Encuentros — 27 abril, 2011 at 0:00

Ainara Legardon, retorno a la vida ¡¡¡Exclusiva Web!!!

No han transcurrido ni dos años para que Ainara Legardon ofrezca la nueva entrega discográfica a Forgive Me If I Don’t Come Home To Sleep Tonight (Aloud Music, 2009), un período de tiempo breve y extraño en estos tiempos que corren. Pero no hay que ver We Once Wished (Aloud Music, 2011) como una continuación o una negación de su predecesor sino como un álbum que, en su certera media hora, ilustra con pequeños trazos una hipotética historia de amor y desamor. Más activa que nunca y con un futuro en el que parecen dibujarse multitud de proyectos, Ainara nos proporciona de primera mano las claves del disco. 

Pese a tardar bastante tiempo en grabar el disco anterior, el período transcurrido entre aquel y este ha sido mucho menor. ¿Por qué? ¿Es quizá un intento de huir de un repertorio y unas canciones que resultan mucho más duras que estas?

Los años del 2006 al 2009 fueron años de sequía artística y personal. Por eso tardé tanto en componer y grabar el disco anterior. El 2010, en cambio, supuso una renovación en cuanto a mi manera de encarar la vida, y encontré la inspiración fácil y rápidamente. Sentí la urgencia de grabar las nuevas canciones, y en menos de un año desde el Forgive Me, ya estaba asomando la cabeza We Once Wished.

En una entrevista hablas de que este disco está basado en, por así decirlo, un sentimiento más positivo que otros álbumes tuyos. Sin embargo, el tono sigue siendo oscuro y tortuoso. ¿Has pensado alguna vez en componer canciones más “soleadas”, o directamente crees que no te funcionaría?

Todo lo que no brote de manera natural ahora mismo no me interesa. En estos momentos huyo de lo artificial. Lo que hago es lo que surge sin forzar nada. Quizá dentro de un tiempo, lo que brote sea algo diferente, y cuando eso ocurra será igual de válido para mí. O a lo mejor en un futuro considero interesante experimentar forzando situaciones, ¿quién sabe? Mientras tanto, esto es lo que hay.

Todas las canciones del disco están estructuradas como una conversación entre un “tú” y un “yo”, salvo «Before Waking Up», en tercera persona. ¿Es el disco la historia de la relación entre ese “tú” y ese “yo?

Así es, exceptuando «Before Waking Up», «I Am» (que contiene un sentimiento de culpa más acorde con el disco anterior y que originalmente fue grabada en formato acústico para ese disco, aunque finalmente quedó fuera) y «We Once Wished» (en la que me dirijo a un “tú” diferente al del resto, pero cuyo mensaje es muy similar) todas las demás describen la relación entre ese “tú” y ese “yo”.

Hay diversos fragmentos de letras que se repiten a lo largo del disco: el “behind the door” de «Hugs That Won’t Last» reaparece en «Evil Eyes», el “you gave me” inicial vuelve a recuperarse también en «Evil Eyes», etc… ¿Es una forma de mantener la continuidad o son frases recurrentes que se adaptan a lo que quieres contar?

Esto es algo con lo que juego en todos mis discos, incluso entre un disco y otro. Es lógico que si la mayoría de las letras hablan de una misma historia, se repitan ideas que por cualquier razón haya considerado que no se han terminado de desarrollar del todo.

Ocurre en los ejemplos que has puesto, en «I Left» con la frase “I don´t wanna sleep at home tonight” haciendo clara referencia al título del anterior disco, y como digo, en otros trabajos anteriores (me viene a la cabeza la conexión entre «Real» y «Without» de Each Day a Lie, por ejemplo). El que una idea reaparezca una y otra vez tiene que ver con la continuidad y el desarrollo de la misma.

Un personaje de Alta Fidelidad se preguntaba si escuchaba pop porque estaba deprimido, o si estaba deprimido porque escuchaba pop. Adaptando la pregunta, ¿necesitas hacer música para exorcizar determinados sentimientos, o necesitas dichos sentimientos como material de origen para las canciones?

Nadie me había preguntado esto hasta ahora, aunque reconozco que alguna vez le he dado vueltas al asunto. Creo que ambas afirmaciones son correctas. Desde luego, necesito vivir y experimentar ciertas sensaciones que posteriormente dan origen a mi música. Estas vivencias, en mi caso, son el germen necesario para componer, y por tanto para seguir sintiéndome viva. Por otro lado, se convierten en experiencias tan intensas que necesito exorcizarlas de la mejor manera en la que sé hacerlo, que es escribiendo canciones. Si no lo hiciera, supongo que necesitaría otras formas de terapia.

Sufriste una lesión de espalda que te hizo cancelar todos tus compromisos musicales. ¿Retomaste la música con más ganas cuando volviste, significó algo ese descanso? Neil Young precisamente grabó Harvest mientras se recuperaba de una lesión de espalda.

Como digo, el 2010 ha sido un año en el que he deseado (y creo que lo he conseguido) recuperar el tiempo perdido. Y este 2011 está lleno de nuevos proyectos y de nuevas experiencias en lo artístico que me están enseñando mucho a todos los niveles. Se puede decir que no sólo he retomado con más ganas la música, sino la vida en general.

 El grunge ha sido tu mayor y gran influencia a lo largo de tu carrera. En ese sentido, ¿crees que, como se dice, la música a la que realmente uno vuelve de continuo es la música que descubrió durante la adolescencia, o has intentado introducir otras referencias con el paso de los años?

Bueno, yo no diría que el grunge haya sido mi mayor influencia a lo largo de mi carrera. Ni siquiera es la música que descubrí en la adolescencia. Me pilló ya saliendo de ella. En la infancia escuché mucha Creedence, mucho Beatles… En mi adolescencia, con 13 o 14 años, lo que escuchaba era principalmente The Cure, Bauhaus, Fields of the Nephilim, Sisters of Mercy y similares. Luego me dio por el tecno industrial y tuve mi etapa Nitzer Ebb y Front 242, que coincidió con la época en la que comencé a hacer música y a tocar en directo, a los 14 años. Depeche Mode fue otro de los grupos que estuvo presente en esa época. Después llegó Sonic Youth, Nirvana, y un poco más tarde Pearl Jam, Soundgarden, Mudhoney, Screaming Trees, Afghan Whigs, etc… Entre tanto, con 18 años, compaginaba aún Jane´s Addiction con The Chameleons, ya ves…

Y después ya entré en el universo Neil Young, en el blues, de puntillas en el hardcore, tuve mi época Neurosis, Converge, Breach, Snapcase, etc… Y ahora estoy metida en la música improvisada. Diversidad y variedad, como ves. Prejuicios y vergüenza cero.

Aunque tu música sea intimista, eres ante todo una artista rock en pleno derecho, sin folk, indie ni nada delante. ¿Hay algún tipo de “orgullo rock” que percibas que se está perdiendo, eso de tocar guitarras y gritar frente a la calma de los cantautores?

Con una guitarra acústica y susurrando también se puede gritar muy alto. Y al revés, ya puedes tener kilos de distorsión y una pose brutal, que si no encuentras nada interesante que comunicar ni consigues dar con la forma de hacerlo, ese “orgullo” del que hablas no sirve para nada. El único orgullo que sirve para algo es el de ser honesto con uno mismo, hagas rock o polka. Ése es el principio para encontrar el propio camino y la manera singular de transmitir el mensaje, que es de lo que se trata.

Últimamente, parece haberse puesto de moda categorizar a las “chicas” como parte de la escena musical, incluso para relacionar artistas que no tenéis nada en común. ¿Te resulta molesto?

Más por la repetición de este hecho que por el hecho en sí. Quizá molestar no sea la palabra. Cansar, sí.

En ese sentido, ¿te sientes pionera de alguna forma de un tipo de música y escena que ha dado en España otras artistas semejantes como Maika Makovski o Marina Gallardo?

Bueno, tú mismo estás forzando la semejanza entre dos artistas que considero que no tienen nada que ver entre sí, y tampoco conmigo.

No me siento pionera de nada. Escucho In the Mirror y pienso lo bonito que fue sacar ese disco en el 2003, lo especial que fue hacerlo entonces, pero de ahí a sentirme pionera de un tipo de música o de una escena, va un mundo…

Cuentas con tu propia discográfica y estudio de grabación (aunque portátil), que supongo que dará unas cuantas alegrías al permitirte editarte, grabarte, etc., ¿pero es también una carga en ocasiones?

Es una carga que se lleva con mucho gusto. Además, no estoy sola. Como decían en La Bola de Cristal: “Solo no puedes. Con amigos, sí”.

 
Texto: Héctor G. Barnes
Foto: Álvaro Sanz

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