Papel — 24 abril, 2012 at 0:00

Francoise (Chéne)

Delicioso el volumen, principalmente fotográfico, con el que Périer y Françoise Hardy han documentado su relación, personal y profesional. Périer, fotógrafo y director, hombre clave en la escena del ye-yé francés, firma habitual en las páginas de la seminal Salut les Copains, que publicó muchas de sus instantáneas dedicadas a los músicos de la época, conoce a la Hardy en el arranque de su carrera.

 

 

Aparte de fotografiarla con profusión, inicia con ella una relación sentimental que duraría años. Es su historia, gráfica pero no solo, la que contiene este libro, lleno de material inédito de extraordinario valor. Fotogénica como pocas, todo un icono en la moda de la época, asistimos a su evolución estética y como artista, en reportajes promocionales, en casa —incluso aplicada a tareas domésticas—, en el escenario e interactuando con otros protagonistas de su época (Stones, Dalí, Dutronc, Vartan…). Todos los rostros de la diva, desde su perfil casi infantil hasta la versión más resuelta y sofisticada —vestida de Rabanne—, tienen reflejo en el libro, que igualmente muestra el relax que transmitía haciendo canciones con su acústica en cualquier rincón o esa faceta más distante que cultivó a medida que la década avanzaba, y su relación con Périer se iba enfriando. Apéndice de una exposición que se ha podido ver en París, es una joyita para todos los amantes de los sesenta. Con texto en francés, pero accesible con sólo unas pequeñas nociones del idioma, resulta un gadget irresistible.

EDUARDO RANEDO

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