Rutas Inéditas — 2 marzo, 2015 at 17:50

Homenaje Allman Brothers: Alfred Crespo

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Pese a que el capo de la banda, Gregg Allman, ha declarado recientemente que podría ser que la hermandad sureña volviera en un futuro a girar o bien a dar conciertos puntuales nosotros nos quedamos con ese Final Run que ofrecieron en uno de sus locales favoritos, el Beacon Teather de Nueva York, a finales de octubre del 2014. Punto y final para una banda absolutamente seminal e influyente y cuya  importancia dentro de la historia del rock es capital.

Su trayectoria está plagada de hitos convertidos en leyenda, los decesos de Duane y Berry Oakey, las cuentas pendientes entre ellos, el chivatazo de Gregg,  la historia detrás de la portada del At Fillmore East o las trifulcas con Dickey Betts (tan buen guitarrista como complicado personaje) que finalizaron con su expulsión.  El complicado paso por finales de los setenta y los  ochenta y la resurrección artística con Derek Trucks, Warren Haynes y el fallecido Allen Woody culminada con un disco absolutamente magistral, el fantástico Hittin’ the Note, publicado a principios del nuevo siglo.

Desde la redacción rutera  hemos decidido dedicarles este pequeño homenaje en su despedida. Un puñado de textos escritos por algunos de nuestros colaboradores más afines a la causa. Cierra esta primera tanda de escritos uno de nuestros directores, Alfred Crespo. 

Ah, los Allman… Imposible olvidar la primera vez que te enfrentas a uno de sus discos, y la sensación que este hecho provoca, sea de adicción inmediata o rechazo absoluto. Compañeros de Ruta 66 ya han pasado por esta sección, centrada en una visión personal de cómo se vive la inmersión en las canciones y el espíritu de una banda que perdió demasiado pronto a uno de los dos hermanos titulares, y que ha ido mutando de formación girando siempre sobre un eje fundamental, un eje llamado Gregg.

¿Se trata, por lo tanto, de resumir cómo entraste en contacto con su música y cómo te ha afectado? Les descubrí en casa del primo hippie de mi mejor amigo, y no fue un trago fácil para unos chavales de trece años: la brutal fusión de rock, blues y desarrollos jazzísticos contenida en el fundamental Live at the Fillmore East puede superarte fácilmente. Me apabulló de entrada, pero sembró la curiosidad y resultó el inicio de una adicción difícilmente superable. Pero, lo reconozco, me impresionó más la portada que los dos plásticos. Mi amigo y yo queríamos montar nuestra banda de rock (¿quién no ha querido montar una banda de rock?), y la instantánea de esos peludos apoyados en su enorme equipo de gira nos provocó una envidia considerable. Nosotros teníamos una (una) guitarra coreana, comprada a medias, e imaginar poseer el material oculto en esas voluminosas fundas provocaba sueños húmedos…

Naturalmente, jamás llegamos a nada, ni a disponer de un equipo parecido. Pero mi obsesión de entonces siguió aletargada en el subconsciente, y despertó muchos años más tarde, coincidiendo con el anuncio del concierto en el Apolo de Barcelona de Gov’t Mule. Vale, no eran los Allman, pero ahí estaban ese fiera de la guitarra llamado Warren Haynes y el excelso Matt Abs a los timbales. Moví hilos… y acabé trabajando, junto con tres amigos,  en la carga y descarga de su material. Que no era poco, ni poco pesado. Pero fue un gustazo acarrear sus amplificadores, subir al escenario la Gibson de Haynes y ayudar a montar la batería de Matt, unos tipos, por cierto, realmente encantadores. Nos reímos un rato cuando Warren nos comentó que aprenderse el repertorio de los Allman Brothers no era difícil… comparado con memorizar el enorme listado de canciones de Grateful Dead (el muy bestia compaginaba las actuaciones de las tres bandas). Y, por unas horas, tuvimos un punto de conexión místico con esa fotografía en blanco y negro disparada junto al Fillmore.

Alfred Crespo

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