Discomático — 8 enero, 2015 at 17:18

Oscar Avendaño y Los Profesionales, Demasiado Oro

oscar

Vamos tarde, lo sé. Este disco salió hace un año por estas mismas fechas. Y pese a que nuestra obligación es estar al quite, cazar al vuelo y dar fe de las novedades que valgan la pena, ¿para qué hablar de discos malos cuando hay tantos buenos?, es imposible abarcarlo todo ante el altísimo ritmo de ediciones discográficas que presenta la actualidad.

Seré sincero, llegué hasta Demasiado Oro (su segundo lanzamiento) como se suele llegar a estas grabaciones “perdidas”: un amigo me lo recomendó con el consabido soniquete final, “esto te va a gustar”. Recuerdo recibir muy buenas sensaciones tras haberle dado una primera escucha en su bandcamp pero el día a día se te come de tal manera que acaba inventariado en la letra O. La O de olvido, por supuesto. Hasta que otro amigo, unos meses después, se presenta al lugar donde habíamos quedado con una copia de regalo.

Ya no había escapatoria posible y, regresando a la sinceridad, escribiré que es un disco que parece cortado a la medida de un servidor. Desde entonces ha sonado muchas veces en casa y lo hará muchas veces más. Sus canciones están hechas de rocanrol. Vaya obviedad, dirán algunos lectores, si y no, seguro que unos cuantos de ustedes me habrán entendido perfectamente cuando hayan leído esa frase. Dentro de esa galleta, y fuera, que el envoltorio ya da pistas, se esconden las claves de una forma de vivir, si, vivir, el rock que nunca, y creo ser justo al decir nunca tras tanto tiempo, morirá.  En su interior habita el espíritu de las gafas de rock que cantaban Burning, de los años en que las bandas se enceraban en una mansión para parir discos como Exile on Main Street, de ese componente romántico y nacido para perder que tanto molaba, del borrachín hedonismo lleno de inocencia e ilusión que llevaban al escenario tipos pegados a una botella como Rod Stewart, Ron Wood o Steve Marriott. Señuelo de primera para todos aquellos que tenemos clavadas en el corazón las flechas de esos Cupidos.

El bajista de Siniestro Total, milita desde principios de siglo en el combo vigués,  se hace acompañar por escuderos de lujo, entre Los Profesionales hay gente de peso en la escena gallega, para hacernos rocanrolear a gusto, «Siéntate y Mira», «Perdí mis Gafas de Sol», dejar volar baladas que rascan el alma, «Las Ruinas», «La Pecera», y  tirar con bala medios tiempos que tocan la fibra, «El Suelo, Otra Vez». Presten atención a las letras, hay realidad cotidiana camuflada entre ripios de nivel, sentido del humor y cargas de profundidad emocional.  Disfruten, si no lo han hecho ya,  de un trabajo que aparentemente nos puede hacer pensar en el pasado pero que posee al mismo tiempo toda la validez del presente. No hay sorpresas, rocanrol de siempre, pero lejos, muy lejos, del olor a naftalina.

Manel Celeiro

 

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