Artículos — 19 marzo, 2012 at 19:59

Los caprichos de Marc Ford


La leyenda del patito feo. En este caso, el cuervo feo. El alienado. El músico que se separa de la banda en la que se ha hecho famoso y que parece que nunca volverá a ser nadie en el mundo del rock. No fue la primera deserción en el nido de los cuervos, pero sí la más relevante. Estaba destinado a hacer algo grande desde que pasó a formar parte de los Black Crowes, tras su paso por los legendarios Burning Tree. Pero las drogas y el alcohol, junto al genio de los hermanos Robinson, le jugaron una mala pasada.  En 1997, Marc Ford abandonaba el grupo y se lanzaba a una irregular carrera en solitario. El angelino nunca ha parecido superar del todo su separación obligada de la que había sido la banda de su vida, y desde su debut en solitario en 2002 con It’s About Time, siempre se ha tenido la impresión de que le faltaba subir un escalón para llevarse el premio gordo. Una sensación diametralmente opuesta a lo que pasa con sus producciones. De grupos encumbrados y otros que no lo son tanto. Marc Ford tiene buen gusto y sus caprichos musicales son una buena muestra de ello.

 

 

 

Son muchos los discos en los que Marc Ford ha intervenido como productor, sobre todo desde su alejamiento de los hermanos Robinson. Por eso, y dado que no hay espacio para todos, servidor se ha dedicado a reunir en este artículo aquellos que, de manera subjetiva, me parecen más destacados. No sé si son los mejores. Tampoco si son los más famosos. Pero al menos son los que, por un motivo u otro, encuentro más destacables. Juzguen ustedes mismos.

El 2 de octubre de 2007 se pone a la venta Mescalito, el primer disco para una major de Ryan Bingham. En la promoción reza una frase extraída del Texas Music Magazine. “Bingham canta con la voz cargada de whisky y cigarrillos. A sus veinte pocos años suena como un Tom Waits de 50”. A su lado un “Producido por Marc Ford”. Muchos fueron los que se acercaron al primer disco de Bingham atraídos por el nombre de su productor para descubrir así a un artista soberbio, impactante. Con un disco en el que Ford sabe adaptarse perfectamente a las necesidades de un debutante que factura un álbum que, a día de hoy, se nos antoja difícil que llegue a superar. Por algo Rolling Stone escribió sobre este debut que “el sepia de la portada define el polvo de la madera y el sonido del acero. A pesar de tener 25 años canta como el padre de Steve Earle”.

En 2008 Ford se desquita de una desilusionante gira con The Steepwater Band, en la que aparece permanentemente en estado de embriaguez, para producirles su entonces nuevo disco Grace & Melody. El ex cuervo consigue dotar al trío de Chicago de un mayor empaque y sus aportaciones aparecen esplendorosas en uno de los mejores álbums del grupo hasta el momento. Objetivo cumplido.

La penúltima parada por los caprichos de Marc Ford nos lleva a Jonny Burke. “Como un Chuck Berry acelerado que disfrutarían orgullosos los New York Dolls, y con la resignación poética de John Prine…” (Hybrid Magazine) ¿Qué más se puede decir? Distance And Fortune es un álbum enorme en el que su deja ver una querencia por sonidos stonianos y el haber mamado de bandas como los Georgia Satellites de Dan Baird. Burke es un tejano trasladado al sur de California, lugar en el que se cruzará con Ford que ya no le dejará escapar. Ya saben, produced by y de lo mejor del año pasado.

La última muesca en su rifle es, si cabe, la más sorprendente. Ford es capaz de poner su ojo avizor en una banda de Bristol, Inglaterra. Phantom Limb. Así responden. Lo suyo es el country soul, y Marc Ford les acaba de producir su reciente The Pines. La voz de Yolanda Quartey define una banda que camina sin rubor por el r&b y el country soul de altos quilates. Son una delicia. Ford lo sabe y consigue además dejar su huella allí. Es su último capricho. El último cartucho. De momento. Algo debe haber en la recámara. Porque visto lo visto, necesitamos y esperamos  que haya más. Sería para todos una buena noticia.

 

Eduardo Izquierdo

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