Rutas Inéditas — 4 agosto, 2014 at 19:38

Whitesnake Old School…

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Claro y sin rodeos. Vamos directamente al grano. Mis Whitesnake son aquellos que van desde Trouble (1978), pese a que era más un álbum en solitario de David que otra cosa, hasta el Slide It In (1984). Durante esos años eran un grupo  con un sonido perfectamente reconocible y les sobraba algo que es muy difícil de conseguir. Personalidad peculiar. Carácter distintivo. Identidad propia. Metidos en el saco del metal, como otras muchas formaciones de la época, la serpiente blanca era una máquina imparable de fabricar canciones pegadizas como pocas. Salpicadas de estribillos pegajosos y euforizantes aquellas composiciones se alimentaban de la mejor música negra, el blues y el soul, circundándola entre guitarrazos hard rock de primera división.

Y poseían un directo de una fuerza arrolladora, con el machote al frente chorreando testosterona y magnetismo escénico, gracias a una banda a la que nunca se le han rendido los honores que merecieron. Dejando de lado el tándem batería / teclados, a cargo de dos maestros consumados como Paice (sin olvidar la buena labor de Dowle) y Lord, la dupla guitarrera, dos viejos zorros de la escena británica, era de aquellas que logran adornar cualquier tema. Sin una exhibición de más, sin una nota de menos. Y Neil Murray al bajo, un percutir cálido en las cuatro cuerdas, un colchón preciso y cómodo para todos los demás.

Luego todo cambió. No sé quién es el culpable de que a David le pudiera el sueño americano. Puede que fuera un mánager avispado o bien él mismo. Se tiñó el pelo de rubio, largó a esos músicos buenísimos pero poco aptos para los cánones estéticos del mercado yanqui por aquellos días, metalizó el sonido y se lanzó a la conquista de América. Decisión correcta a todas luces dado el éxito obtenido e, imagino, los números de su cuenta corriente. No digo que los Snake de 1987 en adelante sean una mala banda. Ni mucho menos. Pero eran otra banda diferente. Con la misma imagen y el mismo sonido que otros muchos cientos que pululaban, con mejor o peor suerte, por Sunset Boulevard o el Rainbow Bar & Grill.

No seré yo quien me crea en posesión de la verdad y sé positivamente que muchos de los que leerán este texto  alabaran las virtudes de esa encarnación angelina, de mechas, coches caros y top models, de Whitesnake. Pero un servidor, en su corazoncito rockero, siempre tendrá un rincón para los Snake Old School. Los de mostachos frondosos, sombreros y chalecos. Los que cantaban blues envueltos en el fuego del soul y la energía de la guitarras. Una rock & roll band de verdad.

Manel Celeiro

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