Discomático — 28 abril, 2014 at 18:34

Rory Kelly, Los reyes nunca duermen…

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El guitarrista de Carolina del Norte rozó con la punta de los dedos el éxito  junto a Crank County Daredevils. Un combo de sleaze hard rock muy influenciado por el punk que levantó bastante revuelo pero que pronto quedó en el olvido. No corrían, ni corren, buenos tiempos en la actualidad para ese género musical que arrasó L.A.  (y el mundo entero) durante buena parte de  los ochenta. Tras esa aventura se alió de nuevo con su progenitor, el batería Mike Kelly (con quien se había fogueado tocando versiones por los bares de su lugar de procedencia), y bajo el epígrafe de Rory Kelly Triple Threat se metió de lleno en un sonido sureño muy influenciado por el blues y con cierto sabor vaquero.

Ni Get Me Back To You ni su sucesor Don’t Shake My Family Tree eran discos muy elaborados. Parecían más una simple coartada para girar que trabajos discográficos planteados seriamente y con profundidad. Pero le sirvieron para hacerse un hueco en el circuito de clubes bikers de su país e incluso para llegar hasta nuestras tierras, protagonizando una extensa gira española en el 2012.

Kings Never Sleep es otra cosa. La primera escucha no contribuye a observar una gran diferencia con sus antecesores. Quizás por el estilo de producción que le gusta a Rory pero conforme se van sucediendo las pasadas por el reproductor se puede apreciar que esta grabación va mucho más en serio. Que contiene mejores canciones y una más amplia variedad de registros. Hay riffs grasientos marca de la casa, punteos afilados y una base rítmica compacta y sólida. Pero también composiciones más cuidadas, «Black Widow»,  pepinazos que rememoran su anterior militancia hard rockera («Walking Wounded», «Hittin’ The Botton», «Look Away»), blues rock, «Menace to Society», y  hasta country montañés, «Wouldn’t Listen». Temas cortos que no se van por las ramas y que sospecho que sonarán mucho mejor en vivo. No en vano el trío vive de manera casi perenne en la carretera.

Lástima que no acabe de redondear del todo al grabación con dos números con poca substancia. Una versión del clásico «16 Tons» que no aporta nada más que un solo de digitación vertiginosa y una oscura pieza instrumental, «Hasta La Muerta», poco adecuada en mi opinión para cerrar el disco.

Pese a estos dos últimos peros este compacto es un notable paso adelante si lo cotejamos con sus obras anteriores. Pronto vuelve de gira, territorio abonado para comprobarlo.

Manel Celeiro

 

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