentación y se llevan una anti-penny cada uno.

Nos queda el tiempo justo para comer un bocadillo y tirar millas hacia Zaragoza. Llegamos al Arrebato sobre las seis y media y conocemos a Alejandro de Solos en el Bosque, que al igual que Íñigo, respondió a nuestra llamada de socorro por Facebook y se ofreció a montarnos el concierto en Zaragoza. Los tres hurricädes guardamos muy buenos recuerdos de nuestra primera vez en Arrebato – con The Destroyed Room – y esperamos que esta vez sea igual o mejor. En seguida nos empapamos de la atmósfera de música y autogestión que allí se respira, una asociación que lleva 20 años de lucha a sus espaldas, con el objetivo de ofrecer algo distinto, algo totalmente al margen del “mercado” y del negocio en que se ha convertido la música.

Please Wait son los encargados de abrir la velada, siendo muy bien recibidos por los maños y las mañas allí congregadas. Entre canción y canción, Borja comenta que todo lo que les habían contado sobre el Arrebato es cierto: compromiso con la música y los músicos, buen sonido, y un trato exquisito. Se nota que no quieren defraudar porque les sale un concierto redondo, subiendo la temperatura de la sala y dejando al público con ganas de más. Hurricäde subimos al escenario con ganas de darlo todo e irnos de subidón a recorrer los bares de Zaragoza. Todo va bien hasta que se derrama un vaso de cerveza sobre la pedalera de Gerard. A partir de ahí, el delay cobra vida propia y decide que ya no está al servicio de nuestro bajista sino que va a montar su propio espectáculo de post-noise experimental. Cosas del directo. Para celebrarlo, Gerard decide acabar el concierto pegándose un buen hostión en uno de sus múltiples saltos entre el suelo y el escenario. Creo que aún hay algún diente suyo clavado en el bombo.

La mayoría de nosotros y de nuestros acompañantes locales alargamos la noche hasta límites ciertamente desaconsejables. En El Crápula conocemos a una auténtica cowgirl de la noche que, acomodada en lo alto de su taburete, nos pega una auténtica paliza en un combate imaginario de baile freestyle. Más tarde, en lo que recordamos como “el único garito que queda abierto antes de las afters”, el camarero nos llamó la atención por cantar demasiado alto (o demasiado mal) aquella de “Nooo…no es amooor…lo que tu sieeenteeesss….”. Nos indignamos bastante porque la única música que suena en el lugar es la que pinchamos nosotros metiéndole moneditas a la jukebox. Tras semejante atropello a la razón, decidimos comernos un falafel e irnos a dormir un par de horas.

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Domingo 5 Abril

Despertamos en casa de David, bajista de Solos en el Bosque, igual que nos habíamos acostado: tarde y mal. Unas horas antes, Manel –que no ha salido de fiesta- se levanta y se viste en medio de la oscuridad del salón. Se acerca a la puerta principal y pregunta: “¿alguien viene a hacer turismo?”. Como única respuesta obtiene una serie de ronquidos procedentes de varios cuerpos aparentemente sin vida. Una vez recogido el campamento hacemos una parada rápida en El Plato Reberde para engullir unos bocadillos de seitan con cebolla caramelizada y unos pinchos de tortilla francamente buenos. Ya medio recuperados, cargamos la furgo, nos despedimos de nuestros anfitriones, y ponemos rumbo a Donostia. Avisamos a Duo que vamos a llegar tarde a Mogambo y rezamos para no encontrarnos problemas en la carretera, vamos con el tiempo justísimo.

Llegamos a destino con hora y media de retraso, pero por suerte los compañeros de Yaw y Padre Lobo nos están esperando para ayudar a subir el equipo por las largas escaleras de acceso. Todos nos ponemos en marcha y en poco tiempo Padre Lobo están listos para descargar su stoner/sludge sobre un nutrido grupo de espectadores. Los donostiarras, un quinteto con una voz principal femenina, ponen toda la carne sobre el asador y nos abren la puerta a una especie de maravilloso trance headbanger. Dentro de poco tendrán un disco en la calle, ¡habrá que estar atentos!

A continuación suben al escenario Please Wait, o mejor dicho, su batería Gerard, ya que Manel y Borja se sitúan a pie de sala, casi mezclándose con el público que les rodea. Una vez más, demuestran que son un grupo sin fisuras y que han llegado para quedarse. El público disfruta con el concierto y acaba pidiendo más. Pero ahora es el turno de Yaw. Nuestros amigos guipuzcoanos salen enchufadísimos, sin bajar ni un ápice la intensidad mostrada por las dos bandas anteriores. Únicamente nos dan un respiro hacia el final del concierto, marcándose una gran versión de Harriak (piedras), un temazo de su paisana Anari. A pesar de no entender las letras, a todos se nos ponen los pelos de punta escuchando a Gartxot y a varias personas del público cantando al unísono. A los Hurricäde nos toca poner la guinda a una gran noche, vaya papelón. Tenemos muchas ganas de disfrutar, es el último concierto y el sonido es brutal tanto encima como debajo del escenario. Tocamos el set-list habitual sin apenas pausa, y esta vez casi sin sufrir problemas técnicos. Y digo casi porque hacia la mitad de Cursed Peaks, a Oskar se le engancha el cinturón de manera indescriptible con el jack de la guitarra y el caos se apodera del escenario por unos segundos: de la nada empiezan a aparecer manos y brazos para ayudarle, todos a una estirando del cinturón hasta romperlo y tirarlo al suelo, justo a tiempo para que Oskar pueda entrar con la guitarra cuando acaba la parte de la canción que solo tiene batería y bajo. Acabamos el concierto empapados en sudor pero con una sonrisa en la cara.

Mientras echamos las últimas cervezas, Mogambo se va vaciando. Nos despedimos de algunos amigos que ya se marchan y nos dividimos en dos grupos, ya que vamos a dormir en dos pisos separados. Aunque estamos todos cansados, Oskar y Borja aún tienen ganas de jarana y deciden perderse en la noche donostiarra de la mano de Padre Lobo. En algún bar de la ciudad se dan cuenta que hay un tío siguiéndoles, que finalmente se atreve a hablarles y resulta ser un pesao. El individuo en cuestión es plenamente consciente de ello y les invita a todos a cervezas, “para compensar”. La noche acaba cuando uno de los lobos decide sacar un cuadro de la pared del bar -por motivos aún desconocidos- atrayendo la atención de un segurata tamaño armario ropero, que amablemente les espeta: “¿vamos saliendo no?”.

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Lunes 6 Abril

Manel y Gerard se despiertan pronto porque se han prometido no abandonar la ciudad sin visitar La Concha. No hace calor pero ha salido el sol y no hay apenas nubes, un día perfecto para pasear y desayunar en la playa. Mientras, los demás nos dedicamos a abrazar cojines e impregnarlos con nuestras babas.

Una vez reagrupados, nos damos un paseillo desde el barrio de Intxaurrondu hasta la Mogambo. Con grandes esfuerzos cargamos el equipo y nos despedimos de Duo, guitarrista de Yaw y responsable de todo el tinglado de la noche anterior. Abandonamos Euskal Herria por la frontera francesa porque nos fiamos muy mucho del GPS, y vamos avanzando hacia Toulouse comentando las jugadas de la noche anterior y dejando los Pirineos nevados a nuestra derecha. Nos comemos unos sandwiches de autopista y un par de buenos atascos de camino a casa, pero el viaje discurre sin mayores problemas. Volvemos a la Península por la Junquera, ya de noche y en silencio, agotados, pensando en que el martes hay que levantarse muy pronto para ir a trabajar. Todos coincidimos en que la gira se nos ha hecho demasiado corta, y aunque nada nos haría más felices que seguir unos días más en la carretera, nos sentimos privilegiados por haber podido disfrutar de semejante experiencia en compañía de nuevos y viejos amigos,   conjurándonos para repetirlo lo antes posible. Ya lo decían los Über: “¡rock’n’roll y carretera!”.

Fotos: Manel Díaz Molina y André Tauber

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One Comment

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