Vivos — 12 Diciembre, 2012 at 9:09

The Hives

Razzmatazz, Barcelona

“Señores y señoritas, somos los Hives”. Con un macarrónico castellano, Pelle Almqvist ejerció de maestro de ceremonias, trajeados y con su sombrero de bombín, con unos ninjas como ayudantes para montar y desmontar el escenario, ellos son la viva imagen del desenfreno, motivados por unas canciones que una tras otra son hitazos monumentales (¿cuántas bandas pueden reunir un arsenal de temas semejante?), con una ristra de estribillos a su favor y muy pegadizos, con un ritmo que es endiablado, y una originalidad a prueba de bombas.

 

 

Con ese esperado «Come On!» dieron un triple salto mortal, pusieron a la gente como loca, y a partir de ahí un auténtico festín, o cómo el rock n´roll en una de sus formas debería ser concebido como una diversión, como un gran espectáculo. «Main Offenfer» y «Hate To Say I Told You So» como recuerdo de sus primeros éxitos, las piezas de Lex Hives como respuesta a quienes creen que ya no ofrecen buenos discos. Una mentira como otra cualquiera, escuchando «Go Right Ahead» o «Wait A Minute» se borra esa ofensa de inmediato. “Abra Cadaver” funcionó como prueba de cómo ellos fueron capaces de reinventarse en Tyronnosaurus Hives, y al final sonó «Tick Tick Boom», otra bomba de relojería, otra demostración de poder de una banda necesaria y que va haciendo más grande su propia bola, el ejemplo de que el rock como evasión debería ser tratado en consultas dónde los psicólogos -en mi caso debo decir que la Doctora Melfi de turno desempeñó muy bien su papel- intentan levantar la moral de pacientes que están hundidos en la miseria. Comprarles una entrada de The Hives sería un ejercicio brutal para ellos. Les saldría más barato que una sesión de terapia.

 

TEXTO: TONI CASTARNADO

FOTO: XAVI MERCADER

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