Encuentros — 27 septiembre, 2013 at 17:03

Pat Travers. Nunca más le veremos enfadado.

Pat-Travers

Se ilusionan el público y los escribas que han tenido acceso a Can Do, la nueva obra de Pat Travers. Personalmente me alegro de que el guitarrista y cantante canadiense vuelva a formar parte de una disquera con cara y ojos como es el caso de Frontiers Records. Porque aún siendo un trabajo más que correcto, Can Do no ofrece más de lo que ofreció PT=MC2 (2005): suena fresco, la voz de Pat sigue firme una vez recuperada la textura original que se había extraviado a finales de los ochenta por culpa del alcohol, y hay algunos solos de guitarra más que destacables. Las canciones en sí, habrá que dejar pasar el tiempo para ver si aguantan o no en su cancionero. La otra noticia excitante para sus fans hispanos es su vuelta a nuestros escenarios, concretamente al del Festival Serie Z de Cádiz. Si no recuerdo mal, será la primera vez que lo haga desde que actuara en la Sala Bikini de Barcelona hace nueve años. Pat Travers es de esos artistas que en vivo siempre son una garantía.

Tienes nuevo álbum y la reacción, tanto de la prensa como de gran parte de los fans, está siendo entusiasta.

Está siendo genial. De hecho, si te soy sincero, es la primera vez en toda mi vida en la que todas las críticas están siendo positivas. De veras, no he leído una sola mala crítica, y lo sé porque intento leer tantas como puedo. Lo que ha pasado con este disco… Intenté hacer un álbum parecido en 2008, algo que fuese un gran trabajo, pero las cosas se pusieron muy feas y al final me sentí muy decepcionado con la compañía y con el modo en que fue promocionado. Así que esperé a otra oportunidad de hacer un gran disco y llegó el trato con Frontiers Records. Ellos llegaron hasta mí, pero me pidieron si podía hacer algo parecido a lo que había hecho en mis primeros trabajos. No tenía ni idea de si podía hacer eso, pero les dije que sí. A veces hay que ser un poco mentiroso. Pero al final acabé trabajando en el estudio tanto tiempo como quise y me sentí lo suficientemente cómodo para crear algo de lo que estoy orgulloso. Íbamos y pasábamos tres o cuatro días, luego salía un concierto y lo hacíamos; cuando volvía al estudio retocaba y cambiaba ideas, pero así es como mejor trabajo, cuando estoy relajado. El proceso duró cinco meses: de mayo a diciembre del año pasado. Al final llegué con grandes canciones, las interpretaciones de todos los músicos involucrados son fabulosas, y la producción es muy buena también.

No se si has tenido un gran presupuesto para el álbum, aunque Frontiers es una buena compañía en su genero. Pero cada vez son más los artistas que graban en casa enfrente de una computadora.

Y también es una manera genial de hacerlo. Especialmente para los artistas jóvenes, porque pueden grabar de forma económica, colgar sus canciones en youtube, y con suerte, esperar que miles de personas oigan su música. Para eso no necesitas a una compañía discográfica. Lo que yo quiero, por otra parte, es hacer un disco que se pueda oír en todo el mundo, no solo a través de un canal. Y Frontiers, en ese sentido, distribuyen al mundo entero. Tienen departamentos de promoción en todos los países y eso es algo con lo que no puedes competir si lo haces por tu cuenta. Pero para la gente joven está bien que puedan vender sus propios cd’s, su propio merchandising, etc. Aunque si recibes la llamada de una gran compañía debes tener un sí por respuesta.

Volviendo al álbum, creo que en «Long Time Gone» y el tema título es donde mejor has captado la esencia de tus primeras obras.

El otro día ensayamos por primera vez «Long Time Gone» para incluirla en los repertorios y sonó muy bien. «Can Do» ya la hemos hecho y la reacción de la audiencia es muy buena. Te reconforta cuando aplauden una nueva canción.

Este es tu álbum numero 21 o 22…

Creo que probablemente incluso más.

Discos de estudio, no directos, y sin contar tampoco los que hiciste con Carmine Appice.

Yo diría que al menos he grabado 30 álbumes, pero puede que tengas razón.

¿Cuando emigraste de Toronto al Reino Unido en los setenta esperabas tener una carrera tan larga?

No, no tenía ni idea de si algún día lograría grabar más de un disco. La verdad, cuando cumplí veintiún años pensé que abandonaría la música a los treinta. Afortunadamente eso no ha pasado. Estoy feliz con mi trabajo: toco para la gente y sigo creando nueva música. Soy afortunado, siempre hay alguien que me dice lo grande que soy, o cosas por el estilo. Y aunque hay que separar la euforia del punto intermedio, creo que es maravilloso.

Yo fui feliz cuando te vi en un escenario por primera vez. Pero me reconforta que tú también lo seas ahora, porque no lo parecías entonces.

Tuve algunos problemas con el alcohol a principios de los noventa. Aunque puede que en el 95 ya estuviese sobrio. En fin, tuve muchos problemas a principios de esa década, las cosas no funcionaban, y se tomaron muchas decisiones erróneas que no hacían más que hundirme. Créeme, yo soy el único culpable de algunas de esas decisiones. También me llevó mucho tiempo rodearme de un grupo de personas con el que estuviese cómodo, cosa que sí sucede ahora. Nunca me verás enfadado de nuevo.

¿Crees que este álbum puede hacer frente a Makin’ Magic o a Crash And Burn?

Hay un punto de unión, esos discos los hice con tiempo, y pude experimentar mucho en el estudio. Salieron cosas maravillosas de todas las horas que pasé creando esos trabajos. Por ejemplo, creo que Putting It Straight carece de la experimentación de Makin’ Magic, también porque era un novato, pero seguramente porque trabajé en el sitio adecuado con la gente adecuada. Sucedió lo mismo con Heat In The Street, porque a la banda habían llegado Tommy Aldridge y Pat Thrall y la dimensión del sonido tomó un camino diferente y excitante. Cuando grabamos Crash And Burn la banda estaba muy rodaba y no tuve que preocuparme más que de mí mismo y de mi sonido.

¿Qué tipo de público te sigue en USA?
Pues es muy guay, porque al margen de los antiguos seguidores, veo a mucha gente joven. Hoy me ha entrevistado una chica desde Cleveland, Ohio, y antes de finalizar la conversación me dice que era fan de mi música desde –yo esperaba que me dijera 1979– el año 2008. Parece que a la gente joven le sigue pareciendo una propuesta fresca.

 Me sorprendió agradablemente escuchar «Snortin’ Whiskey» en el largometraje Entre Copas.

A mi esposa y a mí nos informaron de que esa canción aparecería en la película. Y cuando se estrenó en Estados Unidos, la verdad, no fue un gran éxito comercial, pues se estreno solo en salas especializadas para gente cinéfila. De cualquier modo, estábamos viendo la película y pensábamos que de ninguna manera aparecería mi canción, no encajaba por ningún lado. Hasta que llegó la escena más perturbadora, y ahí estaba sonando. “Oh, Dios mío”, pensé, pero por otro lado es muy chulo que apareciese.

Recuerdo alzar los brazos en el cine cuando sonó la canción. Fue muy excitante.

Oh si, precisamente en la escena en la que el protagonista tiene que recuperar la cartera de su amigo, mientras la chica con la que este se ha acostado está follando con su marido. Yo también me lo pasé en grande.

En el mes de febrero formarás parte de un festival itinerante a bordo de un crucero. Parece que es un formato que está funcionando mucho en América.

La verdad es que lo paso en grande, porque ya lo he hecho en otras ocasiones. Vas con toda la familia, ves a los fans en el restaurante, tocas de forma relajada aún con la misma intensidad… Me parece una gran idea que debería transportarse a Europa.

Sé que eres un gran fan de Aerosmith y en algunos de tus momentos memorables de los setenta  compartiste cartel con ellos. ¿Qué opinión te merecen hoy en día?

Creo que Steven Tyler sigue estando en una forma envidiable, pero también creo que debiera haber abandonado esa banda hace años. O al menos haber tocado con gente diferente. Pero sin ellos no puede ganar dinero, lo cual lo transforma en una situación extraña. Debería estar con gente que le empujase, que le diese una patada en el culo cuando lo necesita y no con esos músicos que se rodea desde hace tanto tiempo. Pero es mi opinión. Están haciendo una fortuna, así que ¿a quien le importa? Ya no son una banda de rock, son un dibujo animado.

 

SERGIO MARTOS

 

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