Encuentros — 23 marzo, 2011 at 0:00

Joe Henry, La delgadez de la moneda

Probablemente te suene su nombre como productor en recientes grabaciones maestras de Solomon Burke, Bettye LaVette o Costello & Toussaint. Ahora busca los discos a su nombre. Sólo para paladares cultivados. A la carrera del Joe Henry autor no es circunstancial llegar por accidente. Como también sucede con sus ilustres colegas Daniel Lanois y T-Bone Burnett, sus abrumadores méritos como productor (Don’t Give Up On Me de Solomon Burke, I’ve Got My Own Hell to Raise de Bettye LaVette; The River in Reverse de Elvis Costello y Allen Toussaint) eclipsan demasiado a menudo una trayectoria como intérprete que, en el caso del caballero de South Pasadena, alcanza ya las diez rodanchas. Civilians, disco del mes en Ruta 245, parte final de lo que, junto a Scar (2001) y Tiny Voices (2003) se podría articular como una sobria y elegante trilogía, se reduce para algunos a engendro vanidoso de un recién laureado productor, aunque Henry, dale que te pego, lleve ya con ello más de veinte años y haya dado fulminantemente en el clavo en varias ocasiones.

 

 

 “No hace falta preocuparse demasiado —nos cuenta, sin embargo, desde el mismo estudio casero donde, entre sorbo y sorbo de café, grabó Civilians con Bill Frisell, Greg Leisz, Van Dyke Parks y otros maníacos de las cosas bien hechas-. Al fin y al cabo, ser productor y artista son dos caras de una misma moneda. Y, créeme, ésa moneda es muy delgada”.

¿Qué importancia tienen para Civilians las magníficas instantáneas que incluyes en el libreto del disco?

Si oyes «Civil War» o «Time Is a Lion» quizá puedas observar que son dos canciones que captan ‘’el sonido’’ de esas fotos. Justo antes de empezar a grabar el disco, mi buen amigo Loudon Wainwright (para quién, también el año pasado, Henry produjo Strange Weirdos, ndr) me regaló un libro con esas fotografías de John Cohen, que me pillaron por completo. Ese libro estaba siempre en una mesa del estudio, y no tardé en comprender que Civilians debía sonar como esas fotos. Nunca se me pasaría por la cabeza pedirle a un músico que emule a otro músico, o que intente atrapar el sonido de un determinado disco. Es más eficiente, evocativo y seductor animarle a ver una película en concreto o, como fue el caso, un puñado de fotografías de John Cohen.

La portada es preciosa.

Vi inmediatamente que ésa era la fotografía que tendría que estar en ella. Quien aparece es Mary, la esposa de Robert Frank (cineasta y fotógrafo estadounidense; autor, por ejemplo, de Cocksucker Blues, documental sobre las correrías de los Rolling Stones en su gira de 1972, ndr), dirigiéndose en carruaje a lo que podría ser una boda pero también un funeral.

¿Das por válida la convicción de que en Civilians has dado de lleno con el sonido que andas buscando desde hace ya algún tiempo?

Si realmente estoy buscando, disco tras disco, un sonido especial para mí, no me doy cuenta de ello, aunque sí que me esfuerzo en hallar algo específico para cada álbum. Para Civilians tenía claro que quería un sonido suficientemente oxigenado, extraño y contenido como para que las canciones tuvieran pleno sentido. Pero con el disco anterior, Tiny Voices, con canciones que también requerían una atmósfera especial, fue el mismo proceso.

 ¿Civilians, por supuesto, no es un disco de jazz, aunque comparte la elegancia que suele tener el jazz. ¿Cuáles son tus vínculos jazzísticos?

Me gusta rodearme de músicos de jazz. Suelen tener una libertad y una mentalidad muy diferente a la de los músicos de pop y de rock, que demasiado a menudo se empeñan a direccionar el sonido hacia una única meta. Conozco unos cuantos músicos de rock que solo escuchan música rock. Otros tantos de pop que solo escuchan pop. Y, sin embargo, muchos músicos de jazz abiertos a todo tipo de estilos. Mis discos no giran en absoluto alrededor de un único género, y eso es fácil de asimilar para los músicos de jazz, con quienes es más cómodo mantener un intercambio libre de ideas e indagar hacia dónde es capaz de llegar una canción. El jazz es algo que amo desde la adolescencia.

 En Scar (2001), colaborabas con todo un tótem: Ornette Coleman, a quien incluso dedicabas el trabajo.

A menudo la forma de interpretar una canción en un disco se rige por las mismas decisiones según las cuales se utiliza un determinado efecto de sonido para una película. A veces hay que describir una situación de caos, de tensión, de lo que sea con algo más que las posibilidades melódicas de una canción. En el tema dónde tuve el placer de contar con Ornette («Richard Pryor Addresses a Tearful Nation», que abría el disco, ndr), se trataba de representar como fuera la tristeza de un determinado personaje, su estado de confusión, y Coleman no sólo lo comprendió sino que me regaló de un modo muy bello exactamente lo que yo buscaba. Es gratificante tener a ese hombre andando todavía por ahí…

 ¿Por qué grabar los discos en un corto plazo de cuatro o cinco días y, en el caso concreto de Civilians, en tu propio hogar?

Bueno, mi estudio está ubicado en un espacio grande, con buen sonido, y los músicos casi prefieren ir a mi casa que a un estudio profesional, dónde todo es más anónimo. Y, vaya, que son incapaces de resistirse ante un café estupendo que sirvo de una máquina de expressos realmente especial para mi. Ésa máquina de café tiene un significado realmente especial para mí. Aunque parezca mentira, es el verdadero centro de todo el trabajo que hago en mi estudio. En lo que se refiere a grabar rápido tengo que decir que si se concentra todo en tres, cuatro, cinco días, los músicos se mantienen tremendamente tensos, entregados por completo a las ideas. Si dispones de todo el tiempo del mundo, nada es esencial. Si no das con ello en lo primero, habrá una segunda, tercera y cuarta vez, y eso como regla es fatal. Grabar rápido, pese a los errores, permite alcanzar con más facilidad el corazón de lo que realmente importa.

 ¿Tu cada vez mayor reconocimiento como productor es bueno o malo para tu carrera como intérprete?

Es todo una cuestión de las percepciones que pueda tener el público, o los periodistas. Daniel Lanois, por ejemplo, publicó como artista un único disco en diez años, y produjo… ¿ocho discos?, ¿quince? Es lógico, pues, que a Lanois se le vea más como productor que como intérprete. En mi caso, no considero que haya producido aún tantos discos como para hablar de mi antes que nada como de un productor. Probablemente porqué entre Tiny Voices y Civilians existe un largo periodo de cuatro años, me encontré con la sorpresa que muchos periodistas se referían a mi como un productor metido de repente en lo de hacer un disco por su cuenta, aunque no me importa, todo el trabajo está conectado.

 ¿Cuáles han sido tus discos más difíciles de producir y cuáles los más placenteros?

Es una pregunta delicada. Suele pasar que el mejor disco no sea el más fácil de realizar, del mismo modo que un trabajo exageradamente duro no tiene porqué ser una pesadilla. Trabajé muy, muy, muy duramente con el disco de Elvis Costello y Allen Toussaint, pero ser impresionado por esos dos músicos fue un placer sin límites, incluso en momentos en que estaba absolutamente exhausto. El de Solomon Burke tampoco fue precisamente fácil, pero el disco salió milimétricamente como estaba previsto, y ahora, en retrospectiva, lo veo como algo muy edificante.

 Háblame de Toussaint. ¿Cómo reacciona un productor cuando otro productor mete las narices en su música?

Soy incapaz de imaginarme a Toussaint, sentado, repartiendo consejos como un padre. De él aprendí muchísimo. Ha producido tantos buenos discos que sabe como nadie en qué consiste este trabajo, y respeta como nadie este trabajo. Hice de productor para un productor que sabe de qué va todo ese tinglado mucho mejor que yo, pero me dio coraje e insistió para que yo tomara las riendas.

 ¿De los muchos discos que ha producido Toussaint, cuál es tu predilecto?

Oh, chico, ha hecho tantas joyas… Me fascina From a Whisper to a Scream, aunque Toussaint, sorprendentemente, considera que suena sucio y demasiado lo-fi. Ahora tengo en perspectiva producirle un disco al más puro estilo Nueva Orleans, junto a grandísimos músicos. Estoy tremendamente excitado.

 No me extraña. ¿Otros proyectos?

Hace poco he producido a Rodney Crowell, pero no sé cuándo se publica el álbum. Y tengo en perspectiva dos otras historias que todavía no puedo contarte, unas de las cuáles con una tremenda voz africana, residente en Francia. Todo un reto.

 Me interesaría saber, para finalizar, tu opinión sobre el disco que T-Bone Burnett ha producido a Robert Plant y Alison Krauss, y también si te incluyes entre los que consideran Magic, de Springsteen, un trabajo exageradamente sobreproducido.

El de Springsteen todavía no lo he oído, aunque se perfectamente que ya hace algún tiempo que ha salido. El de Robert y Alison es precioso, hasta el más mínimo detalle está ahí deliberadamente. T-Bone Burnett ha conseguido de lleno lo que yo me propuse para Civilians, que es que la producción sea completamente algo intrínseco en la canción, algo, en el fondo, totalmente invisible.

 

GUILLEM VIDAL

Publicado en Ruta 247, marzo 2008. 

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